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¿Por qué las hormonas son el villano del momento?

¿Convencida de que el estrógeno es el culpable de tu aumento de peso? ¿El cortisol de tu rostro hinchado? Las hormonas se convirtieron en el villano del momento, con una creciente ola de seudotratamientos que prometen regular todo.

Por Cheryl Wischhover

Harper's BAZAAR — Ecuador

“¡Lo que tu cuerpo te está diciendo sobre tus hormonas!”, dice el texto superpuesto en un TikTok de una joven deslumbrante, de largo cabello rubio, de pie en un granero. Se golpea los muslos internos y el abdomen, mencionando “deformación” e hinchazón, ninguna de las cuales es visible. “Todo el mundo tiene algún tipo de desequilibrio hormonal, pero, si tienes uno drástico, puede ser un infierno”, afirma. Luego introduce en el encuadre una bebida de color verde azulado y explica que una “amiga holística” le dijo que la bebiera porque sus “vitaminas y minerales equilibran las hormonas”. Por supuesto, puedes comprarla a través de su enlace.

El concepto de desequilibrio hormonal, manifestado en frases estridentes y un exceso de hashtags sobre perimenopausia, “cortisol face” o dominancia de estrógenos, está por todas partes en redes sociales. Estos químicos invisibles que controlan todo en nuestro cuerpo —y que muchas personas no comprenden del todo— son el villano del momento. Y, como generaciones anteriores de vendedores de remedios milagrosos, los autoproclamados endocrinólogos de sillón están encantados de compartir la supuesta cura. Basta con comentar “cortisol” o “seed cycling” y te enviarán un enlace para saber más.

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Pero ¿cómo llegamos a un punto en el que comprar bebidas famosas en TikTok con lemas como “Cortisol can kiss our ashwagandha” se volvió algo normal? La confianza en los médicos está en su punto más bajo en Estados Unidos desde mediados de los noventa, según una encuesta de Gallup, de 2025, mientras que el acceso a la atención médica es cada vez más limitado para una gran parte de la población. El Covid-19 dio paso a una avalancha de influencers del bienestar. Ahora, el 67 % de las personas cree que tener experiencia personal con un problema de salud convierte a alguien en un “experto legítimo”, según una encuesta global de 2025 de la firma de comunicación Edelman.

“Es complicado, es confuso, y no culpo a estas mujeres por caer en manos de personas que solo buscan ganar dinero”, dice Lauren Streicher, médica y profesora clínica de obstetricia y ginecología en la Facultad de Medicina Feinberg, de la Universidad Northwestern en Chicago. Mollie Casserly no ha ido al médico desde 2024. Últimamente piensa mucho en la salud intestinal y en las hormonas. Debido a que se sentía triste, ansiosa y con el deseo de perder peso, recurrió a redes sociales y Reddit en busca de ayuda. Se diagnosticó a sí misma con niveles altos de cortisol y toma suplementos para apoyar sus hormonas, además de un té de fertilidad. 

“Una persona normal probablemente diría: ‘¡Solo ve al médico!’, pero simplemente no quiero. Siento que puedo solucionar esto por mi cuenta”.

Siempre ha tenido desconfianza hacia los médicos, pero en los últimos años se intensificó. La mujer de 38 años, residente de Florida, se sintió “incómoda” y “algo presionada” para someterse a una cesárea con su primera hija, debido a una comunicación deficiente del personal médico. Luego, su segunda hija fue diagnosticada en el útero con una grave cardiopatía congénita, lo que implicó numerosas y estresantes consultas prenatales. Lloraba en cada cita. Tras un parto exitoso y múltiples cirugías a corazón abierto, su hija Maia falleció en mayo de 2024, cuando tenía apenas tres meses. Los pediatras fueron “compasivos”, pero la confianza de Casserly en el sistema médico ya estaba deteriorada.

Hay tanto cambio social en este momento que no resulta descabellado pensar que nuestras hormonas están reaccionando en consecuencia. Como ocurre con muchas tendencias de bienestar, hay un núcleo de verdad en la idea de “desequilibrio hormonal” que la hace parecer plausible. Un TikTok sarcástico con 1,6 millones de “me gusta” cuestiona esta narrativa, retando a los influencers a “nombrar tres hormonas, su función y qué significa equilibrarlas”. Empecemos por ahí.

“Las hormonas son pequeños mensajeros químicos que le indican a tu cuerpo qué debe hacer”, explica la endocrinóloga Arti Thangudu. Tenemos decenas de ellas y a menudo trabajan juntas en una reacción en cascada. El cortisol, el estrógeno, la testosterona y la melatonina son hormonas. También lo es el GLP-1, imitado por la popular clase de medicamentos para la pérdida de peso, que indica al cuerpo que libere insulina, otro tipo de hormona. Nos regulan y nos mantienen en equilibrio, aunque sus funciones varían.

Probablemente estés pensando: entonces, ¿por qué los médicos no analizan mis hormonas? El “desequilibrio hormonal” en sí mismo es un “término inventado”, según Rajita Patil, obstetra y ginecóloga, fundadora y directora del Programa Integral de Menopausia en UCLA. “Las hormonas no son estáticas, fluctúan a lo largo del ciclo menstrual. Cambian drásticamente durante la perimenopausia y la menopausia. Y no existe un único nivel de equilibrio al que debamos aspirar”.

Patil reconoce que los profesionales alternativos, que pasan más tiempo con los pacientes y solicitan numerosas pruebas, pueden hacer que las personas piensen: “Dios mío, esta persona realmente me está prestando atención”. “Es muy personalizado, lo que te hace sentir bien, porque sientes que recibes más atención, pero en realidad podrían estar haciendo más daño”. La demanda de pruebas hormonales ha aumentado. Clair, un dispositivo portátil de seguimiento hormonal para mujeres, se lanzará este año. Eli Health ofrece una prueba de cortisol en saliva para realizar en casa y está desarrollando opciones para progesterona y testosterona. Las pruebas DUTCH (dried urine test for comprehensive hormones), que cuestan entre US$ 499 y US$ 700, son populares en internet.

Sin embargo, las pruebas puntuales no dicen mucho, señalan los médicos, porque las hormonas, por naturaleza, fluctúan constantemente. “Tira tu dinero directamente al inodoro”, ratifica Streicher, señalando que “no te dicen nada”. Los síntomas suelen ser una mejor manera de diagnosticar a alguien que una prueba de laboratorio, que además puede no estar cubierta por el seguro. “La ciencia, en este momento, no está realmente en microgestionar los niveles hormonales”, afirma Patil. Ella podría analizar a 10 personas diferentes, todas en la misma fase de la transición menopáusica y con los mismos niveles hormonales, y ninguna presentaría los mismos síntomas. Pero eso no significa que las pruebas nunca sean necesarias. Los médicos sí revisan niveles de hierro o de hormonas tiroideas; en casos donde mujeres jóvenes tienen ciclos irregulares o síntomas de menopausia temprana; por problemas de fertilidad; durante el embarazo, y para descartar condiciones como el síndrome de ovario poliquístico.

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La perimenopausia, que se ha convertido en el tema más candente en internet a medida que las generaciones más propensas a compartir (Generación X y millennials “mayores”) la atraviesan, es un periodo de turbulencia hormonal que se presta perfectamente a intervenciones de bienestar dudosas. La disminución del estrógeno y otras hormonas provoca múltiples síntomas; y es algo altamente individual cuándo, cómo e incluso si se debe iniciar una terapia de reemplazo hormonal para aliviar los sofocos. Según una encuesta de 2023 publicada en la revista Menopause, casi el 70 % de los directores de programas de residencia en obstetricia y ginecología afirmó que no existía un “currículo de menopausia” en su formación, por lo que personas desesperadas, que empapan sus sábanas de sudor, comienzan a buscar respuestas en otros lugares.

Si el estrógeno es la princesa que todos quieren ver regresar al baile, el cortisol es el villano de Disney que conspira, arruinando tu apariencia y tu vida. Las búsquedas en Google sobre cortisol se quintuplicaron desde 2022. El cortisol, producido por las glándulas suprarrenales, alcanza su punto máximo por la mañana y desciende a lo largo del día. El síndrome de Cushing, causado por niveles elevados de cortisol, y la insuficiencia suprarrenal primaria, que resulta en niveles bajos, son afecciones graves, pero poco comunes. El cortisol sí aumenta con el estrés, en ciertos momentos del mes, con el ejercicio intenso y por la falta de sueño. Un exceso de esta hormona puede provocar problemas de salud, como hipertensión. Pero probablemente se le atribuyen demasiadas cosas.

Un subgrupo frecuente dentro del pánico en torno al cortisol en internet es el llamado “cortisol face”, una reformulación de mejillas hinchadas y bolsas bajo los ojos. El “rostro de luna” es un síntoma del síndrome de Cushing y probablemente de ahí proviene el término. “‘Cortisol face’ es más bien una explicación general para la hinchazón facial, el acné, la caída del cabello y la fatiga, porque a las redes sociales les encanta etiquetar todo”, explica Shereene Idriss, dermatóloga y fundadora de Idriss Dermatology en Nueva York.

De nuevo, hay una capa de verdad aquí, porque el cortisol puede causar retención de líquidos, pero también puede hacerlo el consumo excesivo de sal o pasar la noche en vela en TikTok. La inflamación, el daño en la barrera cutánea, la genética y una mala alimentación contribuyen a problemas de la piel que a menudo se atribuyen exclusivamente a las hormonas, señala Idriss, aunque estas sí influyen parcialmente en afecciones como el acné, la caída del cabello y el melasma.

Una vez que estás convencida de que un desequilibrio hormonal es la razón por la que te sientes y te ves mal, el algoritmo te mostrará influencers y profesionales que recomiendan suplementos como gomitas para aliviar el estrés. Los estadounidenses gastaron casi US$ 69.000 millones en suplementos en 2025, según la firma de investigación de mercado Grand View Research, y algunos médicos los están vendiendo, lo que complica aún más el panorama. Algunos tratamientos son inofensivos, como el seed cycling, que propone consumir semillas de lino y calabaza ricas en fitoestrógenos durante las primeras dos semanas del ciclo menstrual, y luego semillas de girasol y sésamo ricas en polifenoles durante las dos semanas finales para “apoyar el equilibrio hormonal”. Aunque estas semillas son deliciosas, los estudios sobre sus micronutrientes no son concluyentes sobre su impacto en los niveles de estrógeno y progesterona. Thangudu advierte que algunos complementos dietéticos pueden ser peligrosos, como la DHEA, una hormona esteroide, y ciertos suplementos de “corteza suprarrenal”, que pueden contener hormonas suprarrenales reales de origen bovino.

Ningún suplemento está garantizado como seguro, ya que en Estados Unidos están poco regulados.

 A veces no contienen las dosis que prometen o pueden estar contaminados con plomo. Algunos pueden causar problemas hepáticos y en otros órganos. Y, a menudo, entra en juego el efecto placebo. Patil menciona un ejemplo: en estudios sobre sofocos, los pacientes que reciben placebos reportan una disminución inicial del 40 % en los síntomas. Cabe suponer que puede ocurrir lo mismo si tomas ashwagandha para el estrés, salvo que no tienes idea de lo que realmente estás ingiriendo. “Todo es marketing”, añade Thangudu.

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Casserly nunca ha comprado directamente a un influencer, pero sí toma en serio parte de sus consejos. Está intentando quedar embarazada nuevamente y tiene antecedentes de progesterona baja. Toma glutatión, un suplemento que afirma desintoxicar el hígado, incluido el “exceso de estrógeno” que podría acumularse allí. También tomó vitex (conocido como sauzgatillo) para alargar su fase lútea y favorecer la concepción. Cree que funcionó porque obtuvo una prueba positiva, aunque perdió el embarazo. “Simplemente me sentía mejor”.

Los médicos sí recomiendan una suplementación limitada, como hierro, vitaminas D y B12 y magnesio, cuando las condiciones del paciente lo justifican. 

Sin embargo, en su mayoría, son las cosas simples —y poco glamorosas— las que realmente te hacen sentir en equilibrio: dormir bien, alimentarte mejor, manejar el estrés y pasar tiempo con amigos. Pero nada de esto probablemente cambiará cómo se siente alguien como Casserly, una persona afectada por sus experiencias con médicos y que aún no encuentra las respuestas que busca. “En el sistema tradicional basado en seguros, que los pacientes tengan cinco minutos con su médico para abordar enfermedades complejas es ridículo”, dice Thangudu. “Por supuesto que los pacientes buscarán soluciones alternativas. Es muy difícil ser paciente”. (I)

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Nota publicada originalmente en la revista impresa de Harper's BAZAAR Estados Unidos.