Aunque José Feijóo nació en Loja, en un valle rodeado de montañas, su brújula siempre apuntó hacia el mar. Este ecuatoriano de 42 años recuerda que ese encanto por la costa inició con su madre. De niño, los fines de semana estaban reservados para una especie de ritual doméstico. Por la mañana se sentaban juntos a ver los documentales de National Geographic. Ahí, frente a la pantalla, aparecieron los primeros tiburones, ballenas y bancos de peces que lo dejaron asombrado. Esa sensación luego se transformó en un sueño: ser cineasta submarino.
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Con eso en la cabeza, tomó una decisión poco común: mudarse a la costa para estudiar Biología Marina en la península de Santa Elena. "Tracé un plan: estudiar para entender al océano y a la biodiversidad, trabajar para el Gobierno en conservación y áreas protegidas, y después en una ONG. Todo con el objetivo de tener una hoja de vida competitiva para llegar a Galápagos. Mi plan funcionó, llegué a las islas", cuenta con una sonrisa. En 2015 fue aceptado en una reconocida fundación como biólogo y, por un momento, pareció haber llegado al lugar soñado.
Ahí Feijóo se dio cuenta de dos cosas. Por un lado, se encontró con la gente que siempre había admirado en la esfera científica y, al mismo tiempo, con luchas de egos y una cultura del "yo" por encima del propósito. "Eso me impactó porque me di cuenta de que yo no quería ser ese tipo de persona". Trabajó un año y luego decidió renunciar. Aunque su salida no significó abandonar su compromiso. Lo obligó, más bien, a preguntarse cómo seguir conectado con la naturaleza desde otro lugar, lo que desembocó en un proyecto propio.


Al inicio lo imaginó casi como un trámite. Pensó que pasar de la ciencia al emprendimiento iba a ser sencillo, "casi un ABC", en sus propias palabras. Pero en cuanto empezó a meterse de lleno se dio cuenta de que crear un negocio era igual o más complejo que entender un ecosistema. Incluso consultó en internet. "Googleaba cómo se construye uno. Ahí me decían que si quiero dejar mi carrera, mi vida profesional, tengo que enfocarme en algo que me apasione de verdad, para invertirle la energía necesaria".
En esa reflexión recordó también que en el colegio le encantaba crear camisetas, tejidos y sweaters, aunque lo había dejado por prejuicios. Juntó esa pasión del pasado con el mar para crear una línea de ropa. "En ese momento no existían marcas con propósito, más que Patagonia. Yo era la persona que quería salvar el océano. Mi propósito fue explícito: quería proteger a los tiburones porque en mi carrera entendí su importancia en el ecosistema".
Empezó a hacerse preguntas de biólogo, pero aplicadas a la moda: quién es exactamente la persona que ama el océano y cómo se viste. En toda su trayectoria como estudiante y profesional en la costa nunca había encontrado una marca que lo representara. Había ropa para surfistas, para montañistas, pero no para ese perfil raro de biólogo, buzo o conservacionista.
"El nicho era yo", concluye.
Feijóo arrancó con una tienda pequeña de 30 m² y una cápsula inspirada en los Sea Shepherds, una ONG internacional dedicada a la conservación marina que él admiraba. Así nació Darwin+Wolf en 2017. Su primer lanzamiento fueron pocas piezas, entre camisetas, hoodies y gorras, con una paleta clásica. Este biólogo sumó también lo que le apasionaba: nombres científicos de especies, estados de amenaza y referencias a tiburones en peligro crítico.

Después de la pandemia vieron un crecimiento exponencial, junto con la creación de sus redes sociales. "Actualmente tenemos una tienda física en Galápagos, en Puerto Ayora, de 240 metros cuadrados y dos plantas. Tenemos una tienda en Baltra, que está en el aeropuerto, de 33 metros cuadrados, y un e-commerce con envíos a escala mundial, donde hemos vendido ya a 37 países. Ese proyecto lleva un año y seis meses".
Como parte de su estrategia, todas las piezas se producen en Ecuador. La marca se apoya en fibras certificadas, algunas elaboradas a partir de materiales reciclados, como botellas de plástico, y en proveedores internacionales. Bajo el mismo nombre existe también la fundación que Feijóo creó vinculada al proyecto y que administra donaciones y canaliza recursos hacia iniciativas concretas. Además, Darwin+Wolf destina el 1 % de su rentabilidad, desde este año, a esta labor.


En convenio con el Parque Nacional Galápagos, la fundación ha apoyado proyectos de monitoreo e investigación que incluyen la compra de sondas, cámaras, motores y hasta una embarcación. La otra gran línea de trabajo es la educación. Este lojano sabe por experiencia propia que el acceso al conocimiento puede cambiar el rumbo de una vida.
"Nuestra gestión está enfocada en educar a la población, a los niños y a los adolescentes, dar becas; eso es lo que hoy estamos haciendo".
El crecimiento de Darwin+Wolf vino acompañado de una reestructuración de la empresa para volverla más sólida. Actualmente, cuentan con cinco departamentos y él lidera el área creativa. Está acompañado por ilustradores, diseñadores gráficos sénior y diseñadores de moda, mientras otros equipos se encargan del desarrollo de producto, la operación y el servicio al cliente. En total, son cerca de 30 personas sosteniendo la marca.
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Para Darwin+Wolf, el futuro se construye sobre varios frentes: consolidar la calidad de sus textiles, seguir desarrollando cápsulas con narrativa propia, expandir su presencia física a otros puntos de Ecuador continental y abrir tiendas en mercados extranjeros. Trabajan bajo el formato de dos colecciones al año (invierno y verano). Cada una se compone de cinco cápsulas diseñadas con códigos específicos para adaptarse a la diversidad de turistas que visitan Galápagos. El proceso de diseñar, probar y analizar los datos de una colección toma entre un año y medio y dos años.
Feijóo confiesa que recientemente le hicieron la misma pregunta con la que terminamos este espacio de conversación: si todavía quiere cumplir su sueño de ser cineasta submarino. Él dice que sí, pero que antes quiere dejar bien armada la estructura de todo lo que ha creado en tierra firme. Solo después, cuando la marca y la fundación puedan caminar sin él todo el tiempo, se imagina dedicando la mitad de sus días a volver al agua y retomar ese sueño que empezó frente a la pantalla de National Geographic. (I)