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Recuerdo cómo me sentí la primera vez que vi el álbum visual de Beyoncé de 2016, Lemonade. Me acurruqué sola en una silla en mi habitación, a unos dos metros del televisor. Estaba absorta. No recordaba una época en la que me hubiera sentido tan atrapada por una colección de música. Esto era catártico, radical, rebelde, romántico, político y personal. Estaba viendo a una mujer lidiar con el amor y la pérdida, con el engaño, los juegos de poder y la fama. También era una obra maestra de la moda moderna. Cada abrigo de piel, cada hoodie, cada conjunto con monograma de Gucci y cada body de encaje de principios de siglo decían algo importante. Este fue el álbum que llevó el "slay" (término coloquial en inglés, que significa hacer algo increíblemente bien) al mainstream y la ropa de Beyoncé subrayó esa idea de abrazar una confianza desenfrenada y sin disculpas.

Mientras Lemonade cumple 10 años, no puedo dejar de volver a la imagen abrasadoramente gloriosa de Beyoncé emergiendo de un edificio inundado, luego saltando por la acera de la ciudad con tacones de plataforma, mientras empuña un bate de béisbol, con una enorme sonrisa en su rostro impecable. Balancea el bate mientras desfila junto a bodegas y escalinatas. Rompe las ventanas de un carro y lleva un vestido de volantes en capas color mostaza de Roberto Cavalli, cuya tela transparente y vaporosa gira y ondea mientras derriba la tapa de una boca de incendios.

El vestido (que se convirtió en un meme instantáneo, con fans llamándolo el vestido de la venganza definitivo) fue diseñado por el entonces director creativo de Cavalli, Peter Dundas, quien lo presentó por primera vez en la pasarela otoño 2016 en Milán. "Ella siempre transforma la ropa en algo mucho más grande", dijo Dundas a Harper's BAZAAR. Ahora al frente de su propia marca, Dundas, y haciendo algunas consultorías de diseño, mencionó que ha estado colaborando con Beyoncé desde principios de los años 2000, pero este momento se sintió particularmente como “destino”. 

Fue en realidad B. Akerlund, esposa del director de Lemonade Jonas Akerlund, quien eligió el vestido amarillo para "Hold Up". Según recuerda Dundas, fue por casualidad que la inspiración detrás de su colección otoño 2016 encajó dentro del universo narrativo de Beyoncé para esta canción en particular. "Era mucho sobre la combinación de estas criaturas independientes. Llamamos a la colección 'Las Brujas'. Eran paganas, fuertes y sensuales; y había esta feminidad sin disculpas".

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Aunque gran parte de la prensa y el Beyhive (fanaticada) se refirieron al look como clásicamente bohemio en estilo, Dundas aún lo ve de manera un poco diferente. "Cuando piensas en lo bohemio, también hay esta independencia emocional, lo que es realmente importante. Se trata de no tener miedo a la suavidad. Así es como empecé la colección, pensando en casi este espíritu pagano, independiente de todo, pero con poder. Creo que el vestido posee la misma dualidad. Es fluido y frágil, pero es imponente, tanto por el color como por el volumen".

Foto: Victor Boyko, Getty Images
Foto: Victor Boyko. Getty Images.

Si la Princesa Diana nos hizo hablar del vestido de la venganza en los años 90 (el suyo era un pequeño y ceñido vestido negro sin hombros diseñado por Christina Stambolian, y llevaba un discreto bolso negro en lugar de un bate), le debemos a la Reina Bey haber hecho que el concepto se volviera viral en la era de las redes sociales. Los clips de ese volátil vestido amarillo han sido etiquetados y compartidos millones de veces, a menudo por mujeres que expresan una rabia o frustración justificada, o que celebran un triunfo. Kim Kardashian rindió homenaje al video en su programa All's Fair, mientras que varios comediantes lo han parodiado con cariño. El octubre siguiente al lanzamiento de Lemonade, la temporada de Halloween estuvo llena de disfraces con vestido amarillo y bates de madera incluidos.

Las imágenes de "Hold Up" capturaron algo visceral y emocional sobre el vestido de la venganza, algo que podría decirse que es más orientado a la acción que la sesión fotográfica de la Princesa Diana. Ese vestido amarillo se abrió paso de forma ondulante en la cultura y en la psique de las mujeres de todo el mundo porque decía que estabas del lado de Beyoncé, pero también del tuyo propio, pase lo que pase. ¿Tu pareja te fue infiel? Ponte un sujetador negro, un glamoroso vestido transparente, joyas grandes y agarra un objeto pesado. Como cantó Beyoncé: "Look in the mirror". 

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Más allá de la dicotomía entre la bella silueta y el accesorio destructivo, el color del vestido jugó un papel fundamental en el poder visual. El amarillo ha sido durante mucho tiempo una firma de Dundas, quien se siente atraído por el hecho de que "es solar, es positivo, es fuerte". Cree que tiene una energía distinta, una que se siente y se ve vibrante, pero que tiene una suavidad. Esa combinación encajaba con la vibra libre y sin filtros de Beyoncé en el video. "Creo que siempre ha tenido esta increíble capacidad de encarnar la vulnerabilidad y el poder al mismo tiempo —dijo Dundas—. Y cuando eso funciona junto con la ropa es oro. Cuando dices que era un vestido de la venganza, creo que era más sobre recuperar el poder". 

¿Es el vestido amarillo de Roberto Cavalli de Beyoncé el vestido de la venganza más poderoso de todos los tiempos? No. Es un slay.

Este artículo fue originalmente publicado en Harper´s BAZAAR Estados Unidos.