Técnicas artísticas

El collage: la técnica que libera el arte

Se trata de sacar las imágenes del contexto en el que están y ponerlas en otro. Esta manifestación artística ha democratizado la creación.

Por Eduardo Varas Carvajal

Harper's — BAZAAR Ecuador

El collage parece ser sencillo. Sobre todo, porque cualquier persona con unas tijeras, revistas y papel puede hacer uno. Pero hay algo más profundo, esta es una época en la que el collage está en todo, en la vida, en la calle, en las redes sociales; también se lo encuentra en la música, en el cine, en el teatro, en la preparación de comida, en la creación de memes y, especialmente, en la moda. La actualidad solo se puede entender como si fuera un gran collage, una técnica que junta y superpone materiales que ya existen, de diversas fuentes, sobre una superficie o formato en particular, para crear una nueva obra.

“El deseo de desarrollar algo diferente de lo que ya existe se encuentra en todos lados, como cuando combinamos nuestra ropa de formas que no se encuentran en ninguna revista de moda, deliberadamente mezclando lo que es con lo que no es; así como cuando en nuestras casas combinamos piezas diseñadas de diversas épocas para crear un estilo”, escribe con absoluta precisión la investigadora alemana Silke Krohn, en su texto The age of collage, contemporary collage in modern art.

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Si bien se habla del collage desde el terreno del arte, esta es la parte menos precisa. Historiadores afirman que el inicio de este como manifestación artística tiene a Pablo Picasso y a Georges Braque como los referentes que comenzaron todo, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Pero lo cierto es que, desde la expansión de los medios impresos, a partir del siglo XVIII, la gente se ha dedicado a cortar diarios o revistas y a pegar el contenido sobre papeles para crear una forma nueva. Hay un sentido de juego en este acto, que se ha mantenido con el paso de los años y con el trabajo de miles de artistas que, aprovechando las ventajas tecnológicas y digitales, han convertido al collage en un lenguaje para generar arte. Entre los artistas más destacados están John Heartfield, Hannah Höch, Martha Rosler, Grete Stern, Wangechi Mutu y Uğur Gallenkuş.

En Ecuador, también crece. Desde la pandemia, decenas de personas empezaron a recurrir a él para pasar el tiempo; una vez que la normalidad volvió, la fuerza del collage quedó establecida. Hoy son muchas más personas dedicadas a esta forma de arte, con exposiciones, muestras en diversos espacios y soportes —como paredes, fachadas y hasta prendas de vestir—, y con talleres para enseñar cómo hacerlos.

Pamela Pinto y el collage que funciona para todos

Dice que su cabeza está siempre a mil y que es muy visual; que siempre se pasa viendo imágenes para inspirarse y que todo empezó al salir de la universidad; que, con las herramientas que aprendió al estudiar, quiso entrar al terreno de la fotomanipulación, pero el collage ganó. ¿Qué llama tanto la atención? Para Pamela Pinto, machaleña que vive en Quito, artista visual y diseñadora gráfica —con 15 años de carrera artística, con el foco puesto en el collage digital—, esto tiene que ver con la accesibilidad. “Siempre ha existido y es accesible para todos”.

Esto significa que ofrece algo más, a diferencia del dibujo y de la pintura. “A veces nos puede dar miedo pintar, dibujar, pero esto es más libre porque puedo recortar, pegar, superponer, componer. Y lo que haga no tiene que estar bonito, porque funciona por sí mismo”, explica Pinto. Para hacer uno análogo no se requiere mucho. “No necesito un lienzo. Puede ser un papel, una cartulina, un cartón… No importa el soporte en ese sentido”. En el terreno digital es igual, solo que las herramientas son archivos de imágenes en la computadora, y la tijera y la goma son softwares que ayudan a la intervención.

Cortesía del artista.

La obra de Pinto va entre los dos caminos y tiene una fuerte conciencia política. Utiliza figuras de personas, con un foco puesto en el cuerpo humano, en la anatomía, en los órganos y en los animales que se funden con personas. A eso se le puede incluir la presencia de frases que aterrizan el sentido de la propuesta y a la mujer como ser fundamental. “Yo siento que la vida es un collage. Todo lo que haces es superponer, aumentar, sumar, cortar…”, sentencia Pinto y quizás tenga razón.

Su experiencia se traduce en sus creaciones, que las vende en su tienda en línea y las integra en la marca de ropa que fundó, TGRPWR. También las imprime en telas y en murales para oficinas y locales comerciales. A esto suma talleres y exposiciones, tanto individuales como colectivas. La última de ellas, inaugurada a inicios de febrero de 2026, se llama Siete veces siete. Pinto es una de las artistas más reconocidas en este campo en el país y en 2020 tuvo un momento de explosión gracias al arte urbano a través del afiche Hagamos el amor —en el que se ve el retrato de alguien joven con un solo ojo, como si fuera un cíclope, rodeado de flores—, que pegó en varias partes de la ciudad y que convirtió en un nombre familiar.

Luis López y lo que pasa al usar imágenes de otros 

En 2024, algo cambió en Luis López, artista que tiene en el collage su campo de batalla y que en redes se presenta como @luisitocollagea. Para entonces, él ya se había dedicado durante seis años a esta forma de arte y llevaba unos cuatro esforzándose por lo que ha llamado “evangelización” del collage. Sí, su compromiso es firme. 

“Es como una experiencia religiosa, porque la imagen te llama, te atrae y para mí ha sido así”.

Fanático del cine, Luis vio The Substance en una sala de cine y su arte dio un giro. “Creo que nunca una película había resonado tanto conmigo desde lo visual y desde captar las referencias”. El resultado de esto fue un afiche “apócrifo” de la película mediante esta técnica. Desde ahí se abrió un espacio que él no ha dejado de explorar en todo este tiempo. Su obra mezcla cuerpos y colores con elementos de la naturaleza y el sci-fi. Ruedan animales, figuras del cine y la televisión, acompañados de un poco de sarcasmo.

Fue tal la calidad del afiche de The Substance, que la propia directora del filme, la francesa Coralie Fargeat, lo compartió, lo que le dio muchísima visibilidad. “El cartel fue un boom, hasta el día de hoy me lo encuentro —compartido por otras personas—. Hay videos de Fargeat firmando el cartel. En eBay se vende uno firmado por Demi Moore por US$ 250. Esa respuesta a mi trabajo ha sido una locura”, cuenta con emoción. Sus afiches han sido compartidos también por estudios grandes como: Warner Bros, Paramount y el servicio de streaming Mubi.

Cortesía del artista.

Luis llegó a esta técnica sin buscarla. Lo suyo era la ilustración, pero se demoraba mucho en hacerla y no era algo que le salía “de forma natural”. Mientras navegaba por internet se encontró con un curso de collage aplicado al diseño editorial y, al mismo tiempo, un compañero colega le dijo: “Deja la ilustración, ¿por qué te quieres dedicar a eso?”. Luis solo mezcló las señales. “Fue como una revelación porque el collage para mí era este mosaico que hacíamos en el colegio, cuando recortabas las fotos de animales y las pegabas en una hoja. En ese momento supe que esa era la forma, que no estaba usando la técnica adecuada para plasmar lo que tenía en la cabeza”.

Junto a los carteles de películas, sus afiches sociales —sobre eventos de impacto social—, de festivales, de espectáculos..., revelan la perspectiva y los intereses de López. “Mis obras son autorretratos. Son reflejos de quién soy, qué es lo que pienso y con qué estoy de acuerdo y con qué no”.

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¿Cómo afrontar el tema de los derechos de autor de las imágenes que se usan para hacer collages? López lo tiene claro. Habla de la protección que hay para homenajes y parodias, pero, sobre todo, se enfoca en la necesidad de usar imágenes libres de derechos. ¿Y es problemático para él que la gente imprima su cartel, se lo haga firmar a Demi Moore y lo venda por US$ 250? No, no lo es. “En el momento que yo publiqué eso, mi obra ya no es mía. Pasa a ser propiedad de las personas que resonaron con ella”, responde. Claro, son pocos los artistas que lo ven de esa manera.

Marcela Ribadeneira y el collage como relectura

Estudió cine, pero no diseño ni artes visuales; es decir, es diseñadora de profesión por la experiencia que ha desarrollado. Desde su adolescencia, el collage ha sido parte de su vida, sobre todo cuando hacía papel tapiz para su habitación utilizando recortes de revistas. Marcela Ribadeneira es collagista y escritora, y curiosamente ambos espacios confluyen de manera conceptual en ella, porque, si se trata de escribir o de crear arte, Marcela mezcla: ese es el motor de su creación.

Cortesía del artista.

“A medida que mis ejercicios en el collage y en la escritura se complejizan, no encuentro mucha diferencia entre ambas formas de expresión, porque escribir un cuento, para mí, es encadenar, soldar, yuxtaponer y contraponer una serie de ideas con las que quiero trabajar (como lo haría con las imágenes). Y, como producto secundario de eso, surge una historia”.

Para ella, el collage digital parte del…

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