Para estas mujeres el maquillaje nunca fue un destino que planearon. Una estudió Relaciones Públicas; la otra, Derecho. No sabían que terminarían desempeñándose entre bastidores de algunos de los desfiles más importantes de Estados Unidos.
Sus caminos son distintos; sin embargo, comparten un mismo hilo conductor y es esa convicción de que el talento necesita perseverancia para abrirse paso. Hoy ambas representan a Ecuador en escenarios como Miami Swim Week, New York Fashion Week, Miss Teen USA o Los Angeles Fashion Week, y nos dicen que el origen no determina el alcance de un sueño.
Katherine Bonilla
Cuando Katherine Bonilla, de 31 años, habla de sus inicios, vuelve inevitablemente a La Troncal, el cantón de la provincia de Cañar donde creció. Allí nació su fascinación por el maquillaje cuando veía a su madre ponerse labial rojo y pasar tardes enteras en el salón de belleza de su madrina.
Su padre soñaba con que siguiera una carrera tradicional, una profesión que le ofreciera estabilidad. Ella cumplió ese deseo y se graduó como relacionista pública en el Tecnológico Espíritu Santo. Luego de un tiempo, fue a Estados Unidos y ese viaje cambió su percepción sobre su futuro. En esas vacaciones tomó un curso con CoverGirl. Bastó ir a ese espacio para saber que encontró aquello que realmente quería hacer. “Llamé a mi mamá y le dije: ‘Apóyame para comprar mis primeros productos. Voy a empezar en mi cuarto’”.

Y así fue. Dividió su habitación con una cortina para improvisar un pequeño estudio donde solo cabían ella y una clienta. Sus primeras modelos fueron sus amigas. Poco a poco comenzó a ahorrar hasta abrir su espacio propio, Katie Bon Studio, en La Troncal.
Su camino despegó en Guayaquil gracias a un profesor de la universidad que la recomendó con Alejandra Cereceda, productora de un periódico local. Él vio las fotografías de lo que hacía en redes sociales y la recomendó para una producción. Era un colaboración para una candidata de Miss Hispanoamérica.
“Cuando aparece una posibilidad, uno hace lo imposible por llegar. Nunca sabes si volverá a repetirse”, comenta.
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Quedaron impresionados con su arte, asegura, y fue presentada a la reconocida colorista Carolina Aguirre. Así se abrió una cadena de oportunidades que la llevaron a trabajar con artistas, reinas y figuras públicas.
En pocos años maquilló a cantantes como Dayanara Peralta y Mirella Cessa; acompañó a la exprefecta Marcela Aguiñaga en su boda, y trabajó con varias representantes ecuatorianas en concursos internacionales (Miss Universo Ecuador, Miss Ecuador y Miss Supranational).

Pero Katherine no dejó de prepararse. Viajó a Nueva York para capacitarse con el maquillador de celebridades Etienne Ortega. Este artista tuvo como clienta a Eva Longoria cuando tenía 21 años. A partir de ahí construyó una cartera de clientes que incluye a Christina Aguilera, Kris Jenner, Lana Del Rey, Salma Hayek, Kali Uchis y miembros de la familia Kardashian-Jenner, entre otros. Fue allí donde esta ecuatoriana conoció a colegas que le hablaron de una convocatoria para integrar el equipo de Miami Swim Week.
Envió su portafolio sin demasiadas expectativas, cuenta. Semanas después recibió la respuesta que comenzó a cambiar su carrera. Tras entrevistas, revisiones de experiencia y pruebas sobre trabajar bajo presión, fue seleccionada para integrar un grupo de alrededor de 40 artistas de diferentes países, y ser una de las primeras ecuatorianas en viajar y formar parte del backstage. Para ella, el maquillaje no consiste en imponer un estilo, es potenciar la esencia de quien tiene delante.
“Mi labor es resaltar la belleza de cada mujer, hacer que se sienta segura y recordarle lo valiosa que es”.
Su sello es una piel luminosa, natural y elegante. Una estética que, dice, nunca debe eclipsar la personalidad de quien la lleva. Dentro de su kit de trabajo utiliza principalmente marcas de gama alta como Dior, Natasha Denona, Armani, Givenchy y Charlotte Tilbury. Su herramienta indispensable es la paleta correctiva de Makeup Forever.

Pero hay algo importante que toma en cuenta antes de realizar su arte: “Para mí, la preparación del rostro es un ritual esencial que marca la diferencia en el resultado final. Siempre inicio con una correcta higiene de las manos y de mis herramientas, seguida de una limpieza profunda de la piel para eliminar impurezas. Después aplico un tónico que ayuda a equilibrar la piel y continúo con una hidratación personalizada, adaptada a las necesidades de cada persona”.
Al final de la conversación, Katherine resume su visión de la belleza ecuatoriana en tres palabras: única, identidad y valentía. “Somos mujeres valientes y hermosas”, dice, y está convencida de que el verdadero atractivo comienza cuando se lleva la propia esencia con orgullo.
Karina España
Si la historia de Katherine habla de construir una trayectoria desde una ciudad pequeña, la de Karina, de 37 años, es el relato de volver a empezar. Nació en Guayaquil y creció en Quevedo, provincia de Los Ríos, una ciudad que considera su verdadero hogar. Estudiaba Derecho en la Universidad Técnica de Quevedo, y luego en la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil. Además, se dedicaba al ámbito jurídico. Un día decidió seguir un curso de automaquillaje simplemente porque quería aprender a hacerlo mejor.
En 2016, vio más luces sobre esta profesión, práctico por varios años y organizó un taller de una semana para 20 personas en Esmeraldas, mientras estaba de vacaciones. “Ahí fue. Me encantó demasiado dar las clases y me di cuenta de que, en realidad, me apasionaba muchísimo hablar de este arte. Todo tenía más sentido”.

En 2022, tras un divorcio y en medio de un contexto económico complejo, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: emigrar a Estados Unidos junto a sus dos hijas. Los primeros meses estuvieron lejos del glamour. Sin documentos para ejercer formalmente, consiguió un empleo como housekeeper mientras intentaba construir una nueva vida.
“Tenía miedo, pero entendí que debía creer en mí antes que nadie”.
Con el tiempo decidió dejar ese trabajo y apostar por el oficio que le apasionaba. Antes ya había invertido años en formación, tomó cursos con artistas nacionales e internacionales y perfeccionó una técnica que hoy define como elegante, natural y respetuosa de las facciones. “No busco transformar un rostro; busco resaltar lo que ya existe”.
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Uno de los momentos que cambió el rumbo de su carrera llegó en un encuentro de mujeres latinas emprendedoras en Miami. Allí conoció a la fundadora de Seis Cosmetics, Suhay Gonzalez, quien se interesó en sus habilidades y la incorporó como embajadora de la marca. Gracias a esa plataforma comenzó a participar en eventos de la industria, a relacionarse con referentes globales y a ampliar su red profesional.
Su recorrido la llevó a Los Angeles Fashion Week (2024), donde se postuló por su cuenta y fue aceptada tras un proceso de selección. Más tarde llegaron Miss Teen USA, Miami Swim Week (2025 y 2026) y New York Fashion Week (2025). Cada backstage representaba un nuevo aprendizaje para España.

Por ejemplo, uno de los mayores desafíos fue maquillar adolescentes para Miss Teen USA. “El reto era lograr una técnica de competencia sin quitarles esa frescura propia de su edad”. Hoy lleva con ella más de 100 brochas, combina productos de distintas marcas según las necesidades de cada piel y sigue convencida de que un buen resultado empieza mucho antes de aplicar la base.
“Una piel cuidada siempre será el mejor punto de partida”.
Su crecimiento continúa. En 2027 participará como expositora de Seis Cosmetics en The Makeup Show, uno de los encuentros profesionales más importantes de la industria. Además, será una de las primeras maquilladoras latinas en realizar una presentación en español dentro del evento, una iniciativa pensada para acercar el contenido a profesionales hispanohablantes.

Aunque sus trayectorias comenzaron de maneras completamente distintas, Katherine y Karina coinciden en algo esencial: esta profesión nunca es una cuestión estética. Para ambas, cada brocha representa una puerta para fortalecer la confianza de otra mujer. Katherine habla de seguridad, de autoestima y de encontrar belleza en la propia identidad. Karina lo resume desde la experiencia que ha vivido con cientos de clientas.
“He visto mujeres recuperar su confianza, volver a sonreír y sentirse capaces de conquistar cualquier escenario. Para mí, el makeup puede convertirse en un acto de amor propio, de celebración y de empoderamiento”, asegura España.
Hoy son dos mujeres que entendieron que el talento necesita preparación, que las oportunidades rara vez llegan dos veces y que los sueños, incluso los que nacen en un cuarto improvisado o en medio de la migración, pueden terminar bajo los reflectores. (I)