Pasatiempos

El regreso de los hobbies analógicos en la era del doomscrolling

Entre algoritmos, notificaciones y cansancio digital, actividades como el bordado, origami o coleccionismo recuperan su lugar como espacios de atención plena y creatividad.

Por Camila Miranda Mieles

Harper's BAZAAR Ecuador —

En los últimos meses, una idea comenzó a repetirse con frecuencia en redes sociales: 2026 sería el año de lo análogo. Eso significa retomar pasatiempos que no dependen de una pantalla, hechos con las manos, sin productividad ni algoritmos. Cerámica, costura, origami, fotografía análoga, coleccionismo o simplemente leer un libro sin interrupciones. En medio del cansancio digital y la hiperconexión, lo análogo se presenta como una pausa y, para muchos, como una forma de vivir el tiempo de otra manera (como la chica viral en comentarios de TikTok que quería coleccionar 365 botones, obtuvo más de 70.000 likes e inspiró a muchas personas y también muchos memes).

Y, en efecto, no es solo una percepción. Según reportes de Google Trends, términos como analog hobbies”, “collecting”, “crochet”, “painting” y “quilting” ganaron atención en los últimos 12 meses, con un mayor pico de búsquedas entre enero y febrero. Además del término “coleccionismo” que fue uno de los más constantes alrededor del mundo.

Para Eddy De la Guerra, abogada, docente universitaria y actual directora general académica de la Universidad Andina Simón Bolívar, el coleccionismo es parte de su vida desde niña. Hoy, a sus 44 años, mantiene ese interés en una distracción que convive con el ámbito profesional y que reúne miles de piezas de diferentes temáticas. Entre sus colecciones hay Barbies inspiradas en personajes de Hollywood, figuras de acción de superhéroes, trenes en miniatura, casas de muñecas y pequeños escenarios armables que construye pieza por pieza. En una de sus últimas clasificaciones, hecha hace dos años, contabilizó más de 2.500 objetos, sin incluir miniaturas de exhibición más pequeñas.

Para ella, el valor está en lo que le permite hacer mentalmente. “Para mí es un poco terapéutico porque tengo un trabajo con mucha responsabilidad. Llegar a casa y hacer algo que me distraiga la mente es cambiar de universo”. 

En su caso, esa transformación ocurre a través de miniaturas que une en casa. Son pequeñas librerías, cafeterías o casas de té que construye con paciencia, a las que les dedica, a veces, solo 10 o 15 minutos al día para colocar un detalle nuevo. Aunque el coleccionismo es solo una de las muchas actividades que están resurgiendo, comparte algo en común con las analógicas, que vuelven a ganar popularidad: requieren tiempo, atención y una pausa a la información online. 

Para De la Guerra, la clave, para sostener su afición y no caer en el doomscrolling infinito de redes sociales, es planificar. Cuando empezó a construir miniaturas decidió ponerse de meta completar una al mes. Es por el tiempo que implica armarlas y también por el costo de cada set, que ronda los US$ 65 o US$ 70.

Sin embargo, para muchos usuarios en redes sociales, la relación con estas prácticas tiene que ver con otra realidad cada vez más común en la cultura moderna: el entusiasmo inicial, seguido de abandono. Es lo que ellos empiezan a llamar: el “cementerio de hobbies”. Materiales de crochet comprados con ilusión, acuarelas apenas usadas, rollos análogas que nunca se revelaron o kits de cerámica que terminan guardados en un cajón. 

La paradoja es evidente. Nunca fue tan fácil descubrir nuevos pasatiempos (basta con unos minutos en TikTok o Pinterest para encontrarse con alguien bordando, restaurando muebles o coleccionando objetos curiosos), pero al mismo tiempo nunca fue tan difícil sostenerlos.

Parte de la explicación tiene que ver con la forma en que funcionan las plataformas. Según Anna Lembke, psiquiatra y autora de Dopamine Nation (2021), el contenido corto ofrece recompensas inmediatas: estímulo, novedad, entretenimiento. Los hobbies analógicos, en cambio, funcionan de otra manera. Exigen paciencia, repetición y un tipo de concentración que el cerebro contemporáneo ya no siempre practica con la misma facilidad. Además, explica que estos espacios están diseñados para ofrecer estímulos constantes que activan los circuitos de recompensa del cerebro. Esa dinámica hace que las actividades más lentas —como tejer, pintar o coleccionar— puedan sentirse menos estimulantes al principio, incluso si a largo plazo resultan más satisfactorias.

Algo similar plantea el investigador Cal Newport, quien estudió cómo la economía de la atención reduce nuestra capacidad de sostener periodos prolongados de concentración. En ese contexto, ocupaciones que requieren foco prolongado pueden sentirse cada vez más difíciles de iniciar, aunque también son las que más ayudan a recuperar esa habilidad.

Para De la Guerra, la diferencia está en tratar su hobby con la misma lógica con la que organiza otras áreas de su día a día: planificación, disciplina, responsabilidad y límites claros. Por ejemplo, algunas de las piezas más valiosas de su colección (especialmente figuras de acción de edición limitada) pueden superar fácilmente los US$ 800, mientras que una Barbie original puede costar más de US$ 1.000. Pero tiene de regla no comprar nada que no pueda pagar con planificación previa. Esa lógica implica saber decir “no”. A lo largo del tiempo ha conocido coleccionistas que perdieron el control financiero por completar sets o adquirir objetos raros.

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Este tipo de límites puede parecer contradictorio en un momento donde muchos hobbies nacen en redes sociales, donde el entusiasmo inicial suele venir acompañado de compras rápidas de materiales, herramientas o kits completos. Pero, como sugiere la experiencia de esta coleccionista, mantenerse no depende tanto de cuánto se compra o cuánto se produce, sino de cómo se integra en la cotidianidad. 

Como recomendación para quienes desean iniciar en el coleccionismo o algún otro pasatiempo, menciona primero identificar qué realmente genera satisfacción personal y construirlo alrededor de ese interés, sin tendencias o presión externa. Muchas veces las personas ya tienen pequeños indicios de lo que les gusta —objetos guardados desde la infancia, recuerdos o temas que siempre les interesaron— y a partir de ahí se puede empezar a desarrollar una colección o una actividad de forma gradual, con organización y sin perder de vista el espacio, el tiempo y los recursos disponibles. (I)