Harper's BAZAAR

¡Advertencia de spoilers! Todos llevamos lentes teñidos. No podemos separar lo que vemos de lo que ya sabemos. Documentalistas, periodistas y fotógrafos se esfuerzan por retratar a sus protagonistas de manera objetiva, pero, para bien o para mal, no pueden desprenderse por completo de su perspectiva personal. Es parte de la naturaleza humana.

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Esta curiosidad impulsa al escritor y cineasta Nathan Fielder, cuya obra gira en torno al cómo y el porqué del comportamiento humano y, a menudo, implica llevar a las personas al límite. A veces, se mueve entre la incomodidad y la sorpresa, pero siempre lo hace con el propósito de comprenderlas mejor.

En Nathan for You, una serie de comedia que se emitió originalmente en Comedy Central, fingía ser un experto en negocios para convencer a pequeños empresarios de adoptar estrategias de marketing extravagantes con el fin de aumentar sus ventas. En The Rehearsal, de HBO, Fielder organizaba elaborados ensayos teatrales para ayudar a las personas a superar desafíos personales. Más adelante, recurrió a esos mismos recursos poco convencionales para mejorar la comunicación entre pilotos comerciales e intentar evitar accidentes aéreos (sí, en serio).

Sus series de docu-realidad escenifican engaños complejos que le permiten, tanto a él como a nosotros, observar el comportamiento insólito de personas comunes. Fielder imprime un carácter travieso a sus proyectos, en los que organiza experimentos sociales para observar a las personas y, a menudo, provocar situaciones humorísticas que también revelan nuevas posibilidades.

Estos proyectos lo convirtieron en la persona ideal para abordar la historia de Elizabeth Holmes, fundadora de Theranos, quien mintió a los inversionistas y al mundo entero sobre un revolucionario dispositivo para analizar la sangre que terminó siendo poco más que una ilusión. Ella es la protagonista de su proyecto más reciente, You Can See Everything.

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Cortesía de A24.

En este documental, codirigido por Lance Oppenheim (director de Primetime), Fielder se centra en Holmes y su esposo, Billy Evans, heredero de una cadena hotelera de San Diego, poco más de un mes antes de que ella se entregue para cumplir su condena de 11 años de prisión. Los mismos ojos azul cristalino, siempre abiertos y penetrantes, que convirtieron a Holmes en el rostro de Silicon Valley tienen un papel destacado en You Can See Everything. Esta vez, en lugar de aparecer en sesiones fotográficas de portada con su característico cuello alto negro y sosteniendo una pequeña cápsula de sangre, se sienta frente a Fielder en una casa de alquiler junto al mar, en Del Mar, California.

La pareja ha invitado al cineasta a convivir con ellos las 24 horas del día, los siete días de la semana, para mostrarle al mundo a la mujer real que, según Evans, ha sido difamada por los medios. Con la oportunidad de observarla de cerca, Fielder intenta retratar objetivamente a esta persona desconcertante, pero termina encontrándose con una historia llena de pistas falsas. El hallazgo más sorprendente de este documental cautivador es la empatía que Fielder consigue despertar hacia alguien a quien el mundo consideraba culpable, con pruebas contundentes, hasta entonces. 

La película te deja con una pregunta: ¿podemos realmente conocer a alguien?

Vivir en una realidad en la que Nathan Fielder —tanto el personaje como la persona— estudia a Elizabeth Holmes parece una coincidencia imposible de concebir. Sus tácticas de interrogatorio, propias de un embaucador, funcionan como contrapunto al mundo de espejos de Holmes. En enero de 2022, un jurado federal declaró a Holmes culpable de cuatro cargos de fraude corporativo. Ese es un hecho. Sin embargo, Fielder descubre que Holmes y su esposo viven en una realidad diseñada por ellos mismos para adaptarse mejor a su propia narrativa.

Holmes no solo cree que nunca defraudó a nadie, sino que también afirma ser incapaz de mentir. Respaldada esta desconcertante afirmación con juegos semánticos, le explica a Fielder que el inversionista la malinterpretó cuando ella dijo que la máquina “puede” funcionar de determinadas maneras. Por alguna razón, quieres creerle, especialmente después de darte cuenta de que aparentemente no logra entender el chiste de Abbott y Costello “¿Quién está en primera base?”.

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Cortesía de A24.

Fielder se esfuerza por comprender a Holmes en su totalidad. Irónicamente, esa es la razón por la que Evans y Holmes lo invitaron, junto con Oppenheim, a su casa: querían proyectar una mejor imagen pública de Holmes y, según ellos, ofrecer una mirada más objetiva a sus vidas. Fielder no evita cuestionarla con escepticismo. Le hace preguntas incisivas sobre su complicidad en el fraude y la conspiración, pero también le da espacio para que se la vea más allá de esos hechos. Algunas pruebas sugieren que fue víctima de malentendidos —aunque es poco probable— y que también terminó siendo el chivo expiatorio de una serie de hombres malintencionados, entre ellos su expareja y cofundador de Theranos, Sunny Balwani, y su esposo.

Billy, aunque al principio se presenta como el garante de la transparencia, oculta activamente lo que podemos ver y, más adelante, cuando Holmes ingresa en prisión, también condiciona lo que sabemos sobre ella. A lo largo de la película, interrumpe repetidamente a Holmes y se impone sobre ella: desde arrebatarle un recipiente para batir huevos en su lugar hasta detener las entrevistas cuando considera que Fielder está siendo demasiado incisivo o haciendo demasiadas preguntas. Sus motivaciones pronto empiezan a parecer cuestionables. Existe un claro paralelismo entre sus acusaciones de manipulación mediática en torno a la condena de Holmes y su propia manipulación revisionista de la historia de ella.

Sin embargo, cada detalle del film crea un laberinto de callejones sin salida que vuelve aún más difícil comprender a Holmes y su situación. Sin conclusiones definitivas, seguimos sujetos a nuestra propia subjetividad, aferrándonos a las interpretaciones a las que llegamos por cuenta propia.

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Lance Oppenheim.

Cuando Holmes ingresa en prisión, su ausencia deja espacio para la reflexión. Entonces, Fielder introduce a una cuarta protagonista inesperada: Amanda Seyfried.

Su presencia aporta una dimensión poco habitual en los documentales. Seyfried aborda la personalidad de Holmes desde una perspectiva nueva y deja que su propia subjetividad la guíe mientras sopesa la empatía y la cautela. Al retomar su papel de The Dropout en recreaciones al estilo de The Rehearsal, intenta descifrar si las conversaciones de Holmes con Fielder son genuinas o forman parte de un engaño elaborado. Los detalles más pequeños suelen llevar a Seyfried y Fielder a largas conversaciones sobre las intenciones de Holmes, pero lo verdaderamente extraño surge al intentar definir una personalidad tan compleja y enrevesada.

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Seyfried incluso cuestiona a Fielder sobre sus propios prejuicios y se convierte en una especie de barómetro de la verdad dentro del documental. Sin embargo, a medida que examinan estas acciones, todas las contradicciones empiezan a parecer cada vez más humanas. ¿Acaso no estamos todos a merced de nuestro ego? ¿No experimentamos el mundo de una manera radicalmente individual, condicionados por nuestras propias inclinaciones? ¿Pueden los demás llegar a conocernos por completo, ya sean nuestros seres queridos o quienes han pasado tiempo con nosotros en nuestros momentos más vulnerables? ¿Existe realmente una verdad libre de prejuicios?

Desde esta perspectiva, Holmes merece nuestra compasión. A pesar de su culpabilidad, sigue siendo prisionera de su propia realidad subjetiva, al igual que Fielder y todos los que observamos la historia.

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos. (I)