Sarah Olivieri

Desde que tengo memoria, he querido hacerme una rinoplastia y una cirugía de doble párpado. Probablemente sea algo que debería analizar en terapia, pero con el tiempo he aprendido a hacer las paces con los rasgos que Dios me dio. Tener dos hijos que los comparten ha suavizado mi propia autocrítica. 

No podría amar más la pequeña nariz redonda de mi hijo. La forma en que los ojos de mi hija prácticamente desaparecen en su carita cuando sonríe es una de mis cosas favoritas de ella. Y, aun así, sigo contorneándome la nariz todos los días. Todavía uso cinta para párpados para simular unos ojos más grandes, que parecen caerse un poco más con cada año que pasa. Mis citas quincenales para extensiones de pestañas se las explico a mi hija como “cosas de adultos”, mientras le aseguro que ella no las necesita porque es perfecta. Lo cual es verdad, aunque por dentro me haga sentir un poco como una impostora.

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Esta culpa es constante y nueva para muchas madres. Creo que sentirnos bien con nosotras mismas nos convierte en mejores madres, pero qué pasa cuando sentirnos mejor implica cambiar justamente los rasgos que nuestros hijos reconocen como propios.

a woman sitting on the floor with two children one in her arms and the other hugging her from behind
Cortesía de Sara Tan.

“Cuando tienes hijos, los miras y piensas que cada parte de ellos es perfecta: sus caras, sus narices, sus ojos”, dice Susan Yara por teléfono. “Pero cuando trabajas en la industria de la belleza y estás rodeada de dermatólogos y cirujanos plásticos, los tratamientos cosméticos se normalizan tanto que dejan de parecer algo importante”. 

La influencer y fundadora de la marca de cuidado de la piel Naturium construyó su carrera a partir de la transparencia y la educación en maquillaje y estética. Madre de dos, desde hace años es abierta con más de un millón de seguidores sobre los procedimientos que se realiza. Y aunque, como yo, cree que las mujeres deberían poder elegir qué quieren hacerse y cuándo, es cuidadosa con cuánto comparte con sus hijos pequeños. “Si cambias algo de ti, cómo lo explicas. No quieres transmitirles la idea de que hay algo en ellos que no es bonito. Convertirte en mamá te vuelve mucho más consciente de eso”.

@susanyara Since we’re all sharing. I got my implants in 2018 with @Dr. Gabbay in Beverly Hills. One of the best decisions ever! Wish I had done it sooner but I waited until after pregnancy. #implants #breastaugmentation ♬ SUMMER - THE CARTERS

Eso no ha impedido que Yara recurra a inyectables, láseres, transferencia de grasa y, más recientemente, una abdominoplastia, algo que sus hijos definitivamente notaron. “Después tenía muchísimo dolor. No podían saltar encima de mí y me preguntaban constantemente por qué. Así que les expliqué que el embarazo había cambiado mi abdomen y que lo arreglé, pero me aseguré de decirles que no me arrepiento ni un segundo de haberlos tenido. Lo que soy muy cuidadosa de no decir es que quiero cambiar mi cara o mis rasgos. No quiero que piensen que hay algo mal en ellos”.

Para muchas madres, los cambios que buscan rara vez se tratan solo de un rostro o un cuerpo, explica Elise Min, cirujana plástica en Beverly Hills. Muchas de sus pacientes son mamás que atraviesan grandes transiciones de identidad, desde el posparto y la perimenopausia hasta el divorcio o el agotamiento extremo. “Estos momentos de cambio suelen generar claridad y un deseo de cerrar un capítulo y entrar en el siguiente sintiéndose más alineadas consigo mismas. Para muchas mujeres, el cuidado estético se convierte en una forma de hacer algo intencional por ellas y comenzar esa nueva etapa con mayor confianza”.

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Le pregunto a Min si sus pacientes expresan culpa al hablar de lo que quieren hacerse. “Sí, muchísimo”, responde. “Las madres suelen empezar la conversación diciendo: ‘no quiero ser frívola. No quiero poner mi vida en riesgo por algo electivo’. Hay un sentido de responsabilidad y de miedo mucho más intenso y es completamente comprensible”. Otra parte clave de su trabajo es saber cuándo decir que no, especialmente si la motivación de una paciente parece estar basada en angustia, vergüenza o conflictos de identidad no resueltos. 

“Dedico tiempo a escuchar y muchas veces las animo a seguir trabajando esas emociones —a veces con un terapeuta— antes de retomar decisiones estéticas. Cuando se hace desde la empatía, casi siempre agradecen esa pausa”.

Ami Desai, presentadora e influencer de moda, belleza y estilo de vida, es una de esas madres que cambiaron de opinión. “Fui a una consulta para un mommy makeover y decidí que no quería hacérmelo literalmente el día anterior. Es tan difícil porque quiero animar a las mujeres a hacer lo que les haga sentir mejor, pero también me pregunto: ¿esto es lo que nos define? Quiero mostrarle a mi hija que cómo nos vemos no va a definirla a ella ni a mí”.

Desai, madre de tres, comparte ese vaivén interno que muchas mujeres sienten. “Me pongo bótox con regularidad, pero todo lo que hago es mínimo. He contemplado seriamente hacerme una rinoplastia y en su momento opté por un poco de relleno en la nariz porque me di cuenta de que ese rasgo me conectaba físicamente con mi abuelo, que tiene exactamente la misma nariz que yo. No quería borrar eso”.

Para Amy Chang, en cambio, sus rasgos no la conectaban con nadie de su familia. A esta experta en belleza y presentadora del pódcast Mirror, Mirror, quien fue adoptada de Corea, le tomó años apreciar su apariencia. No fue hasta que tuvo a sus dos hijas que sintió un amor verdadero por su rostro. “Me hice una blefaroplastia superior después de casarme en 2016 y, en ese momento, estaba considerando una refinación de la punta nasal. Pero tuve a mi hija, que tiene mi misma nariz, y me di cuenta de que mi forma natural es hermosa y de que nunca quiero que mi hija sienta que tiene que cambiar sus rasgos”. 

@bondenavant Now for what’s to come in the world of aesthetics… ——- 2026 Beauty Predictions Part 3: Aesthetics Let’s talk aesthetics. For years, many of us have embraced aesthetic treatments without fully understanding the long-term risks. That’s starting to change. Complications are becoming harder to ignore — and they’re finally entering the broader conversation, not just medical forums and private DMs. At the same time, I see medical tourism for dermatological treatments and plastic surgery continuing to grow, and likely accelerating into the new year. As access expands, so does the need for nuance, transparency, and more informed decision-making. #beautypredictions #beautypredictions2026 #aesthetics #complications #mediatourism ♬ original sound - Amy Chang

Chang se prometió a sí misma que no se hará procedimientos que alteren la forma de sus facciones. No describiría este sentimiento como culpa; lo llama responsabilidad. “Me exige sostener mi propia belleza y confianza, y modelar eso para ellas”. Eso sí, está abierta a procedimientos que la ayuden a “preservarse”.

Vanessa Lee, fundadora del concepto de belleza The things we do, ha notado un cambio claro entre sus pacientes madres: menos aumento y más “rejuvenecimiento”, lo que muchas mujeres ahora llaman preservación. “Me he hecho innumerables inyecciones —neuromoduladores, rellenos de ácido hialurónico, bioestimuladores— y varias cirugías faciales y corporales. Pero después de tener hijos, mis objetivos cambiaron. No quería verme más sexy. Quería verme fresca, levantada y más como yo misma”.

@vanessalee_rn

Skin tight. Hair thick. The work has been done.

♬ original sound - mixedbynat

Esa idea —preservar en lugar de transformar— aparece con frecuencia en mis conversaciones con otras mamás millennials. Seguimos queriendo vernos como nosotras mismas, solo un poco más descansadas, un poco más despiertas, un poco menos agotadas. Queremos envejecer con gracia, pero en nuestros propios términos. Como dice Susan Yara: “Las mujeres millennials están liderando una forma distinta de envejecer. Tenemos acceso a mejor atención médica, mejor cuidado de la piel, suplementos, terapia hormonal. Podemos decidir cómo envejecer y no es solo algo cosmético. Tiene que ver con cómo nos sentimos por dentro”.

Y, aun así, con toda esta autonomía, la culpa persiste.

“No deberías sentir culpa, pero eso no significa que no la vayas a sentir”, dice Hoda Abou-Ziab, psicóloga clínica especializada en salud femenina. Ella señala el contexto más amplio que moldea esa culpa: estándares de belleza históricamente arraigados en la supremacía blanca y el capitalismo, sistemas que durante mucho tiempo han sido opresivos para las mujeres y las comunidades marginadas. “Cuando individualizamos estas decisiones sin examinar las fuerzas socioculturales que hay detrás, terminamos culpando a las mujeres en lugar de cuestionar los sistemas que nos enseñaron a examinarnos y criticarnos en primer lugar”.

Comprender ese contexto no hace que las conversaciones con nuestros hijos sean más sencillas. Abou-Ziab enfatiza que los diálogos sobre tratamientos cosméticos deben ser apropiados para la edad y estar anclados en la autoestima, no en la apariencia. También insta a los padres a revisar su propio lenguaje.

 “Aléjate de la autocrítica. En su lugar, modela la idea de elección porque los niños siempre están escuchando”.

¿Y yo? Todavía no sé qué voy a decidir. Solo sé que estoy en algún punto intermedio entre la preservación y no desaparecer por completo en la maternidad. No quiero cambiarme tanto que mis hijos ya no puedan verse reflejados en mí. Lo que estoy aprendiendo es a cuestionar si estoy buscando descanso, confianza o una sensación de control sobre un cuerpo que durante años no sentí como propio.

La intención importa. Hay una diferencia entre cuidarte y corregirte; y los niños son lo suficientemente perceptivos como para sentir esa diferencia mucho antes de poder ponerle nombre. (I)

Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.