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HARPER'S BAZAAR ECUADOR

Hay algo en Brandon Proaño que contradice la imagen que suele acompañar a un makeup artist. Su cabello rubio tiene algo de punk. Su ropa es negra. Su estética es excéntrica y no pasa inadvertida. Él tampoco intenta hacerlo. En una videollamada desde Nueva York, aparece tal como es: directo, divertido, risueño y con una historia donde cada decisión era intuitiva.

Tiene 30 años y nació en Estados Unidos. Sus padres, ecuatorianos, habían migrado en busca de mejores oportunidades años antes. Encontraron la vida que buscaban y, después de jubilarse, regresaron a Ecuador. Brandon volvió con ellos cuando tenía 10 años.

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En Quito aprendió a leer y escribir en español para terminar el colegio. Luego estudió arquitectura y diseño interior por dos años, pero no fue lo suyo. Más adelante, entró a la Universidad de Las Américas para estudiar cine. Esta carrera, en cambio, reunía varias de sus obsesiones, como el arte, la moda, los escenarios, el vestuario y, por supuesto, el maquillaje.

Brnadon proaño
FOTOGRAFÍA: JOSHUA GOING.

Mientras era adolescente, a este joven le atraía el tocador de su madre. Ella casi siempre estaba al natural, pero poseía una colección de cosméticos que él miraba, tocaba y probaba. En Halloween maquilló a sus amigos y a sí mismo. Tenía alrededor de 15 años cuando aquello dejó de ser un juego ocasional y empezó a verlo como una fascinación. El maquillaje le interesaba porque se parecía a pintar sobre un lienzo que no era plano. 

“Me gustó experimentar con otro tipo de superficie, que es un rostro. Un plano mucho más tridimensional”.

En la universidad hizo de todo. Estuvo en comerciales, participó en películas y cortometrajes y se involucró en dirección de arte, escenografía, vestuario y maquillaje. Algunos de los profesionales que conoció en esas producciones fueron sus profesores. Para él, diseñar un espacio, construir un personaje o arreglar un rostro parten de la idea de crear algo desde cero.

No existió una gran escuela detrás de su formación. Casi todo fue empírico. Experimentó, observó y se equivocó. Tomó un curso de body painting porque necesitaba entender esa técnica, pero el resto lo aprendió haciendo.

 “En el arte, el cielo es tu límite. Es lo mismo con el maquillaje”.

Brnadon proaño
FOTOGRAFÍA: JOSHUA GOING.

Después de graduarse en 2021, Brandon decidió regresar a Estados Unidos. No había un plan perfecto. La pandemia había complicado todo y su padre estaba en un tratamiento contra el cáncer. Su familia estaba preocupada. Él también tenía dudas. Pero quería crecer y sentía que Ecuador ya no le ofrecía las oportunidades que buscaba. Su hermana, que vivía en ese país, le compró el pasaje y le dio una semana para preparar sus cosas. “Soy una persona que no tiene miedo de caerse y volverse a levantar. No tengo miedo de tomar un riesgo”.

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Llegó con sus cosas y una pregunta: ¿qué voy a hacer ahora? Comenzó maquillando para sesiones sencillas y luego entró en la esfera del entretenimiento nocturno. Maquilló acróbatas, artistas y performers para fiestas, bares y clubes. Con el tiempo, Broadway llegó a su vida… (I) 

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