ISABELLA SALVADOR

Hay personas que no eligen su vocación, pero Isabella Salvador pertenece a ese grupo que sí elige. A los tres años ya combinaba su ropa con una intuición que desconcertaba a los adultos y podía elegir telas con una noción que nadie le había enseñado. Esa niña que vendía sus dibujos en el colegio y que a los 10 años diseñó su propio vestido de primera comunión —con manga bombacha, corte midi y accesorios a juego cuando todas las demás llevaban encajes hasta el piso—, es hoy una de las diseñadoras ecuatorianas más reconocidas de su generación. 

“Nunca tuve dudas. Desde los tres años fui confirmando cada vez más las ganas de dedicarme a esto”.

Estudió diseño de modas en Eurodiseño, se graduó en 2009 y viajó a Buenos Aires a cursar producción de moda en la Universidad de Palermo, donde además estudió diseño de calzado y se certificó en maquillaje. Más tarde cruzó el Atlántico para hacer una maestría en fashion styling en Madrid. Cada etapa sumaba una herramienta para entender la moda entera, no solo una parte. 

ISABELLA SALVADOR
Foto: cortesía. 

Esta guayaquileña desde 2007 confeccionaba vestidos de graduación para sus amigas, coordinando citas por Skype desde Argentina y acompañando a sus clientas a elegir las telas cuando volvía de vacaciones. Organizaba la agenda, iba con cada clienta al almacén, compraba los materiales, los diseñaba y los entregaba. Después fue asistente de producción en una revista local, pero el mercado le habló primero. En noviembre de 2014 encontró su espacio físico, lo remodeló y en enero de 2015 lanzó oficialmente su marca con una colección inspirada en su luna de miel en San Petersburgo, bautizada The Golden Blood of St. Petersburg. “Me encanta estudiar las colecciones, que tengan un fondo, una historia”.

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Desde entonces construyó una identidad clara: femenino, elegante y atemporal. El 95 % de su trabajo son novias y el universo que las rodea —las hermanas, las madrinas, las mamás—, porque en su filosofía quien encarga un vestido a medida lo hace porque ese momento merece algo que no se puede comprar en ninguna tienda. 11 años y 2.412 vestidos después, esa convicción no ha cambiado. Tampoco su forma de trabajar. Salvador diseña para la persona que tiene enfrente, adaptando cada pieza a quien la lleva. 

“Nunca lo pensé con un signo de dólar. Lo veo como esa pasión que me ha llevado de una crisis a otra”.

El capítulo que puso a Salvador en el mapa internacional llegó de una forma que pocos hubieran imaginado y casi lo pierde por considerarlo spam. Cuando una organización de París comenzó a escribirle para invitarla a desfilar en la semana de la moda de París, ella ignoró los mensajes. La experiencia de haber perdido su cuenta de Instagram años atrás la volvió desconfiada. Fue solo cuando verificó en la página de la organización que diseñadores de trayectoria internacional habían participado, y cuando uno de ellos le confirmó todo por FaceTime, decidió dar el salto. Lo que siguió fue un mes de trabajo sin precedentes: 10 piezas, casi sin dormir y una inversión total que ascendió a US$ 41.000. Su esposo, en 2024, se convirtió en su jefe de prensa improvisado, llamando a canales y a revistas para que cubrieran la noticia. 

ISABELLA SALVADOR
Foto: cortesía. 

La colección que nació de esa presión se llama Etérea. Salvador encontró el nombre en una obra de ballet clásico: Giselle. Siempre fue fanática de este arte —su estructura, su romanticismo, la rigidez perfecta de cada movimiento—, y supo que quería que esa energía atravesara cada pieza. Investigó durante semanas, leyó libros físicos, vio horas de grabaciones históricas, rastreó el origen de la danza clásica. La colección tomó forma alrededor del corsé, el tul, las transparencias y las plumas. Buscaba provocar en el espectador se quedara sin aliento. Incluso encargó una canción original para el desfile, fusionando música de ballet clásico con beats electrónicos. 

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La última pieza, el vestido Juliet, fue la más difícil. Esta creativa la rehízo más de 12 veces sin encontrar la forma. Hasta que un día vio la tela enrollada por accidente en el cuello del maniquí y entendió que el contraste entre ese volumen y la caída del vestido era exactamente lo que buscaba. Esa prenda terminó siendo la que más circuló en redes después del desfile, cuando la deportista ecuatoriana Kiara Rodríguez lo lució públicamente para los Laureus World Sports Awards 2026. 

Para terminar, le pregunto cómo quisiera ser recordada en 20 años. No lo piensa mucho: “como alguien que amó lo que hacía, que fue fiel a sí misma y que lo trabajó. Mi marca esperó 10 años para llegar a París. Hay que cambiar “manifestar” por trabajar duro". (I)