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¿Malas energías? Un baño herbal podría ser la respuesta

Agua caliente, hierbas amargas y dulces, vapor y silencio. Los baños herbales reaparecen este fin de año como una práctica para limpiar el cuerpo y aquietar la mente.

Por Daniela García Noblecilla

Baños Herbales — Freepik

Cerrar un ciclo no siempre ocurre en silencio. En muchas culturas de América Latina, el fin de año se despide con agua caliente, hierbas aromáticas y un gesto profundamente simbólico: dejar ir lo que pesa para abrir espacio a lo nuevo. Los baños herbales —práctica ancestral que atraviesa mercados, spas y hogares— resurgen cada diciembre como un ritual íntimo de limpieza energética, corporal y emocional.

¿De qué se tratan estas prácticas de bienestar?

Son infusiones de plantas medicinales, amargas y dulces, que se usan para limpiar el cuerpo y el campo energético. Su uso no es reciente ni exclusivamente espiritual. Estudios etnográficos documentan su aplicación terapéutica en distintos pueblos de América Latina. En la Mixteca Alta de México, por ejemplo, los baños de vapor (como el temazcal) son importantes en el posparto porque restauran el “calor” y la “humedad” que, según la cosmovisión local, la mujer pierde durante el parto. En Ecuador, investigaciones etnobotánicas de diferentes universidades del país identifican más de 60 especies de plantas usadas en limpiezas tradicionales, valoradas por sus efectos relajantes, depurativos y protectores.

¿Por qué se hacen en fin de año?

Porque el cuerpo también acumula el año vivido. “Todo el tiempo vamos cargando energías negativas, del trabajo, de la familia, de la gente”, explica Emma Lagla, cuarta generación de yerbateras y propietaria de El Secreto de las Plantas, en el Centro Histórico de Quito. Para ella, el baño de fin de año es distinto: “primero usamos hierbas amargas para sacar lo malo y luego las dulces para atraer lo bueno”. ¿Es un cierre consciente? Ella dice que sí, un reinicio simbólico que se apega a estas fechas.

Las hierbas amargas —como la ruda, la ortiga, el eucalipto o el chinchín— se asocian a la limpieza y a la expulsión de energías densas. Las dulces —manzanilla, hierba luisa, albahaca o rosas— se usan para armonizar, atraer calma, amor y prosperidad. En algunos rituales se incorporan elementos como ajo, limón, canela, leche o flores, dependiendo de la intención.

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Lagla detalla su ritual en pasos: primero la ortiga, luego las hierbas “saca sales”, después las energéticas y, al final, las flores. “Cada año preparo un baño distinto. Estudio, reviso libros y, según eso, diseño el ritual para el nuevo ciclo”. Prácticamente todas las investigaciones coinciden en que estas plantas no suelen generar efectos negativos, aunque se recomienda evitar su uso en casos de embarazo, alergias específicas o enfermedades avanzadas. En los mercados y spas, las expertas suelen preguntar por el estado físico y emocional de la persona antes de preparar este ritual.

En el mercado de Santa Clara, en Quito, entré a uno de los cuartos donde se realizan las limpias. El espacio era pequeño, tibio, con olor a hierbas frescas y humo leve de sahumerio. La curandera adapta el ritual a lo que cada persona busca —protección, trabajo, salud o amor— y me indicó cómo colocar el cuerpo, mientras murmura rezos que aprendió de otras mujeres antes que ella. “Una limpia al mes es necesaria”. Sobre mi cuerpo pasaron ramos de hierbas, huevos, velas encendidas. El sonido es mínimo. La intención es equilibrar el cuerpo y el espíritu, soltar el “mal de ojo” o el susto y salir con una sensación de ligereza difícil de nombrar, pero imposible de ignorar.

Para hacerlo en casa, esta experta recomienda llevar hierbas amargas, hierbas dulces y un elemento simbólico —champagne, flores o velas— según lo que se desee atraer. La tradición también se adapta a espacios contemporáneos. En Ocean Spa, los baños herbales se realizan en jacuzzis privados, individuales o en pareja. “La ruda limpia el aura, el eucalipto despeja, la manzanilla calma”, explican a Harper’s BAZAAR Ecuador. El ritual incluye hierbas dulces y amargas, aromaterapia y, en algunos casos, un masaje previo para relajar el cuerpo antes de la limpieza energética. 

“A fin de año la demanda crece. La gente quiere empezar limpia, con el pie derecho”.

Teresa Garrido, especialista en terapia holística en Jardín Lodge & Spa, señala que el punto de partida es entender al ser humano como un todo. “Somos cuerpo, mente y espíritu. Cuando no hay armonía entre los tres, el cuerpo físico es el primero en avisar, a través del dolor o el cansancio”. Desde su experiencia, las duchas herbales cobran especial sentido al cierre del año porque invitan a detenerse y a cerrar ciclos. “Todos buscamos paz mental, tranquilidad y sentir que tenemos control sobre nuestra vida. Al terminar un año es importante dejar atrás lo que no funcionó, agradecer los aprendizajes y abrirnos a lo nuevo”. Entre las prácticas que recomienda está escribir en una hoja todo lo negativo del año que termina, hacer las paces con eso y soltarlo conscientemente.

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En Jardín Lodge & Spa, estos espacios se realizan en formato de baño de cajón y utilizan plantas de la Sierra y la Amazonía ecuatoriana como ajo de monte y matico. “El calor permite que las plantas liberen su principio activo. Los poros se abren y esas sustancias entran al cuerpo, ayudando a eliminar toxinas de la sangre y a limpiar también el campo energético”.

“El domingo es ideal para limpiezas energéticas; el jueves, para procesos de sanación. Todo se personaliza”, afirma Garrido. Pero hay un factor que atraviesa cualquier ritual: la intención. “Sin esta nada funciona. Hay que creer, decretar y pensar lo que queremos atraer”. Es decir, los baños herbales nos detienen para escuchar a nuestro cuerpo y despedir el año con intención. No prometen milagros, pero sí algo más sutil y necesario, un momento de pausa, calor y conciencia. En un mundo acelerado, tal vez ahí radica su verdadero poder. (I)