La marca surgió en 2016 y se relanza formalmente en 2019, bajo la visión de Mireya Gómez de Torre. La pandemia fue un punto de inflexión: lejos de simplificarse, la diseñadora apostó por piezas más escultóricas, sofisticadas y conceptuales, consolidando una identidad clara. Taarach parte de fajas otavaleñas pensadas para integrarse en el día a día. “Todos mis productos empiezan como un cinturón, pero se vuelven versátiles”, explica la diseñadora a Harper’s BAZAAR Ecuador. Esta libertad de uso es su diferenciador: piezas que no se cierran a una sola función, sino que invitan a quien las lleva a reinterpretarlas, según su estilo y su necesidad.
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Aunque su lenguaje es contemporáneo, el trabajo con artesanas otavaleñas y el respeto por su técnica siguen siendo fundamentales. Para Gómez de Torre, reconocer su oficio y preservar su saber ancestral es parte esencial del proceso.
“Siempre van a pasar por su etapa de cinturón porque respetar la artesanía es parte de la esencia de Taarach”.
Su principal productora es la “señora Rebeca”, quien además cumple un rol clave en la selección de colores y materiales. Gómez de Torre relata que ambas recorren esa búsqueda de inspiración. Un proceso compartido que es el inicio de cada pieza y que prioriza la libertad creativa de las tejedoras.
Todas se elaboran en telares de madera, preservando técnicas ancestrales. En promedio, el tejido de 20 metros de faja en telar manual toma entre cuatro y cinco días. Una vez finalizado, el material es entregado a Mireya Gómez de Torre, quien inicia la etapa de diseño y personalización de cada pieza.
El proceso se vuelve una experimentación, con combinación de colores, tamaños y elementos que transforman la faja en un “objeto actual”. “Pongo un cordón de algodón interno y luego —a algunas piezas— les hago trenzas. En otras añado diferentes tipos de tiras o combino una faja gruesa con una más delgada. Todo se va transformando, según lo que me inspira o lo que siento que la pieza necesita”.
Pensados para ir más allá de un accesorio convencional, los cinturones de Taarach pueden transformarse en carteras, tops o straps para bolsos, ampliando sus posibilidades de uso. Para guiar al usuario, comparten videos explicativos en sus redes sociales y, en algunos casos, incluyen una guía.
“La gente ya los puede usar de diferentes formas y adquieren un mayor valor”.
Taarach Design se ha presentado a través de tres colecciones: Universos entrelazados, Cocoon y Captive. La más reciente fue presentada, el pasado jueves 11 de diciembre, en una pasarela en la Mitad del Mundo, en Quito. Estos desfiles dialogan con Ampersand, la otra marca de Mireya Gómez de Torre, enfocada en prendas de vestir, producidas 100 % en Panamá.
“Dado que no conseguí a nadie que pudiera apoyarme con el estilismo, empecé a hacer la ropa”, explica la diseñadora. En esta última presentación, el desfile contó con 10 looks en total: cinco integrando los cinturones de Taarach y cinco dedicados exclusivamente a mostrar las prendas de Ampersand, un decisión alineada con su filosofía slow fashion.
Actualmente, tienen presencia en Quito a través de The Designers Society. A nivel internacional, forman parte del concept store Shop Origen, en Miami; han participado en Lone Design Club, en Londres; y en distintos pop-ups en Panamá y Guatemala. Los cinturones tienen un precio promedio de US$ 200, que varía según la anchura, el tejido y los detalles de cada pieza, llegando a costar hasta US$ 460.
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La talla es única y funciona a través de un sistema de ganchos que permite ajustar a distintas siluetas, facilitando el proceso de compra y ofreciendo libertad al momento de elegir. Parte de su desafío está en educar al mercado para que aprenda a valorar estas técnicas textiles. Por ello, se enfoca en una clientela que aprecia el trabajo, las historias y la singularidad de los tejidos. “Las fajas pueden encontrarse en muchos mercados de Latinoamérica, pero la combinación entre mis diseños y el oficio otavaleño es lo que hace único a Taarach”, concluye Gómez de Torre. (I)