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Está claro que la imagen del mundo corporativo ha cambiado radicalmente en los últimos años. Cuando era pequeña, el look de mis padres se parecía mucho a lo que veíamos en la serie Mad Men. Mi papá usaba trajes acompañados de una colección interminable de corbatas. Mi madre, en cambio, tenía conjuntos perfectamente coordinados por color: chaqueta, falda, bolso y zapatos.

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Con el tiempo, personalidades como Steve Jobs y Mark Zuckerberg propusieron otra narrativa del éxito y la inteligencia, marcada por camisetas grises y hoodies. Más tarde, la pandemia terminó por desdibujar casi por completo los códigos de formalidad. Según datos de 2021 de YouGov y Otter.ai, el 30 % de los trabajadores remotos, durante la pandemia, admitió asistir a reuniones laborales en pijama. Asimismo, encuestas de LinkedIn revelaron que el 42 % de las personas adoptó el llamado zoom shirt: una blusa, camisa u otra prenda de apariencia profesional, que solo se usaba para videollamadas y reuniones virtuales.

Ese hito flexibiliza la manera de vestir y también relaja los límites imaginarios que teníamos sobre lo apropiado para el entorno laboral. En mi feed de TikTok, veo constantemente a la Generación Z preguntando a sus seguidores si su outfit es apropiado para el trabajo. A pesar de todos estos cambios, la ropa sigue siendo una parte importante de cómo nos perciben.

Investigadores de la Universidad Brigham Young (BYU) en Estados Unidos demostraron —en 2009— que cuando mostraban fotos del mismo hombre con diferentes atuendos, a 155 personas, los evaluadores asumieron automáticamente que tenía más educación cuando vestía formal y menos, cuando usaba ropa casual. Por su parte, un estudio de 2023 publicado en Journal of Business Ethics reveló que las personas vestidas formalmente son percibidas como éticas, confiables y honestas, además de ser tomadas más en serio por ejecutivos y tener más probabilidades de ser consideradas como potencial gerencial.

Para Verónica Soria, asesora de imagen corporativa, este contexto ha impulsado el auge de dos tendencias: el business casual y el smart casual. La segunda permite mayor creatividad en las prendas, mientras que la primera busca mantener una imagen más seria. Sin embargo, ella enfatiza que, en cualquier estilo, la clave está en que cada decisión sea estratégica.

“No necesariamente debemos tener un cargo alto para vernos como líderes. Si quiero llegar a esa posición, debo vestirme para ese puesto”.

Por esta razón, presentamos cinco consejos para impulsar el crecimiento profesional a través de la imagen. 

1. Conoce dónde trabajas

Aunque cada día vemos una tendencia hacia outfits laborales más relajados, cada industria y empresa mantiene códigos visuales que guían nuestras elecciones. “Hay espacios más abiertos —como la industria de la moda— donde puedo ser mucho más creativo y jugar con colores, patrones y tendencias. Pero no es lo mismo que trabajar en un bufete de abogados o en un entorno financiero. Si soy consciente del lugar en el que estoy, mi imagen puede ayudarme a abrir más puertas y a conectar con mis clientes”.

2. Busca siempre líneas rectas

“Esto transmite una imagen seria, estructurada y ordenada. Pueden ser un blazer, una blusa estructurada, un chaleco o incluso el propio cabello” —algo que también responde a la tendencia del clean look—. Esto no significa llevar el cabello liso todos los días, sino saber cuándo utilizarlo. Las curvas, añade, transmiten una imagen más dinámica, cercana y suave, que nos ayudan en momentos de creatividad o actividades en equipo. Por esta razón, mantén siempre una prenda en tu outfit que genere esta estructura y reserva los looks con más líneas rectas para reuniones clave. 

3. La imagen corporativa no bloquea tu esencia personal

Muchas veces se piensa que para lucir profesional es necesario eliminar el estilo personal y encasillarse en trajes, blusas formales, faldas y corbatas. Sin embargo, para Soria es posible mantener la esencia mientras se navega en el mundo corporativo. “Hay personas que creen que estilos como el grunge, dramático o edgy no tienen cabida en un entorno profesional, pero sí es posible. Todo está en los accesorios”. Los aretes, los collares, los bolsos o los pequeños detalles pueden reflejar gustos personales, mientras optas por una base neutra profesional.

4. Los colores importan

“Hay una psicología detrás de cada color. Si utilizas el rojo está bien, pero cuando necesitas ser el centro de atención. Este color transmite seguridad, feminidad y te brinda mayor presencia. En cambio, si estás organizando un evento, no es una opción porque tu objetivo no es ser el punto focal”. Estudios internacionales explican que el azul, por ejemplo, puede transmitir calma, confianza y confiabilidad, mientras que el negro demuestra sofisticación, poder y autoridad.

5. La imagen no solamente es ropa, también es tu comportamiento

"La forma en la que saludo, cómo me presento, cómo camino y cómo ocupo el espacio habla de mí. Cuando llego a un lugar, ¿soy visible desde el primer momento o paso desapercibido?”. Antes de entrar a una reunión, siempre verifica tu postura y tu paso, el lugar donde te sentarás y también cómo manejas el espacio con manos visibles y gestos abiertos. La coherencia que tenga tu ropa con tu comportamiento multiplica el efecto que quieres lograr. La comunicación no verbal es clave, concluye la especialista. (I)