Fotografía: Ellen Fedors

Sarah Pidgeon llevaba meses elegida para encarnar a la icónica rubia que da título a la serie limitada de Ryan Murphy y Connor Hines, Love Story: John F. Kennedy Jr. and Carolyn Bessette, cuando conoció por primera vez a Paul Anthony Kelly. Él estaba haciendo la lectura para el papel de JFK Jr., y para ella fue evidente que era perfecto para el personaje. Después de la prueba de cámara, fue a buscar a Murphy y le dijo que habían encontrado a su Príncipe de Camelot. El productor hizo algo poco habitual: le encargó a ella misma darle la noticia.

En ese instante de celebración y anticipación simultáneas, ambos actores comprendieron rápidamente lo que tenían por delante. No puedes ponerte en los zapatos de una de las parejas más queridas y hermosas de Estados Unidos, atravesar toda la maquinaria de prensa y promoción y luego desaparecer discretamente en la noche. Love Story estaba destinada a cambiarlo todo. Cuando Kelly fue elegido, faltaban solo tres semanas para el inicio del rodaje y, más importante aún, solo tres semanas para que los protagonistas de la serie se concentraran y lo hicieran bien. 

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Tanto para Pidgeon como para Kelly, interpretar a Carolyn y John implicaba mucho más que simplemente parecerse a ellos. Su misión compartida era mostrarle al público por qué John y Carolyn capturaron la adoración del mundo y recordarnos que, detrás de todo el glamour de los noventa, eran simplemente dos personas enamoradas. Para lograrlo, tendrían que desarrollar un nivel inusualmente alto de confianza y conexión.

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Chaqueta, camisa y corbata de Giorgio Armani. Fotografía: Ellen Fedors.

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Vestido y zapatos, Bottega Veneta. Fotografía: Ellen Fedors.

La unión de siete años entre Kennedy y Bessette ha pasado de ser parte del imaginario de los años noventa a convertirse en una auténtica leyenda estadounidense. John-John, como lo llamaban cariñosamente, era el soltero más codiciado del mundo, editor en jefe de George, la revista que cofundó, y para algunos, un candidato evidente a seguir los pasos de su padre como presidente de Estados Unidos. Carolyn Bessette era un paradigma de sofisticación cuyo estilo depurado y su trabajo en Calvin Klein la colocaron en el centro incandescente de la moda estadounidense. Juntos experimentaron la agresión y el afecto simultáneos de los tabloides y del público, mientras navegaban el escrutinio insoportable de su vida cotidiana como pareja. Hoy, también son igual de famosos por las circunstancias de su muerte prematura, una continuación de la tantas veces susurrada maldición Kennedy. Mucho de lo que fueron —jóvenes, bellos, misteriosos, temperamentales, estilosos y, aun bajo toda esa presión y popularidad, inherentemente reales— representaba ese tipo de promesa americana en la que pocos creen ya.

Visto en retrospectiva, está claro que su relación tarde o temprano se convertiría en material ideal para la televisión. Pero en 2026, el público es más exigente que nunca cuando se trata de retratos de figuras reales, sobre todo de aquellas que hemos mitificado colectivamente después de su muerte. Por eso, cuando se anunció por primera vez la serie, la noticia provocó una conmoción. ¿Quién podría capturar la sensibilidad elegantemente discreta de Carolyn? ¿Quién tendría el atractivo suficiente —la nobleza, en realidad— para interpretar a John? 

La popularidad persistente de la pareja era evidente en libros, documentales y tableros de Pinterest por todas partes, pero ¿era siquiera una historia que alguien tuviera derecho a contar? Muchos detractores descartaron la serie antes de ver siquiera un primer adelanto. Pero desde su estreno durante la semana de San Valentín, se ha convertido en la nueva serie más vista en streaming tanto en Hulu como en Disney+. Los espectadores conectaron enseguida con ella, gracias a las interpretaciones cuidadosas de Pidgeon y Kelly.

“Siempre existió esta especie de vibe check: esta es mi actitud, mi energía, mi intuición; eso es lo que pienso cuando pienso en Carolyn”, dice Pidgeon.

“Cuando conseguí el papel, el peso de esa responsabilidad siempre estuvo en el fondo de mi mente, junto con lo mucho que quería hacerle justicia a Carolyn en esta interpretación de su historia”, confiesa Pidgeon. La entrevista se realizó durante la semana del estreno de la serie y ella está acomodada en un sofá de terciopelo en Midtown Manhattan, con su coprotagonista Kelly sentado a su lado. Están juntos como dos amigos de toda la vida, algo en lo que se han convertido muy rápido, en medio del torbellino que ha sido crear y promocionar Love Story. “Connor Hines escribió un personaje increíble. Eso era evidente incluso en las dos escenas que leí por primera vez en mi audición. Yo conocía a Carolyn Bessette, pero no sabía ni una mínima parte de lo que sé ahora”.

Kelly, por su parte, todavía se pregunta cómo llegó hasta aquí. El actor y modelo de 37 años fue elegido tras una búsqueda global en la que casi mil actores intentaron canalizar el carisma de John F. Kennedy Jr. “La oportunidad se presentó y era enorme. Simplemente tuve la sensación de que podía identificarme con él. Y todavía creo que puedo. Entiendo quién era en esencia y creo que nuestros valores están alineados. Sin duda fue un papel desafiante, había muchas similitudes en las que podía reconocerme en él y creo que finalmente se convirtieron en una caracterización honesta”, dice, antes de soltar una risa nerviosa. “Todavía no puedo creer que sea yo”.

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Antes, Kelly había trabajado como modelo para marcas americanas como Brooks Brothers y L.L. Bean. Cuando le pregunto si está listo para la avalancha de edits de fans que seguramente llegarán después del estreno de la serie, se cubre el rostro con la palma de la mano y niega con la cabeza, con un gesto encantador. En general, intenta mantenerse alejado de las redes sociales. “Puedes revisar mi TikTok si no quieres descargarlo”, le ofrece Pidgeon con calidez, por si acaso termina sintiendo curiosidad.

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Paul Anthony Kelly: Chaqueta, camisa y pantalones, Giorgio Armani. Sarah Pidgeon: Top y falda, Tory Burch. Pendientes y brazalete Coco Crush, Chanel Fine Jewelry. Fotografía: Ellen Fedors.

Alerta de spoiler: desde entonces, los videos en TikTok no han dejado de aparecer, uno tras otro. Puede que Kelly siga lejos de las redes, pero el resto hemos disfrutado felices de clips del actor en su mejor versión de John F. Kennedy Jr. Piensa en John recorriendo TriBeCa en bicicleta con una gorra al revés, caminando por las oficinas de George con un traje impecablemente entallado o apareciendo en la puerta de Carolyn, bajo la lluvia torrencia,l después del entierro de su madre, Jacqueline Onassis. Claro, ese último escenario muy probablemente fue dramatizado para la serie, pero los fans lo han agradecido de todos modos.

Aun así, los edits sedientos de fans no pueden eclipsar la verdadera intención que Kelly puso en su interpretación de JFK Jr. Incluso en los momentos más vulnerables de John, como cuando afronta la inminente muerte de su madre o lidia con su tambaleante revista política, Kelly logra capturar la complejidad que define al personaje. “No hubo realmente conversaciones sobre cómo debía ser exactamente la interpretación, más allá de las palabras que Connor escribió, que son muy reveladoras de lo que ocurre en el mundo interior de estos personajes. La manera en que me acerqué a interpretarlo fue como siempre lo imaginé sosteniéndose a sí mismo. Están esos momentos silenciosos en los que baja la guardia y es un hombre muy amable, sarcástico, capaz de reírse de sí mismo, pero también hay poder en eso". 

"Su objetivo en la vida era simplemente ser un tipo normal, pero no puedes escapar de esa realidad cuando eres un Kennedy”, explica Kelly.

Connor Hines, showrunner y guionista principal de Love Story, dice que sus dos protagonistas terminaron sacando el uno del otro justo lo que hacía falta para recrear a John y Carolyn como realmente eran, más allá de la imagen construida por los tabloides. “Paul y Sarah logran conectar con lo que hacía a John y Carolyn tan únicos. El primero tenía la gracia y el linaje de la realeza, pero también esa calidez, humildad y cercanía: un equilibrio muy difícil de conseguir. Carolyn contaba con una determinación feroz y una lealtad inquebrantable. Si la herías o la traicionabas, no había vuelta atrás. Creo que, desde el principio, Paul y Sarah reconocieron que cada uno era la elección perfecta para el papel". 

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Incluso en solo nueve episodios, Love Story consigue rendir homenaje a varios de los momentos más emblemáticos del imaginario compartido de John y Carolyn. Su primer encuentro gracias a Calvin Klein, su primera cita en Panna II, incluso la famosa discusión pública en Battery Park aparecen en la serie. Si había un acontecimiento que el equipo tenía que recrear bien, era la boda de la pareja en 1996 en Cumberland Island, frente a la costa sureste de Georgia. Fue una ocasión histórica que sigue siendo una de las bodas de celebridades más famosas y, al mismo tiempo, más secretas de todos los tiempos. Detalles esenciales como el lugar —la First African Baptist Church—, el revolucionario slipdress color marfil de Carolyn —diseñado por un entonces relativamente desconocido Narciso Rodriguez—, el pasillo iluminado por velas titilantes e incluso la chaqueta del esmoquin de John sobre los hombros de ella durante su primer baile, llegaron al episodio de la boda.

“Hay un documental maravilloso, The Lost Tapes, que tiene muchísimo material de la boda —comparte Pidgeon—. Lo vi mientras me preparaba para el papel, luego lo volví a ver la noche antes de empezar a filmar y después lo vi otra vez por la época en que rodamos el episodio de la boda. Escuchar a las personas que los conocieron hablar de cuánto amor y magia sintieron todos ese fin de semana fue increíble”.

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Gabardina, chaqueta de traje, pantalones y zapatos, Ferragamo. Fotografía: Ellen Fedors.

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Chaqueta y falda, Chanel. Fotografía: Ellen Fedors.

Kelly comparte el sentir de su coprotagonista. “Realmente fue una experiencia y un lugar transportadores cuando estábamos recreando todo. Es una de las bodas más famosas de la historia de Estados Unidos, pero al mismo tiempo se sabe tan poco de ella porque así lo quisieron. Fue todo muy reservado y creo que eso tiene algo profundamente romántico. Revivirlo y reimaginarlo fue una experiencia muy especial”. Love Story no busca simplemente recrear los momentos que todos conocemos y citamos; también quiere dibujar un retrato de lo desconocido que existía entre ellos. ¿De qué hablaban en casa? ¿En el auto? ¿Quiénes eran antes de ponerse los lentes oscuros y salir de su loft en TriBeCa?

“Más allá del encanto y la buena apariencia, Paul logra transmitir la profundidad silenciosa del dolor que John cargó tras la muerte de su padre, así como la enorme presión que enfrentaba cada día como ‘el hijo de Estados Unidos’”, explica Hines. “Sarah dota a Carolyn de fuerza y de un claro sentido de identidad, incluso en sus momentos más bajos. Carolyn fue una víctima, pero Sarah se niega a reducir al personaje únicamente a eso".

Para Kelly, por supuesto, existía un enorme archivo de material al que recurrir para convertirse en JFK Jr. Carolyn, en cambio, exigió mucho más de la imaginación de Pidgeon. Era una de las mujeres más fotografiadas del mundo, pero rara vez la escuchábamos hablar. De todo el material de archivo que existe de ella, solo 18 segundos la muestran hablando. Rasgos esenciales de Carolyn que conocemos solo a través de anécdotas compartidas por amigos y familiares —como su risa, su intensa mirada y la chispa que llevaba consigo a cada habitación— quedan totalmente abiertos a la interpretación. Para construir su interpretación, Pidgeon recurrió a libros (además de decenas de cuentas de Instagram dedicadas a CBK): Carolyn Bessette Kennedy: A Life in Fashion, de Sunita Kumar Nair; y Once Upon a Time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy, de Elizabeth Beller, como fundamentales para dar forma a su versión de Carolyn.

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Kelly: Chaqueta, camisa, corbata y pantalones, Giorgio Armani. Zapatos, Ralph Lauren. Pidgeon: Vestido y zapatos de tacón, Ferragamo. Pendientes Coco Crush, Chanel Fine Jewelry. Fotografía: Ellen Fedors.

“Mucho de Carolyn era una vibra; una esencia. Existe una percepción compartida sobre quién era ella. En la serie, nuestra interpretación realmente examina partes de su vida que no le resultan tan familiares al público —señala Pidgeon—. Pero siempre existió esta especie de vibe check: esta es mi actitud, mi energía, mi intuición; eso es lo que pienso cuando pienso en Carolyn”. Como publirrelacionista, Bessette sin duda sabía un par de cosas sobre cómo relacionarse con los medios. “Admiro que tuviera tanta seguridad en sí misma y se conociera tan bien, creo que mostró una fortaleza increíble al elegir no hablar”, continúa Pidgeon. “No necesitaba hablar”. Probablemente entendía el poder que conlleva ser esquiva.

También hay detalles más sutiles que ofrecen una mirada a las personalidades íntimas de John y Carolyn. “Espero que los espectadores vean verdaderamente a Carolyn. Era increíblemente afectuosa con las personas que amaba. Y John era famoso por ser distraído: olvidaba cosas o tiraba accidentalmente su cartera. Les encantaba KFC”, concluye Hines.

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Desde el estreno de Love Story, ha quedado claro que todavía no estamos listos para dejar ir a John y Carolyn, lo que plantea la pregunta de por qué. Cada vez hay menos cuentos de hadas en la vida real, menos uniones a las que nos aferramos porque queremos verlas prosperar y florecer tanto como deseamos lo mismo para nuestra propia vida. Puede que los tabloides quisieran destruir a John y Carolyn, pero ¿el público estadounidense? Habría hecho cualquier cosa por tenerlos un poco más de tiempo, por ver en qué podrían haberse convertido si hubieran tenido la oportunidad. La serie no es solo una reimaginación de su historia de amor; también es un retrato de cómo Estados Unidos se enamoró de ellos.

Después de todo, el amor verdadero perdura, incluso después de la muerte. Al menos, eso es lo que tanto Kelly como Pidgeon se llevan de esta experiencia. “Son dos personas que vivieron una vida extraordinaria y nosotros la estamos destilando en esta historia de amor y en lo que hacen para que funcione”, finaliza Kelly. “Pelean, aman, se entregan por completo. Van con todo. Es pasión. Y eso es algo que, en el fondo, todos deseamos”. (I)

Fotografía: Ellen Fedors. Estilismo: Nicholas Grasa. Directora creativa: Laura Genninger. Directora visual: Natasha Lunn. Subdirectora visual: Claudia Cruz. Maquillaje: Shayna Goldberg. Peluquería: DJ Quintero. Estilismo: Jess Ortiz. Asistentes de fotografía: Ben Kasun y Diego Rodríguez.

Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.