Siempre soñé con el cuarto ideal para mi hija. Lo imaginé antes incluso de tenerla en brazos. Luminoso, delicado, con texturas nobles y un aire que transmitiera paz. Cuando nació, hice una especie de colecho. Su cuna estaba a mi lado, en mi cuarto y durante meses compartimos respiraciones, desvelos y madrugadas infinitas. Hoy tiene dos años y nueve meses, miro atrás y entiendo que la transición hacia su propio cuarto fue un cambio de muebles y un paso emocional. Uno que, como mamá, considero que sucede antes de cumplir los dos años, cuando empiezan a reclamar independencia, pero todavía necesitan de un refugio.
Primero llegaron las siestas en su espacio. Luego, algunas noches de prueba. Compré una cama Montessori, pensada para su autonomía. Y, aunque parecía un paso lógico, fue duro. Para ella, porque dejaba el lugar más seguro que conocía. Para mí, porque aceptar que ya no dormía a mi lado era asumir que estaba creciendo. Quería que su cuarto fuera seguro y se sintiera como suyo. Considero es necesario acudir a expertos que, desde el diseño y la experiencia como padres, ayudan a entender que este proceso es más que estética.
Para Verónica Suárez, de Alma Design Studio, todo comienza con algo que olvidamos: escuchar. “A veces tendemos a hacer el diseño como nos gusta a nosotros, pero en realidad se debe escuchar a la persona que va a habitar ahí”. Aunque mi hija todavía es pequeña, ya tiene preferencias. Ciertos colores, ciertos cuentos, cierta fascinación por los animales. Según Suárez, el punto de partida es la edad y luego los gustos del menor.
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Desde el diseño, recomienda equilibrio. Colores pasteles y tonos crudos —champán, grises suaves—. “Un cuarto con tonos muy fuertes tiende emocionalmente a generar hiperactividad. Los suaves aportan 100 % calma”. También, insiste en que debe existir funcionalidad a su altura. Ganchos bajos, muebles accesibles, circulación cómoda alrededor de la cama. “Mientras más independiente sea el niño, más funcional tiene que ser el cuarto”.
Hay que incorporar un pequeño rincón de lectura a su alcance y una alfombra suave donde pueda sentarse a hojear sus cuentos. Suárez asegura que “desde muy chiquitos, esos espacios tienen un impacto en el desarrollo”. La iluminación debe pensarse en dos momentos. Buena luz general durante el día y, por la noche, luz cálida y regulable; o lámparas pequeñas que creen un ambiente acogedor para dormir.

Entre los errores más comunes —dice Suárez—, están usar luz blanca o mezclar muchos estilos en un mismo lugar. Desde los dos años se pueden integrar actividades sin saturar el cuarto si se opta por materiales fáciles de limpiar, escritorios con pintura de pizarra y marcadores lavables. A largo plazo, conviene invertir en una buena cama con colchón hipoalergénico y en un escritorio adaptable en altura que crezca con el niño.
Por otro lado, Andrea Pérez Hoyos, mamá y directora creativa de Adriana Hoyos, define este momento como un milestone emocional. “Es una transición importante. El primer elemento es hacerlos parte del proceso”. En una era de Pinterest e inteligencia artificial, la tentación de replicar un cuarto perfecto es enorme. Pero Pérez propone crear algo a partir de un sueño, un tema, un personaje o un color favorito del niño. Y, sobre todo, respetar la magia de la infancia.
“No tratemos de hacer un cuarto de adultos. Esta etapa es mágica y hay que protegerla”.
Me habló también de seguridad —anclar muebles a la pared, cuidar materiales, pensar en barreras físicas si se pasa de cuna a cama— y de iluminación cálida, con circuitos separados y pequeñas luces nocturnas. En cuanto a tendencias, mencionó paletas complementarias como: rosa con verde o celeste con amarillo. Mezclas sutiles que aportan identidad sin saturar los espacios.

Pérez dice que “un error común es que el cuarto de los niños se convierta en un espacio que intenta ser de todo: cuarto de juegos, dormitorio, espacio de lectura. La clave es que el cuarto signifique descanso. Lo que necesito es que mis hijas descansen para que yo pueda descansar y todos estemos bien”. Por eso, aunque se puede incluir detalles lúdicos, esta diseñadora recomienda cuidar que la zona de dormir no esté invadida por juguetes. El equilibrio entre fantasía y orden es un ejercicio constante.
Ximena Limaico y Roberto Bonilla, fundadores de Fancy Rooms y especialistas en habitaciones infantiles, también concuerdan en que el cuarto propio debe convertirse en su nuevo espacio seguro.
“Pasa de la habitación de los papás a un lugar frío, que no conoce. Necesitamos hacer que ese sea su nuevo refugio”.
Su recomendación es introducir progresivamente el espacio, desde bebés. Siestas en su habitación desde el inicio, rutinas y muebles que evolucionen con el tiempo. Ellos trabajan con cunas convertibles, camas que empiezan al ras del piso y luego se elevan; y mobiliario 100 % de madera con estándares internacionales.

Para Limaico, los tres elementos fundamentales de un cuarto de niños son la cama, la cómoda y el sillón de lactancia (que luego se convierte en su sillón de lectura). Su visión es aspiracional, pero adaptable; es decir, lo sofisticado no está reñido con lo infantil. El presupuesto para una habitación completa con diseño de interiores en Fancy Rooms puede variar. Un dormitorio completo con una decoración sencilla puede costar desde US$ 2.500 en adelante.
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Sin embargo, el costo puede ser mucho mayor, por ejemplo, una habitación con iluminación, pintura, cuadros, vinilos y otros elementos puede llegar a costar alrededor de US$ 4.500. Para ellos, los personajes o los colores intensos pueden aparecer en cojines, arte o detalles intercambiables, mientras la base —mobiliario, paredes, iluminación— se mantiene neutra y elegante. Se debe elegir una paleta suave, madera natural y dejar que sus animales favoritos aparezcan en ilustraciones enmarcadas. Si mañana cambia de obsesión, bastará con reemplazar el arte.
Lo que nadie te dice
La transición duele. Hay noches en que vuelven las visitas a tu cama, en que dudas si fue demasiado pronto. Hay lágrimas, de ambos lados, y pequeños retrocesos. Pero hay algo poderoso en verlos caminar hacia su cuarto, elegir su cuento, apagar su propia lámpara. En sentir que ese espacio les pertenece. Diseñar su habitación es una manera de acompañar su crecimiento con intención. No se trata de seguir una tendencia, se trata de crear un refugio sofisticado, seguro y lleno de significado.
Cuando entro a su cuarto, entiendo que ese sueño que tuve antes de que naciera era mi deseo de construirle un espacio donde pueda imaginar, descansar y crecer. Y quizás, en el fondo, era mi forma de aprender a soltar. (I)