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Los padres de Carla Simón murieron por complicaciones relacionadas con el sida —probablemente contraído por el consumo de heroína— cuando la cineasta española tenía apenas seis años. Su recuerdo de ellos es difuso, construido principalmente a partir de las historias que escuchó y de las cartas que su madre escribió a familiares y amigos. “Fue probablemente lo más valioso que tuve de ella”, explica Simón en una reciente videollamada. 

“Sentía que eran muy poéticas y que podía conocerla a través de esas cartas, así que quise hacer algo con ellas”.

Y así nació Romería, su tercer largometraje: una película que transforma esas cartas en el diario de Marina, una huérfana de 18 años interpretada por Llúcia Garcia, en su primer papel cinematográfico. Aunque Romería nace del intento de Simón por reconciliarse con su historia familiar, comprender la experiencia de sus padres y descubrir las circunstancias de sus muertes, no es la primera vez que la directora recurre a su propio pasado como fuente creativa.

En Verano 1993 (2017) exploró la historia de una niña que enfrenta la pérdida repentina de sus padres, mientras que en Alcarràs (2022) volvió la mirada hacia sus raíces rurales. Al inicio de Romería, Marina viaja a Vigo, España, con una videocámara en mano para conocer a sus abuelos paternos, ya que necesita sus firmas para completar una solicitud de beca. Lo que encuentra es un caótico entramado familiar formado por primos, tías y tíos que giran alrededor de una matriarca dominante. Allí comienza a descubrir la verdad sobre sus padres, enfrentándose a emociones intensas mientras intenta separar las historias inventadas de la realidad de su propia herencia.

Para contar esta búsqueda, Simón abraza la incertidumbre y llena los vacíos de la memoria con secuencias oníricas que convierten los recuerdos fragmentados en una experiencia profundamente emocional.

Romería
Janus Films. Llúcia Garcia como Marina.

“La película nació de esta frustración, de esa sensación negativa de no poder saber, pero en algún momento llegué a la conclusión de que, si mis padres estuvieran vivos y pudiera preguntarles, quizás sus versiones de los hechos tampoco coincidirían”, explica Simón. “Me di cuenta de que debíamos permitirnos llenar esos vacíos a través de nuestra imaginación y que, en realidad, tengo el cine para crear las imágenes que me faltan. En ese sentido, fue un ejercicio liberador imaginar la historia de mis padres y hacerlo completamente desde mi perspectiva, sin juzgarlos”.

Marina solo conoce unas pocas historias sobre sus padres, fragmentos que le han contado sus padres adoptivos y que aparecen también en el diario que lleva consigo. Pasa varios días con sus tías y tíos, donde algunos intercambios extraños —como cuando unos primos tienen miedo de tocarla por su “sangre envenenada”— alimentan aún más su curiosidad. Cuando Marina finalmente conoce a su abuela (interpretada por una severa Marina Troncoso), Simón ha construido una atmósfera de vergüenza que parece asfixiar a toda la familia y que también ha terminado impregnando a Marina.

“Comencé esta búsqueda sobre mi familia para intentar comprender un poco más sobre ellos, y me di cuenta de que, como su memoria estaba profundamente marcada por el tabú y el estigma de la heroína y el sida, era difícil”, añade la directora. El estigma alrededor del sida y la heroína es una historia común en la España de los años 80 y 90, después de que la brutal dictadura franquista llegara a su fin en 1975. “Esa generación ha sido juzgada, y todos hablan de ellos como personas que, de alguna manera, deberían sentir vergüenza y culpa”, dice Simón. “Eran jóvenes inocentes que no sabían nada sobre la heroína ni sobre el sida. Lo más difícil fue encontrar el tono adecuado". 

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Encontrar a la actriz que interpretaría a Marina supuso un reto para Simón, ya que el personaje debía reflejar tanto la historia de Marina como ciertos aspectos de su madre. La encontraron caminando por la calle cuando la invitaron a realizar una audición. “Era muy inocente, pero estaba llena de curiosidad —recuerda la directora—. Parecía frágil, pero lo suficientemente fuerte como para decir: ‘si quiero descubrir esto, lo haré por mi cuenta’”.

Marina viaja a Vigo en busca de la verdadera historia de lo que ocurrió con sus padres, pero se encuentra constantemente con relatos poco fiables, muchas veces contradictorios con lo que ella sabe y con lo que aparece en el diario de su madre. “Todos están contando sus propios recuerdos, pero el tiempo ha pasado y esas memorias ya no son tan fiables”, señala Simón. “Pero existe este diario, escrito en el momento de los hechos, que es algo en lo que Marina puede confiar y que le permite intentar encontrar las imágenes correctas”.

Simón visualiza el proceso de creación de estas imágenes a través de una secuencia onírica al estilo de Miyazaki, marcada por la presencia de la heroína, en la que Marina ve a sus padres en la azotea donde alguna vez se enamoraron, pero también donde comenzaron a sucumbir a la adicción. “El verdadero final de su viaje consiste en permitirse imaginar esta historia”, dice Simón. “Como Marina no puede imaginar a sus padres en movimiento porque era demasiado pequeña, se imagina a sí misma convirtiéndose en su madre y a su primo convirtiéndose en su padre… Fue una forma de mostrar que finalmente se ha permitido crear una historia; eso es lo que todos necesitamos al final". 

Así como Marina utiliza su imaginación para sanar, Carla Simón transforma su propia experiencia en una historia profundamente personal, aunque también ficticia. Romería es una conmovedora exploración sobre la memoria que ahora permite a la directora mirar hacia adelante. Es una poderosa reflexión sobre la influencia persistente del pasado y sobre nuestra capacidad de tomar las riendas al intentar comprenderlo.

“La memoria funciona de una manera muy extraña: no recuerdas el hecho en sí, recuerdas la última vez que recordaste algo”, concluye Simón. “De alguna forma, en nuestra mente, sigue cambiando y transformándose según nuestras emociones”. (I)

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos.