“No tengo nada que ponerme”. Cuántas veces hemos repetido esta frase frente a un clóset lleno de ropa, convencidas de que no hay opciones, de que nada funciona. Esa sensación de frustración se repite al despertarnos y caminar hacia el armario para encontrarnos siempre con las mismas prendas, hasta caer en la suposición de que necesitamos comprar algo nuevo (otra vez).
¿De verdad no tenemos nada que ponernos o simplemente no sabemos qué tesoros se esconden en el fondo de nuestro guardarropa? “Mira con nuevos ojos lo que ya tienes”, recomienda Rosario Diz, asesora de imagen, fundadora y directora de Latin Fashion Management. Hacer un détox o una limpieza de la ropa no es solo una tarea, es un proceso creativo y una reconexión contigo misma. Nos permite liberar espacio y encontrar nuevas formas de expresar nuestra personalidad, alineando lo que vestimos con quienes somos hoy y hacia dónde queremos ir. Porque, como señala Maite Vasconzes, diseñadora y asesora de imagen, “un buen clóset no es el más completo, es el más honesto”.
Cuando una prenda deja de representarnos, no solo pierde sentido en nuestro armario, también ocupa un espacio físico y emocional que ya no acompaña la etapa en la que estamos.
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Pensar el restart del clóset como un ritual ayuda a quitarle peso y devolverle sentido. Como personas, estamos en constante cambio, evolucionan nuestros estilos, nuestras rutinas y nuestros objetivos. Por eso, este proceso puede convertirse en un espacio de conexión y autoconocimiento. Pon música que te inspire, prepara algo rico para tomar y date el tiempo de mirarte con honestidad. Lo ideal es sacar absolutamente todo, empezar desde un espacio en blanco y permitirte jugar.
Probarte las prendas sin juicio, reconocer cuáles te quedan bien hoy, cuáles ya no corresponden a tu talla o a tu momento y soltar, no como un castigo, sino como la apertura de un nuevo camino.
En ese recorrido, separar las prendas por color puede ser una herramienta reveladora. Divide los tonos en cálidos —amarillos, rojos, beige—, fríos —azules, verdes—, grises y negros. Al agruparlos se ordena el clóset y se vuelve más fácil identificar qué colores iluminan el rostro, realzan el tono de la piel y potencian el brillo natural de cada persona.

Este ejercicio es un momento muy personal. Al final, a quien le tiene que gustar la ropa y con quien realmente importa sentirse cómoda y segura, es con una misma. Vasconzes asegura que “el clóset no responde a reglas externas, responde a quién eres tú”. Por eso, inspirarse en distintos estilos puede ser un punto de partida, pero no un molde a seguir. Mirar referencias, guardar imágenes y explorar estéticas ayuda a entender qué nos atrae, pero el verdadero ejercicio está en reinterpretarlas desde lo propio. Adaptar, mezclar y recrear esas ideas con lo que ya tenemos, hasta que se sientan auténticas y personales.
Una vez que el clóset se depura y queda solo aquello que realmente usarás, empieza el paso más interesante del proceso: aprender a verlo de otra manera…
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