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El fin de la era de Valentino Garavani

Roma despide hoy a un diseñador cuya influencia transformó la moda para siempre.

Por Redacción BAZAAR

4 de noviembre de 1968: Valentino en el Savoy Hotel, durante un viaje a Londres. — Ron Case. Keystone. Getty Images.

Valentino Garavani murió hoy en Roma a los 93 años, en la ciudad que eligió para vivir, crear y retirarse. Con su muerte se cierra uno de los capítulos más influyentes de la moda del siglo XX: el de un diseñador que no solo vistió a las mujeres más visibles del mundo, sino que definió una idea de glamour que todavía estructura el imaginario del lujo contemporáneo.

Nacido en Italia en 1932, Valentino entendió desde muy joven que su lugar estaba en la moda. Se formó en Milán y en París, donde absorbió la disciplina de la alta costura trabajando junto a Jean Dessès y Guy Laroche. Esa experiencia marcó para siempre su manera de concebir la elegancia: rigurosa, precisa y profundamente femenina. A su regreso a Roma, tras colaborar con Emilio Schuberth y Vincenzo Ferdinandi, fundó en 1960 su propia maison en la Via Condotti. Desde allí, y fuera del eje tradicional de París, construyó una de las casas de alta costura más sólidas y ambiciosas de su tiempo.

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Valentino. Bettmann Archive. Getty Images.
La actriz Elizabeth Taylor y el diseñador de moda Valentino Garavani asisten a una gala de Valentino en 1991. Getty Images. 

Ese mismo año conoció a Giancarlo Giammetti, su socio de vida y de trabajo durante más de cinco décadas. Juntos levantaron una firma que sobrevivió a crisis financieras tempranas, al cambio de épocas y al vértigo de la fama global. En 1962 presentó su primera colección oficial en Florencia y, dos años después, una llamada lo cambió todo: Jacqueline Kennedy encargó a Valentino el vestido para su boda con Aristóteles Onassis. A partir de ahí, su nombre quedó inscrito en el mapa del poder, la cultura y la celebridad internacional.

Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Sophia Loren, Nan Kempner y, décadas más tarde, Julia Roberts, Gwyneth Paltrow y Jennifer Lopez formaron parte de ese círculo de mujeres que encontraron en Valentino algo más que ropa. Él mismo lo resumió con una frase que condensó toda su estética: “Sé lo que quieren las mujeres, quieren ser bellas”. Su moda ofrecía exactamente eso: seguridad, presencia, una forma de ocupar el espacio sin pedir permiso.

Valentino posa con Iman, vestida con un vestido de noche de alta costura en Valentino red, de la colección otoño de 1984. Getty images. 

Valentino fue uno de los grandes arquitectos del glamour de finales del siglo XX. Sus patrones estrictos, su obsesión por la proporción y su atención al detalle convivían con una sensualidad controlada: lazos, encajes, volantes, bordados, escotes precisos y cortes estratégicos. En 1968, su colección All White consolidó su prestigio y fue celebrada como un hito del diseño italiano. Sin embargo, su nombre quedaría asociado para siempre a otro color: el rojo Valentino, un tono vibrante y reconocible que hablaba de Italia, de pasión, de deseo y de poder.

Durante los años setenta, el diseñador amplió su imperio con el prêt-à-porter, sin renunciar nunca a la exigencia de la alta costura. Chaquetas de sastrería impecable combinadas con minifaldas, abrigos estructurados en tejidos opulentos y vestidos de noche de caída fluida, definieron una silueta moderna. Aunque el propio Valentino expresó reservas frente a ciertas estéticas de los años ochenta, la década fue clave para su expansión: en 1986, la firma se convirtió en el mayor exportador de moda de Italia.

30 de enero de 1967. Modelos lucen prendas del diseñador italiano Valentino para Annabel’s of London, en Berkeley Square. Getty Images. 
Valentino y Jacqueline Kennedy Onassis asisten a la exposición de vestuario “Hapsburg Era Fashions” en Nueva York, en 1979. Getty Images. 

Más allá del negocio, Valentino vivió la vida que diseñaba. Fue parte de la jet set (grupo social) internacional, anfitrión de fiestas legendarias y una figura constante en los círculos sociales que vestía. Sin embargo, mantuvo una vida privada cuidadosamente protegida y no dudó en involucrarse en causas que consideraba fundamentales. En 1991 creó el “Vestido de la Paz” como respuesta a la Guerra del Golfo y fue un activista comprometido en la lucha contra el sida.

Su retiro oficial llegó en enero de 2008, tras 45 años al frente de la casa que llevaba su nombre. El último desfile de alta costura cerró con todas las modelos vestidas de rojo Valentino y una ovación de pie. Antes de despedirse, dejó una frase que definió su relación con el tiempo y el éxito: quería irse “cuando la fiesta todavía estaba llena”. A diferencia de muchos diseñadores, lo logró. Su legado fue continuado por Maria Grazia Chiuri, Pierpaolo Piccioli y, más recientemente, Alessandro Michele, quienes construyeron sobre una base estética sólida y profundamente codificada.

Valentino Garavani asiste al “White Fairy Tale Love Ball” en apoyo de The Naked Heart Foundation, celebrado en 2011.

Después de su retiro, Valentino no desapareció. Siguió asistiendo a desfiles, apoyando a quienes heredaron su firma y ejerciendo, incluso desde la distancia, como árbitro del gusto, la elegancia y el decoro. El documental Valentino: The Last Emperor capturó los años finales de su carrera y la intimidad de una relación profesional y personal que sostuvo toda una vida creativa.

En uno de los libros que revisan su obra, Diana Vreeland lo definió con precisión: Valentino prefería a mujeres que creían en vestirse de más, en crear un rol, en no desaparecer en el fondo. Esa fue, quizá, su mayor contribución a la moda: entender el vestido como una herramienta de presencia. Quien llevaba Valentino no solo estaba bien vestida; estaba visible, afirmada y segura.

Modelos desfilan por la pasarela durante el Valentino Fashion Show, en 2008 de París.

El velatorio se realizará en la PM23 de la Piazza Mignanelli los días 21 y 22 de enero; y el funeral tendrá lugar el 23 de enero en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, en Roma. Queda su obra, su color y una idea de belleza que se negó siempre a ser discreta. Valentino Garavani vivió para el glamour y lo convirtió en lenguaje. Ese idioma, teñido de rojo, no desaparecerá. (I)