Hay momentos en la vida en los que algo empieza a no encajar del todo. El camino elegido ya no es el que realmente te mueve. Reconocerlo no es un fracaso, lo verdaderamente decisivo es tener la tenacidad de escuchar y atreverte a buscar eso que sí despierta tu pasión. Eso fue lo que hizo Beatriz de los Mozos cuando decidió tomar las riendas de su historia y dar un giro inesperado.
Nacida en Valladolid, en el norte de España, Beatriz se formó como abogada y ejerció durante muchos años. Pero con el tiempo se dio cuenta de que esa vida no la llenaba por completo. Fue entonces cuando aceptó un trabajo en una startup en Londres y, sin buscarlo, encontró su escuela. Entendió cómo una empresa puede nacer desde cero, encontrar su camino y crecer con estrategia. Ese aprendizaje sería clave para lo que más tarde construiría con su propia marca, Flabelus.
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La idea tomó forma desde algo muy concreto. Partió de un zapato que siempre le había gustado y que usaba con frecuencia, las valencianas. Le atraía su estética y su historia, pero también tenía claro que era un producto que todavía no viajaba del todo, que no funcionaba igual en todos los contextos ni respondía a lo que ella buscaba en términos de comodidad. Decidió entonces hacerlo suyo. Tomar esa referencia clásica y transformarla desde la base, reforzar la estructura, añadir un poco más de estabilidad, dar algo de altura y, sobre todo, pensar en la comodidad como eje central. A partir de ahí vinieron las pruebas, los ajustes y los primeros diseños, hasta dar con un zapato que realmente funcionaba. Cuando lo tuvo claro, decidió lanzarlo al mercado en 2020.

Empezar un negocio puede ser, para muchos, un escenario incierto. Para Beatriz, en cambio, era todo lo contrario. La ausencia de reglas, de procedimientos establecidos y de caminos marcados fue precisamente lo que hizo que el proyecto tuviera sentido. Como ella misma lo confiesa a Harper’s BAZAAR Ecuador: “es un poco caótico y en ese caos es donde puedo vibrar”.
La respuesta fue inmediata. Desde el primer mes de lanzamiento del sitio web, Flabelus ya vendía en más de 20 países. Fue —en ese momento— cuando esta española entendió que el proyecto tenía un potencial real y decidió dejar su empleo para apostarlo todo. Tenía 28 años y una convicción clara: “si pruebo, pruebo con todo”.
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Para Beatriz, la hiperconectividad actual borró las fronteras, el mundo funciona como un todo. Esa mirada global explica, en gran parte, el crecimiento sostenido de la marca desde el año de pandemia, así como la rapidez con la que Flabelus fue ganando presencia, conocimiento y comunidad en distintos territorios.
Desde el inicio, se construyó con la artesanía como núcleo, la alianza con mujeres como pilar y la sostenibilidad como compromiso, asegura esta emprendedora. Escalar nunca significó renunciar a lo hecho a mano, sino encontrar la forma de protegerlo, fortalecerlo y hacerlo crecer. “Hemos conseguido escalar un proyecto artesanal sin cambiar esa forma de producir”. Hoy, cada par sigue realizándose con la misma técnica, como en el principio, en su propia fábrica ubicada en Alicante.

Flabelus cuenta con cerca de 290 personas contratadas de forma presencial y el 98 % son mujeres. De ahí nace una de las grandes luchas que la fundadora ha querido defender desde el inicio: crear un entorno laboral real, sólido y con oportunidades, donde la artesanía y el rol femenino crezcan de la mano.
Los zapatos están elaborados en algodón 100 %, un material natural que permite que el pie esté fresco, sea lavable y no contenga ninguna sustancia tóxica. No se trata de una decisión estética, sino de una elección consciente que responde tanto al uso real del producto como a los valores que quieren sostener a largo plazo. A estos pilares se suma el intercambio cultural porque la Flabelus adapta sus tiendas, su forma de comunicarse y sus experiencias al lugar donde se encuentra, entendiendo cada país y cada ciudad como una comunidad distinta. Esa cercanía con el cliente permite construir vínculos más fuertes y dar sentido a una marca que se piensa global, pero se vive de manera local.
Todo esto ocurre dentro de un mundo mágico. Cada año, eligen un personaje que inspira las colecciones y alrededor del cual se construye una historia. Este 2026, la inspiración llega de la mano de Dorothy, protagonista de El mago de Oz, reforzando ese storytelling que convierte cada zapato en algo más que un objeto, una pieza con relato, identidad y emoción.
Este universo narrativo encontró en Ecuador un terreno especialmente receptivo. Aunque la llegada de la firma al país fue progresiva, el interés creció de forma orgánica, impulsado por un público cada vez más atento al diseño, la artesanía y las propuestas con identidad. Flabelus puede encontrarse en Quito, Guayaquil y Cuenca, a través de tiendas como: Unity Stores, Trébol Concept, Insólito y Bucket. En el mercado internacional, los precios de Flabelus rondan desde los US$ 120 hasta los US$ 185, según el modelo y los materiales.
A nivel local, algunos diseños se han posicionado como claros favoritos. Los Mary Jane, los modelos de terciopelo, y los Isabela destacan entre los más buscados. “El mercado ecuatoriano también innova”, señala Beatriz, destacando la apertura del público local a probar nuevas propuestas. Espera abrir más puntos de venta en el país, entendiendo su llegada no solo como un tema comercial, sino como una parte activa de esa comunidad global que están construyendo. (I)