Durante años, el significado de concept stores me resultó familiar. Sabía reconocerlas, sabía moverme dentro de ellas, pero no me había cuestionado qué las define ni por qué se han convertido en un punto clave para descubrir el diseño local. La pregunta surgió después de darme cuenta que cada vez aparecían más de estos espacios en mi ciudad. Además, cuando hablaba con diseñadores ecuatorianos y me decían dónde encontrarlos, siempre terminaban mencionando estas tiendas.
¿Qué es una concept store?
No es una tienda convencional o cualquier multimarca, se trata de un espacio de retail construido desde la curaduría y no desde el volumen. Publicaciones de sitios como Insider Trends, Wapping y la Escuela Superior de Diseño de Barcelona, explican que este tipo de espacios funcionan como un editor: selecciona productos bajo un concepto claro —que puede ser estético, cultural o incluso ideológico— y propone una experiencia que va más allá de la compra.
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Moda, diseño, arte, libros, adornos, gastronomía o belleza, todas las categorías pueden convivir en un mismo lugar donde el descubrimiento, la autoría y la coherencia conceptual son centrales. El espacio físico también comunica, ya que la arquitectura, la música y el montaje forman parte del relato. Este modelo surge —de acuerdo con las fuentes mencionadas— como una respuesta al retail masivo y a la estandarización del consumo, pero también a la necesidad de contextualizar los objetos. Saber quién los hizo, cómo y por qué, todo conectando de forma directa con el slow fashion y con una manera más consciente de consumir.

Aunque no encontré un consenso absoluto en Internet sobre cuál fue la primera concept store del mundo, hay tres espacios pioneros a los que suele atribuirse este título. Para algunos, según el sitio Hopono, la primera fue Bazaar de Mary Quant (diseñadora conocida por la creación de la minifalda) en Londres. Fundada en 1955, su dirección representó perfectamente la expresión “Swinging London” durante los años 60, funcionó como un punto de encuentro cultural y ayudó a transformar la moda en una expresión generacional, incluía un restaurante en el sótano y se convirtió en una de las boutiques más influyentes de la posguerra. Aunque la marca Quant siguió expandiéndose internacionalmente, la tienda física cerró a finales de la década de 1960.

Sin embargo, no fue hasta 1991 cuando se acuñó la expresión “concept store”. El término fue creado por el sociólogo italiano Francesco Morace, poco después de visitar la 10 Corso Como en Milán, creada por la editora italiana Carla Sozzani en 1990, como señalan medios como Forbes y Rume Magazine. Se trata de un lugar a medio camino entre una galería de arte y un espacio comercial, dando forma al modelo que hoy se reconoce como concept store moderna: un espacio híbrido que integra arte, moda, diseño, libros y gastronomía bajo una curaduría editorial, al punto de ser descrita como una “revista viviente”. Esta tienda sigue en funcionamiento en la ciudad italiana.
Finalmente, Colette, inaugurada en París en 1997 por Colette Roussaux y una de las más famosas a nivel mundial, popularizó el formato a escala global, convirtiéndose en un referente cultural que definió el retail contemporáneo al mezclar lujo, streetwear, arte y cultura pop durante dos décadas, como señalan ELLE México y Fashion United Reino Unido, hasta que cerró sus puertas en 2017.
Ahora, el modelo se manifiesta en distintos formatos alrededor del mundo, adaptándose a contextos culturales, urbanos y comerciales. Por ejemplo, la 10 Corso Como —además de estar en el corazón de Milán— tiene presencia en ciudades como Seúl, Nueva York, Doha, Praga, París y Múnich. Dover Street Market, creado por Rei Kawakubo de la marca Comme des Garçons, es otro de los referentes más influyentes: una tienda multimarca concebida como un “caos bello”, donde moda, arte e instalación conviven en espacios cambiantes en ciudades como: Londres, Tokio, Nueva York, Los Ángeles, Pekín, Singapur y París.
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Desde Corea del Sur, Gentle Monster ha llevado el concepto aún más lejos, convirtiendo cada una de sus tiendas —presentes en más de 10 países— en instalaciones surrealistas e inmersivas. En Florencia, Luisaviaroma se ha consolidado como un destino histórico del lujo, pionero en integrar experiencia física y digital bajo un modelo de curaduría anticipada. Por su parte, The Row, desde Los Ángeles, propone un enfoque distinto al presentar espacios diseñados como residencias minimalistas que reflejan una idea de lujo silencioso y contemplativo. A estos se suma Voo Store, en Berlín, que combina moda contemporánea y streetwear en un entorno industrial ligado a su contexto urbano.
Más allá de sus diferencias, todas comparten la misma premisa de la tienda como experiencia, discurso y punto de encuentro cultural.
En Ecuador
Este modelo se hizo visible de forma más clara en la última década, a medida que el diseño local, la moda de autor y los proyectos independientes encontraron una plataforma más afín a sus valores. En Quito, por ejemplo, barrios como La Floresta o el Centro Histórico concentran varios de estos emprendimientos. Sudaka, BOK, Jamari, Insólito, La Baronesa… evidencian cómo este tipo de tiendas son puntos de encuentro para el diseño, la moda y la cultura contemporánea.
The Designers Society, Quito

Cuando The Designers Society abrió sus puertas en 2017 —tras un año de trabajar a puertas cerradas—, el diseño local en Ecuador se movía principalmente en redes sociales y carecía de espacios físicos que acompañaran su crecimiento. Fue entonces que Maribi Montalvo, Cristina Peña y Carolina Cabrera —amigas desde el colegio y con experiencia previa en empresas grandes— decidieron crear algo propio. La idea inicial fue un pop-up itinerante. “Queríamos movernos de un lugar a otro, pero nos dimos cuenta de que era complejo. Ahí fue cuando decidimos bajarlo a un espacio físico”, explican las propietarias a Harper’s BAZAAR Ecuador. Así nació como un proyecto pensado a largo plazo, con un objetivo central: cambiar la percepción del diseño ecuatoriano y demostrar que podía dialogar con propuestas internacionales, lejos de los estereotipos asociados a lo artesanal, rústico o informal.
Esa intención se tradujo tanto en la curaduría como en el diseño del espacio. La tienda —ubicada en el sector de la González Suárez— está organizada por categorías, pensada como un one stop shop, donde conviven moda femenina y masculina, accesorios, joyería, calzado, hogar y skincare. Actualmente, trabajan con 53 marcas, muchas de ellas locales. “Buscamos marcas que tengan calidad, inventario, reposición inteligente, comunicación activa y colecciones constantes. Nuestro ojo también se ha entrenado tanto que muchas veces desde Instagram ya sabemos si una marca va a funcionar con nuestro público”.
Aunque inicialmente trabajaban por temporadas cortas, hoy apuestan por relaciones más estables, con contratos anuales y periodos de prueba. “Para nosotras, el objetivo ideal es que las marcas crezcan y algún día tengan su propia tienda”. Tras casi una década, los cambios son inevitables. “Estamos dejando ese término para definirnos como un hub: un lugar donde pasa todo lo relacionado con la moda —eventos, lanzamientos, nuevas marcas, charlas…— no solo vender, sino también entender la industria”.
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Trébol Concept Store, Guayaquil
Nació de una necesidad personal de emprender. Detrás del proyecto está María Beatriz Bejarano, comunicadora de formación, quien antes de abrir la tienda organizó eventos y lanzó junto a su madre una marca de blusas sin punto físico. Trébol comenzó hace casi nueve años como una tienda multimarca en un pequeño local de Guayaquil, “con ganas más que con un concepto”, pero fue durante la pandemia cuando el proyecto dio un giro definitivo. Tras perder su trabajo corporativo, Bejarano se dedicó por completo a la tienda, trasladándola temporalmente a su casa y fortaleciendo un modelo basado en cercanía y atención personalizada. “La gente necesitaba algo distinto: exclusividad y vínculo directo”, comenta Bejarano.

Ese proceso llevó a Trébol a redefinir por completo su modelo y asumirse conscientemente como una concept store, con una curaduría personal donde todo responde a la identidad de su fundadora. El espacio tiene cerca de 30 proveedores, en su mayoría marcas ecuatorianas lideradas por mujeres, bajo un criterio claro: selección cuidadosa, observación constante del cliente y exclusividad en cada pieza. “Vendo lo que yo me compraría. No se trata de llenar perchas, sino de elegir bien”.
La tienda, que se encuentra en Bocca Paseo Comercial, ofrece una selección que incluye ropa, calzado, accesorios, carteras, maquillaje y adornos. Marcas como Bendita Isla, Mónica Campaña, No More Jeans, Calia, Teodora o Flabelus forman parte de su universo. “La gente se sorprende cuando descubre que el 80 % de lo que ve en percha es hecho en Ecuador”.
Durante ocho años, Trébol funcionó sin escaparate, con una lógica de puerta cerrada que reforzaba la sensación de intimidad. Esa idea se amplificará con la apertura de su nuevo espacio, previsto para mayo. Se tratará de una tienda más grande que integrará una cafetería bajo el concepto de speakeasy, que funcionará como antesala a la tienda, invitando a descubrir el espacio poco a poco, según Bejarano. Para ella, el auge del diseño local está directamente ligado a la pandemia, a la consciencia social y a la necesidad de conectar con historias reales. “Cuando cuentas la historia detrás del producto, hay un enganche inmediato. Ya no compras solo por la prenda, compras por lo que representa”.
Anaquel, Cuenca
Detrás de Anaquel está Daniela Muñoz, psicóloga clínica de formación, quien tras varios años de ejercer decidió cambiar de rumbo. “La psicología es muy fuerte. Sentí una necesidad física de salir de ahí”, recuerda. Desde niña había tenido una relación intuitiva con la ropa y la imagen, pero fue durante un viaje a Estados Unidos cuando descubrió el potencial del vintage al entrar a una tienda thrift organizada como outlet. “Vi un mameluco Versace en US$ 120. Fue un shock”. De regreso en Cuenca, comenzó a vender algunas piezas de forma orgánica, primero desde su cuarto y luego bajo el nombre Ana, un proyecto que creció al mismo ritmo que ella. En 2019 adoptó el nombre Anaquel, una palabra que resume su esencia: “es como el closet de una abuelita, donde se guardan tesoros”.

Durante varios años, la marca funcionó de forma online. La apertura del espacio físico, hace apenas seis meses en Puertas del Sol, marcó un nuevo capítulo. La tienda —una réplica íntima de una de sus favoritas en Nueva York— buscó trasladar esa experiencia visual al plano presencial. Actualmente, reúne vintage, segunda mano y diseño independiente, con alrededor de nueve marcas ecuatorianas, entre ellas Transeúnte, Lia Padilla, Sacada de Fa, Blesk y Macarena Espinoza. La selección responde a una curaduría cuidadosa, donde las colecciones pequeñas, las cápsulas y la individualidad son clave. “Aquí no hay temporadas. Ecuador no tiene estaciones, entonces no deberíamos vestirnos igual”.
El modelo funciona por ediciones, aunque en la práctica muchas marcas se han quedado más tiempo del previsto. “La idea era que entren cuatro y se roten, pero no se han podido ir porque les va increíble”. Para Daniela, el objetivo no es saturar el espacio, sino respetar cada propuesta. “No queremos abrumar. Queremos que cada diseñadora tenga su lugar, que se sienta”.
Más allá de la venta, Anaquel ha impulsado iniciativas como El Liviano, una feria que nació desde el second hand y hoy integra diseño independiente, promoviendo la economía circular y el consumo consciente. Aquí cada prenda carga una historia y un proceso que transforma la experiencia de compra.
“No es lo mismo adquirir algo sabiendo quién lo hizo, cuánto tiempo tomó y por qué existe”.
Sudaka Concept Store, Quito
Surge desde una trayectoria personal ligada al diseño, la educación y la identidad latinoamericana. Detrás del proyecto está Camila Maldonado, diseñadora de modas formada en la Accademia di Costume e Moda en Roma, con experiencia en teatro, cine y vestuario. Tras regresar a Ecuador, durante la pandemia, emprendió distintos proyectos y fundó junto a su hermana Atelier UNSX, una marca de upcycling que funcionó en el espacio que hoy ocupa la tienda. “Ahí empecé a darme cuenta de que el lugar tenía potencial para algo más grande. Hicimos showrooms y entendí que la gente estaba buscando un espacio así”. En 2022, dejó la marca para concentrarse en Sudaka Concept Store, concebida como una plataforma para visibilizar el diseño latinoamericano y ecuatoriano desde una mirada consciente.

Desde el inicio, Sudaka se planteó como un espacio coherente “de 360 grados”, donde todo —desde la selección de marcas hasta la forma de exhibir— respondiera a un concepto claro. “Aquí la moda se entiende como arte, no solo como consumo. La experiencia es tan importante como la prenda”. Esta visión se refleja en su proceso curatorial, que ella misma lidera de manera rigurosa. “No hago curaduría por imagen, sino por casting. Reviso materiales, costuras, acabados… y no es negociable que las marcas produzcan de manera consciente en Latinoamérica”.
Ubicada en el sector de El Telégrafo, funciona por ediciones, un sistema que se aleja deliberadamente del ritmo frenético de la industria tradicional. Al inicio, eran semestrales; ahora, tras el crecimiento del proyecto y la consolidación de varias marcas, la tienda opera con ediciones anuales. “Al comienzo tenía 10 marcas y tuve que enviar más de 200 mensajes para convocarlas. Hoy ya no abrimos convocatoria porque hay demasiadas personas que quieren entrar”. El espacio trabaja con 10 marcas fijas, entre ellas Magma, Gorki, Sacada de Fá, Transeúnte, Cristina Toro y Cherry Pam, que funcionan como la base estable del proyecto, mientras otras rotan para dar espacio a nuevas propuestas.
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Más allá de la venta, a tres años de su apertura, Sudaka se concibe como un espacio diverso y educativo, donde la representación y la formación son parte central del proyecto. Talleres, charlas y actividades han acompañado la propuesta desde sus inicios, con la educación como puente para construir una relación más consciente con la moda. “Cuando entienden, conectan. Y cuando conectan, consumen distinto”. (I)