Salud

Todo lo que me ayudó a atravesar la quimioterapia

Tras un diagnóstico inesperado, la exdirectora de estilo de Harper’s BAZAAR se apoyó en las cosas que ama para sobrellevar el tratamiento.

Por Joanna Hillman

joanna hillman

De muchas maneras, pude vivir mis sueños como directora de estilo de Harper’s BAZAAR. Durante 12 años viajé por el mundo para estilizar portadas de celebridades y producciones de moda; y para colaborar con fotógrafos a los que admiraba desde hacía tiempo. Pero cuando llegó la pandemia y mi esposo y yo decidimos mudarnos de Nueva York con nuestros dos hijos pequeños por un período indefinido, resolví centrar toda mi atención en ellos.

Mientras tanto, llevaba años lidiando con problemas intestinales persistentes. Hice todo lo que correspondía: colonoscopías, endoscopías, incontables análisis de sangre y de materia fecal. Consulta tras consulta, sin respuestas. Mi gastroenterólogo principal decía: "Esperemos y veamos", ya que en los resultados no aparecía nada alarmante. Empecé a sentirme como una hipocondríaca, hasta que mi médica, especializada en salud intestinal, Elena Ivanina —a quien descubrí en Instagram—, sugirió realizar una resonancia magnética con contraste en junio de 2025. El estudio reveló una masa grande en el apéndice y tuve que someterme a una apendicectomía de inmediato. Por fin, una explicación de por qué llevaba tanto tiempo sin sentirme bien. Estoy profundamente agradecida de haber escuchado a mi intuición.

Cortesía de Joanna Hillman.

Esperar las cuatro semanas que tardó en llegar el informe de patología fue una tortura. Y entonces recibí la noticia que nadie quiere escuchar: el tumor era un linfoma agresivo de células B de alto grado. Tenía que comenzar quimioterapia de inmediato. Sí, me dijeron, que iba a perder el pelo. No sería un paseo. Pero el pronóstico era bueno si completaba el tratamiento. Aun así, caí de rodillas. Mis prioridades se reordenaron en un instante.

En esos primeros días del verano, al pensar en mis hijos pequeños, sentía el pánico recorrerme el cuerpo. Pasaron algunas semanas hasta que todo terminó de asentarse y pude impulsarme a cambiar el enfoque para aliviar la ansiedad. Me reuní con mis oncólogos del Memorial Sloan Kettering. Investigué cuáles eran los alimentos con mayor poder anticancerígeno y más fáciles de digerir durante la quimioterapia; y me puse en contacto con el equipo de medicina y nutrición del hospital para recibir orientación. Pedí turnos de terapia y programé las infusiones. Bajé drásticamente el ritmo. Empecé a meditar. Me concentré en dar un paso a la vez, en lugar de vivir apurada constantemente.

La ansiedad habita en el futuro y yo hice todo lo posible por quedarme en el ahora. "La única salida es atravesarlo" se convirtió en mi mantra, cortesía del poeta Robert Frost —aunque, en realidad, llegó a mí a través de una amiga que lo citó durante nuestra primera llamada, cuando me habló de su propia experiencia con la quimioterapia.

En medio de mi propia niebla emocional, llevaba un tiempo sin publicar nada en Instagram. Cuando finalmente decidí compartir mi diagnóstico, pensé que solo lo vería mi círculo cercano y que entenderían por qué había estado ausente o por qué andaba con una ridícula sombrilla con protección UV. Pero la publicación superó las 600.000 visualizaciones. El mensaje de apoyo de completos desconocidos me conmovió profundamente. Claramente, no estaba sola. Me llegaron innumerables mensajes de aliento y relatos sobre cómo “la palabra con C” ha impactado a tantas personas. Fue un recordatorio poderoso de lo conectados que estamos.

Cuando el cabello empezó a caerse, pedí turno con una fabricante de pelucas. Después de la primera ronda de quimioterapia ya había perdido bastante pelo; y quería tener una red de contención para sentirme “yo misma” si lo necesitaba a medida que avanzaba la caída. Pero resultó que ese “yo” se sentía muy distinto, transformado. No quería ocultar lo que estaba atravesando. Se sentía como una medalla de honor. Unas semanas después, sorprendí a mi familia cuando, de manera espontánea, decidí hacerme un corte bob dramático que nunca antes me había animado a llevar. En ese momento, tomar el control con mis propias manos se sintió increíble.

Cortesía de Joanna Hillman.

A medida que atravesaba las sesiones de quimioterapia —que iban llevándose cada vez más de mi cabello y de mi energía—, empecé poco a poco a recuperar el control en microdosis. Organicé para que mi familia y algunos de mis amigos más cercanos me acompañaran a los tratamientos. Aunque me pasé un poco con el Benadryl, fueron, curiosamente, los momentos más divertidos de cada mes. El R-CHOP, la combinación de fármacos que recibía, se sentía como contraer una gripe extraña cada 21 días. Tomaba mi cuerpo de distintas maneras —siempre cambiante—, pero en general pude funcionar con bastante normalidad. Celebré pequeñas victorias: llevar a mis hijos al colegio, salir a caminar con amigas, saltar en mi nueva mini cama elástica o cocinar para mi familia.

También descubrí el concepto del joy grab: si de repente me sentía bien, llamaba a una amiga para vernos. Cuando estás inmunodeprimida, es fácil aislarse, pero mantenerme conectada con la familia que uno elige me ayudó a no caer en la oscuridad.

El autocuidado se volvió fundamental para mi salud mental. Rituales simples pero poderosos; y ciertos productos, me ofrecían pequeños alivios que con el tiempo se acumulaban: una ducha caliente, una crema corporal lujosa (¡la piel se reseca muchísimo!), un aceite facial aromático, un suéter de cachemira acogedor. Para mi cumpleaños, mis amigas más cercanas organizaron una “fiesta de pañuelos” en la que cada una me regaló uno especial. Volví a divertirme con la ropa y, como era de esperarse, eso alivianó mi ánimo. Como dijo célebremente Diana Vreeland: "Hay que tener estilo. Te ayuda a bajar las escaleras. Te ayuda a levantarte por la mañana". Nunca había entendido cuán cierto era.

Para mi cuarta ronda de quimioterapia, el 4 de noviembre, decidí usar labial rojo. En mis años en BAZAAR, los labios rojos eran mi sello, y aunque casi no me quedaba pelo y tenía ojeras marcadas, quería honrar ese momento de alguna manera. Cuando ese día, en el hospital, me dieron la noticia de que sería mi última sesión, me sentí triunfante y profundamente orgullosa de haber llegado hasta ahí: por mí, por mi familia y por todas las personas que estaban atravesando lo mismo. Fue aún más especial porque mi mamá estaba conmigo. En el MSK hay una campana llamada call for courage que se toca al terminar la última ronda de quimio; la hice sonar con gratitud. Sé lo afortunada que soy por la atención que recibí y por las personas en mi vida que me han cuidado con tanto amor.

Cortesía de Joanna Hillman.

Recientemente, le pedí a mi familia que me rapara la cabeza. Borrón y cuenta nueva. Nuevos comienzos. Tal vez mis sentimientos cambien dentro de unos meses, pero ahora mismo estoy en paz con mi cabeza rapada.

Una amiga, cuyo familiar atravesó un camino similar al mío, me dijo que la parte más difícil —de la que casi nadie habla— llega cuando termina la quimioterapia: cuando el cuerpo está tan agotado por las rondas acumuladas que lleva tiempo volver a sentirse “normal”. Tengo algunas estrategias que empezaré a implementar pronto para desintoxicarme de todo el proceso y manejar la scanxiety persistente —cosas con las que fui cautelosa durante el tratamiento, como las saunas infrarrojas, un gorro de luz roja de mayor intensidad para estimular el crecimiento del cabello, la acupuntura y los baños con sales de Epsom. También seguiré siendo más consciente a la hora de elegir productos de belleza más limpios.

Dicen que el cáncer te cambia. Antes pensaba que eso significaba para peor. Ahora entiendo que el verdadero regalo es tomar conciencia de tu propia mortalidad para no desperdiciar ni un minuto más de esta vida tan hermosa. He tenido la fortuna de vivir muchas vidas adultas: como editora de moda enfocada en su carrera, como madre dedicada, como paciente oncológica. Ahora miro hacia adelante, con ganas de descubrir qué viene después. (I)

Este artículo fue originalmente publicado en Harper's BAZAAR Estados Unidos.