Relaciones familiares

El reto de enamorarte de alguien con hijos

Las familias reconstituidas no son perfectas, son humanas. Reviven nuestros propios traumas y duelos, pero en esa diversidad está la belleza.

Por Vanessa Burbano Pazmiño

Harper's BAZAAR — Ecuador

Si me preguntaban sobre mis “no negociables” de pareja hasta hace unos años eran los hijos. Había visto tantas malas relaciones entre mi círculo cercano que prefería no correr ese riesgo. Pasaron los años y entendí que a mi edad (36 años) ya era difícil que un posible compañero de vida no tenga un pasado. Denise Extramiana, psicóloga y terapeuta de pareja, y Paula Carrera, psicóloga y fundadora de la Academia del Alma, nos explican cómo tener una convivencia sana con los hijastros (si llega ese momento).

Las familias ensambladas o reconstituidas —como se las conoce— requieren un proceso de adaptación. De acuerdo con Extramiana, el mayor desafío de este tipo de familias es que revive nuestros propios duelos, traumas y tristezas. “Por ejemplo, si no tuvimos un papá presente nos molesta que nuestra pareja se involucre tanto con sus hijos”. Así encontramos varias alertas que nos llevan a un trabajo interno para enfrentar estas situaciones. La especialista confirma que amar a alguien con hijos es un desafío emocional. Yo planteo una metáfora de formar una casa con el primer piso ya construido. Ella menciona que ese piso, sin duda, tiene reglas, límites y lealtades donde uno no participó. 

Consejos que debes considerar

El primero es tener expectativas realistas. El vínculo se debe construir desde la curiosidad y no desde la obligación. Toma tiempo y puede que no se llegue a tener una relación cariñosa, pero lo que se requiere es tener un nexo respetuoso. Muchas personas quieren que en poco tiempo exista un vínculo amoroso y pretenden reemplazar a una figura materna o paterna. Extramiana recomienda ser una guía de apoyo más no una figura de autoridad. Para ello, se debe aplicar la escucha activa, la curiosidad genuina y el tener comportamientos predecibles. “La confianza se desarrolla luego de actitudes repetitivas”. 

La habilidad para que el hijastro se sienta escuchado y no invadido es lo que hace la diferencia.

En concreto es crear un espacio seguro para ambos. Extramiana enfatiza que los hijos buscan un adulto emocionalmente responsable. Convertirse en esa figura es lo primordial. Natalia García fue madrastra antes que mamá. “Siempre me acerqué con la libertad de que no era el reemplazo de nadie, sería siempre una amiga que los apoyaría en esas aventuras que a veces los padres no hacen. Siempre ofrecí sinceridad, cercanía y sobre todo complicidad”.

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Mi sobrina Maiya Olsen, de 20 años, tiene una excelente relación con su padrastro. Fue un proceso paulatino donde la mamá abría poco a poco el ambiente donde podían relacionarse. “Él entró a mi vida de manera gradual y me permitió poco a poco adaptarme —confiesa Maiya—. Fue paciente en ir encontrando espacios para compartir y hoy tenemos la confianza necesaria para darnos consejos y críticas constructivas”. Recuerda que los miércoles luego de sus clases de flamenco iban por un helado. “Tener actividades predecibles me dio la seguridad de ir formando rutinas donde él y yo compartíamos”. Hay que soltar la presión de que exista afinidad, de formar la familia que siempre quisimos o la que nunca tuvimos. 

Un apoyo guiado en estos procesos es una gran herramienta. 

Juan, como llamaremos a uno de mis mejores amigos del colegio, expresa que una de las acciones de su padrastro que más lo marcó fue que siempre lo trató como un hijo propio. La exigencia de ser la familia ansiada por la sociedad lleva a muchas personas a comprar el cariño de los hijos con regalos. Comúnmente pasa con los propios padres luego del divorcio y se replica con las parejas de estos. Resulta ser el camino rápido, pero no siempre el más seguro. La literatura académica sobre este tema indica que por miedo a perder al otro los padrastros o madrastras pueden caer en la “compra del amor”. La mayoría de las veces solo genera más rechazo.

En mi adolescencia me impactó la relación que tenía una amiga con el esposo de su mamá. En su graduación bailó con él y en su boda también. Con ese ejemplo podemos entender que las relaciones se construyen y no se obligan. 

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La segunda recomendación es no invalidar nuestras emociones. Es normal, dice Carrera, sentir celos de los hijastros. Depende de la edad ellos van a requerir más atención física o emocional. Esto puede reactivar nuestras inseguridades porque nos sentimos menos atendidas. Es ahí donde debemos tener esas conversaciones incómodas, que son cruciales en las familias ensambladas, sostiene Extramiana. Es necesario reconocer las emociones y no culparnos por sentirlas. En ese intercambio de sensaciones es donde se fortalece la conexión. “Lo que no se dice termina convirtiéndose en un resentimiento silencioso”. Carrera también comenta que parte de no invalidar nuestras emociones es definir el momento en que conocemos a los hijos porque debe ser en un tiempo óptimo para los dos. 

La última recomendación es poner límites y dentro de ellos mantener un espacio propio de novios. Las actividades que los unían antes de incorporar a los hijos en la dinámica no deben perderse ya que es en ellas donde se alimenta la relación. En cambio, las reglas que se mantengan en espacios compartidos con los hijos deben ser establecidas por los padres. Carrera asegura que si no se ponen límites el desgaste es asegurado para cualquier tipo de vínculo. Lo ideal es definir y consensuar los límites antes de conocer a los menores, respetando incluso los roles. 

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Según Carrera, los acuerdos deben tenerse en los espacios y en las rutinas que son compartidos por los miembros de la familia ensamblada. Para esta psicóloga no se puede ingresar al terreno que les corresponde a los padres o cambiar tratos que ya han tenido anteriormente. Inclusive es necesario tener una conversación previa con los niños para que entiendan que la nueva persona es la compañera de su padre o de su madre y no una amenaza. El éxito de la cercanía de Natalia con sus hijastros fue que ella se mantuvo abierta y respetuosa en cuanto a las decisiones de crianza que tomaban los padres. “Mi esposo siempre me involucró y pude dar mi opinión sincera, pero ellos tomaron las mejores decisiones por el bienestar de los pequeños”. Pese a que existían comportamientos que a ella no le gustaban, fue su esposo el responsable de hacer las correcciones. 

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También es necesario demostrar que están felices junto a esa persona y brindar seguridad de que el amor por ellos se mantiene independientemente de su situación sentimental. “Desde el primer momento en que llegó mi padrastro fue contundente: me dijo que él no venía a reemplazar a mi papá, ni a reemplazar los recuerdos construidos con él”, confiesa Juan. Otra amiga, en cambio, no estableció esos límites desde el principio. Ella asegura que por la ingenuidad y la ignorancia de la juventud no lo consideró importante. Se casó antes de los 25 años, su esposo tenía más de cinco hijos y una diferencia de edad de más de 30 años. Hoy, juntos por más de dos décadas, las discusiones y los desacuerdos que tienen son por esta causa. 

Las familias reconstituidas pueden ser sostenibles e imperfectamente hermosas. Lo tradicional y lo aparentemente normal no asegura una historia de amor fuerte y duradera. Establecer vínculos sanos desde el inicio sí beneficia a todos. (I)