IDENTIDAD

La marca país empieza en uno mismo

El cineasta y cofundador de Enchufe TV, Jorge Ulloa, y la cantante y actriz Ana Paula Buljubasich conversan sobre las raíces culturales en la industria creativa. Desde sus experiencias dentro y fuera de Ecuador, plantean una pregunta urgente: ¿qué ocurre cuando un país deja de imitar al mundo y empieza a confiar en aquello que lo hace diferente?

Por Julissa Villanueva

Ana Paula Buljubasich y Jorge Ulloa — Fotografía: Robinson Chiquito

Hay algo deliciosamente ecuatoriano en decirle “ñaño” a quien no es familia, pero es cercano; y en explicar que chuchaqui es una palabra mucho más simpática para definir resaca. Jorge Ulloa lo sabe y lo dice así, con el pecho inflado. Ana Paula Buljubasich, en cambio, lleva al país de una manera distinta, desde esa esencia que la hace sentirse “exactamente en la mitad” entre el país donde nació y el origen argentino de sus padres.

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Ahí está lo interesante de escucharlos juntos, al pie del río, en la estación fluvial del parque Histórico de Guayaquil, en medio de un público diverso y generacional. Sus intervenciones, proponen mirar esas pequeñas decisiones cotidianas como puntos de partida para generar cambios en defensa del sentido de pertenencia de los ecuatorianos. Sin enredarnos en tendencias que vienen de afuera, coinciden.

Entre recuerdos familiares y experiencias que cruzan fronteras, Jorge Ulloa y Ana Paula ponen sobre la mesa una pregunta sencilla, pero poderosa: ¿qué significa decirle “sí” a nuestra identidad?

Para Ulloa, director, guionista y actor quiteño, lo más interesante de su recorrido no está solamente en haber explorado otros lugares, sino en lo que decidió llevar consigo. 

Cada vez que salgo defiendo lo mío. Yo saco pecho y me encanta hablar así, arrastrado, con mis palabras (coloquiales). Me encanta contagiar a los demás con nuestras raíces”, advierte. Además, agrega que la originalidad también abre puertas y ese es uno de los mensajes que transmite: no importa de qué área vengas, define tu estilo y sigue. Sin copias. 

“Cuando me invitaron para hablar sobre el sí, a la mente llegaron primero los muchos ‘no’ que he recibido en la vida, pero que finalmente y a contracorriente, uno mismo saca esos sí que te permiten avanzar”, comenta Ulloa, uno de los fundadores de Enchufe TV; el proyecto que comenzó en 2011 junto a otros estudiantes de cine y terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos audiovisuales ecuatorianos con mayor alcance internacional. Después vendrían el cine y las series, entre otras producciones que lo llevaron a trabajar en el exterior.

Ulloa habla de defender el acento, las palabras y los códigos propios. Mientras que Ana Paula prioriza ser leal a sus costumbres, su forma de ser y sus valores. Dos maneras de entender que salir al mundo no debería significar dejar una parte de nosotros en la puerta. 

Ella lo lleva a un terreno todavía más personal y defiende el sí a lo que eres. “Eso es súper importante, porque a veces nosotros mismos nos minimizamos”, agrega. Una frase en cuestión y que requiere cambio de mentalidad, por ejemplo, es que “Ecuador es pequeño, pero con mucha riqueza”. Prefiere el “Ecuador es grande y con mucha riqueza”.

Nació en Guayaquil en 1996, creció entre las influencias ecuatorianas y argentinas de su familia y comenzó su carrera musical en 2016. Más tarde viajó a Argentina para continuar su formación y allí fue construyendo una trayectoria que hoy cruza música, televisión y actuación. Participó en diferentes programas de entretenimiento, fue jurado en un reality de canto y llegó a Oye Billboard como presentadora. 

Su carrera incluye la actuación en “En el barro”, producción de Netflix, donde interpreta a un personaje ecuatoriano que ha logrado destacar entre la crítica de los expertos.

Por eso, cuando habla de pertenencia, no intenta escoger una sola versión de sí misma. Actúo, canto, bailo, dice el perfil de su Instagram. “Yo soy ecuatoriana, yo estoy allá, pero exactamente me siento en la mitad”, explica. 

Lejos de contradicciones en esa mezcla, hay rasgos propios que pueden vivir entre Guayaquil y Buenos Aires, entre una canción y un set de televisión, entre el acento propio y los códigos de una industria internacional, sin tener que escoger definitivamente entre una cosa y la otra.

Industria cultural, lealtad y economía

En una época en la que las tendencias circulan a la velocidad de internet, ambos defienden la idea de que el verdadero empoderamiento no consiste en parecernos cada vez más al mundo, sino en confiar lo suficiente en quiénes somos como para dejar que el mundo nos conozca. En esta parte, le hablan a las nuevas generaciones, principalmente.

Ulloa considera que el desafío ecuatoriano está en reconocer que ya existe un sello propio y construir la confianza necesaria para mostrarla. “Nosotros tenemos una identidad fuerte, igual que la argentina, colombiana, peruana, mexicana”, sostiene. 

La frase podría quedarse en una declaración de orgullo patrio, pero Ulloa la lleva hacia las industrias culturales. Música, audiovisual, gastronomía y otras expresiones creativas son, para él, parte de la maquinaria que construye la percepción que un territorio tiene de sí mismo y la que consigue proyectar hacia afuera.

Su explicación deriva a ese sentido de pertenencia como parte de la economía. Si un país logra que su música sea escuchada, que sus películas circulen, que sus artistas tengan escenarios y que sus creadores encuentren estructuras para vivir de lo que hacen, dice, el efecto no se queda en la cultura. También puede modificar la manera en que se percibe y cómo otros empiezan a mirarlo.

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“Si es que se fortalece la industria desde una marca país, culturalmente, todo se le da”, explica Ulloa. “Si es que yo tengo una autoestima más fuerte por mi música o producto nacional de pronto digo: oye, es de Ecuador, entonces lo voy a consumir porque mi música es chévere; este audiovisual es increíble, entonces también lo voy a ver”.

Ana Paula lo aterriza desde la experiencia individual. Sostiene que la lealtad no está solamente relacionada con un territorio, sino con aquello que uno decide no negociar cuando las circunstancias cambian.

“Yo soy leal a eso, a mis valores. O sea, le tengo terror a ir en contra de ellos porque sería no aceptar lo que soy”. Ahí aparece otra definición de identidad: no necesariamente aquello que permanece idéntico, sino aquello que permanece reconocible mientras todo lo demás cambia.

La lealtad de la que hablan, entonces, no es únicamente nacional. Es también personal. Se trata de saber qué elementos de uno mismo no deberían sacrificarse para encajar en un mercado, una industria o una tendencia. (I)