2026 llega recargado para los fanáticos de los conciertos. Miguel Bosé, Milo J, Ed Sheeran, Iron Maiden, Natalia Lafourcade y Martin Garrix son algunos de los artistas internacionales que se presentarán en nuestro territorio. Esto luego de que 2025 cerrara con puestas en escena como la de la colombiana Shakira, que vendió por completo sus tres fechas en Quito con más de 105.000 asistentes; o la banda argentina Miranda que se caracterizó por un show donde los audiovisuales y la teatralidad tomaron por sorpresa a los fans.
En Ecuador, el consumo cultural muestra una tendencia clara al alza. Según la Encuesta de Hábitos Lectores, Prácticas y Consumos Culturales del Ministerio de Cultura y Patrimonio, en 2021, el 89,3 % de la población ecuatoriana escuchaba música. Tres años después, ese interés se tradujo en resultados económicos. De acuerdo con el Banco Central del Ecuador, las actividades artísticas —que incluyen los conciertos— crecieron un 20 % en ventas entre 2023 y 2024. Frente a este panorama, ¿qué debemos esperar de los conciertos en el país?
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“La gente está deseosa de shows grandes”, comenta Jazz Catán, locutora y productora de eventos. Para esta quiteña, que estuvo detrás de presentaciones internacionales como: Justin Bieber, Metallica, Bruno Mars y David Guetta, Ecuador siempre estuvo en el radar de los megaeventos y destaca nuestra capacidad y logística para recibirlos.
"Siempre han venido. El primero que yo recuerdo es el de Bon Jovi cuando era pequeña. Hoy estamos a la altura de Perú y Colombia".
Para María José Herrera, productora ejecutiva de Top Shows, esta evolución ha sido paulatina y se ha ido marcando desde la pandemia. En 2022, Bad Bunny voló por el Estadio Olímpico Atahualpa en una palmera y, en 2023, más de 30.000 personas se reunieron para escuchar a Roger Waters, artista que tuvo alrededor de 400 metros cuadrados de pantalla y su reconocido cerdo gigante que volaba sobre los fans. "La cantidad de conciertos que se están realizando y el nivel de producción que alcanzan hacen que —a escala internacional— empiecen a mirarnos. El show de Shakira fue un hito porque demostró de lo que somos capaces. A mayor número de conciertos y mayor interés del público por asistir, la industria crece. Es un proceso similar al que vivió Colombia”, manifiesta Herrera.
Asimismo, la productora destaca la importancia de cada actor del ecosistema. Desde los medios de comunicación que comparten el trabajo de nuevos artistas, así como el papel del público que, en su opinión, debe tener una actitud más abierta para conocer nuevas propuestas.
Tanto Cattán como Herrera concuerdan también sobre la necesidad de nuevas infraestructuras en el país. Actualmente, la mayoría de los conciertos masivos se dan en recintos deportivos como el Estadio Olímpico Atahualpa, en Quito, o el Estadio Modelo Alberto Spencer, en Guayaquil, cada uno con capacidad para más de 35.000 espectadores. Para eventos de menor asistencia se utilizan espacios culturales como el Teatro Sucre y la Ágora de la Casa de la Cultura. Sin embargo, no existen espacios como Vive Claro en Colombia, creados netamente para experiencias culturales.
“La mayoría de los recintos que utilizamos no fueron creados para eso. Es un reto que no solo tiene Quito, sino todo el país”, afirma la productora de Top Shows.
Sobre este futuro musical, ambas profesionales identifican a los festivales como otra posibilidad. Este formato —representado por eventos como Lollapalooza, Rock in Rio o Estéreo Picnic, con carteles de más de 10 artistas— ofrece amplias proyecciones, aunque su crecimiento será gradual. En Ecuador ya existen acercamientos con proyectos como El Carpazo, FunkaFest y Saca el Diablo, además de los festivales impulsados por instituciones públicas.
Herrera, que ha organizado encuentros como el festival Masters of Rock, señala que la clave está en la experiencia que se ofrezca al usuario. “Es lo que tú brindas desde que cruzan la puerta. La organización, la seguridad, los alimentos, las bebidas, la capacidad sanitaria… Todo eso determina que el usuario regrese para una segunda edición”.
Gris Onofre, agente de la industria musical, señala que estos espacios también cumplen un rol clave para el crecimiento de los artistas ecuatorianos, quienes pueden ganar visibilidad al abrir los shows de talentos internacionales. Hay casos sobre este diálogo —como la Máquina Camaleón que abrió a Miranda o Cometa Sucre a The Smashing Pumpkins—, pero Onofre explica que todavía se necesitan más medidas.
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Sobre la posibilidad de que los artistas locales puedan crear esta clase de eventos, Onofre indica que sí existe un desarrollo en torno a las puestas en escena, aunque depende mucho de presupuestos y aforo. Para esta profesional, Ecuador sigue posicionándose en el radar musical gracias a sus proyectos nacionales. Es la segunda ocasión que la revista Rolling Stone hace un listado que recomienda a artistas de nuestro país y algunos de ellos —como Lolabúm, Machaca y La Torre— están participando en eventos en el extranjero.
Herrera y Onofre para cerrar la entrevista vuelven a la toma de decisión de los usuarios, quienes dirigen el rumbo de la industria. “Todo depende de que los fans estén abiertos a distintas experiencias”, concluye Herrera. El futuro de la agenda cultural, en términos musicales, ya no se define únicamente desde proyectos internacionales ni grandes producciones. Se construye desde la formalización de la industria y la respuesta del público, su curiosidad, su disposición a descubrir nuevas propuestas y su apoyo a los artistas nacionales, claves para seguir posicionando a Ecuador en el mapa cultural de la región. (I)