¿Hay una calificación para lo bello? ¿En cuánto se pueden rankear tus facciones? Términos como el looksmaxxing, la simetría y el glow up se han posicionando con los años en redes sociales. El primero, que viene del inglés de maximizar la apariencia, ha tomado más revuelo: hoy es casi imposible pasar cinco minutos en TikTok sin toparse con un video que promete "optimizar" tu rostro bajo ejercicios y tips.
Este trend nació en foros de internet en el 2010 ligados a la cultura incel, donde se sostenía que el éxito romántico dependía casi exclusivamente de rasgos físicos cuantificables. Con la llegada de la generación Z a TikTok, Reddit y Discord a inicios de 2020, ese vocabulario de nicho se filtró al lenguaje cotidiano de millones de adolescentes, muchas veces sin que supieran de dónde venía.
A esta fiebre por medir la belleza se ha sumado la industria entera. Según firmas como Coherent Market Insights y Precedence Research el mercado global de análisis de piel con inteligencia artificial se valora en entre US$ 1.5 y 2.1 mil millones en 2025-2026, con proyecciones de alcanzar los US$ 6 y 7 mil millones para 2033-2034. Si se amplía el lente al total de la IA aplicada a belleza y cosmética, la cifra sube a US$ 5.3 mil millones en 2026, con proyección de llegar a US$ 10.86 mil millones para 2030.
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Dentro de ese ecosistema, Qoves es el ejemplo más claro. La app es parte de una empresa de biotecnología y consultoría estética de Estados Unidos que está basada en más de 2,000 estudios científicos revisados por profesionales sobre morfología facial y dermatología. La firma analiza más de 100 puntos del rostro: simetría, proporciones, calidad de piel, envejecimiento. El resultado es un "puntaje biométrico" acompañado de un protocolo de mejora que puede ir desde una rutina de skincare hasta sugerencias de procedimientos no quirúrgicos.
El escaneo básico es gratuito, pero los reportes más profundos tienen un costo base de US$ 150 para un informe estándar de estética y proporción, el cual puede aumentar hasta los US$ 300 si se añaden servicios avanzados o consultas complementarias. El precio final también varía si agregas extras opcionales, como recomendaciones de peinado por US$ 25 o el servicio de entrega exprés por el informe con un recargo aproximado de US$ 80.
A mí me apareció en redes, específicamente en TikTok, donde se analizan las caras de famosos con voces profesionales y medidas exactas, como si fuera un diagnóstico clínico, aunque de acuerdo con profesionales, podría no estar tan lejos de serlo. Laura de Saltos, médico estética con especialidad en medicina regenerativa y maestría en armonización facial, explica que lo que hacen estas aplicaciones no es tan distinto de lo que ya se utiliza en los consultorios.
"Nosotros utilizamos la armonización y proporciones. Esto significa que evaluamos las diferentes partes del rostro para tener una métrica de la relación que tienen entre ellas. Antes pensábamos que la belleza era directamente proporcional a la simetría que existe en el rostro y resulta que no. La simetría no necesariamente significa belleza, pero la proporción sí. La realidad es que la tecnología nos ha alcanzado de tal manera que ya el uso de este tipo de aplicaciones nos permite que, como usuario, puedas identificar qué te queda mejor".
Para Laura, la armonización facial no es una moda pasajera sino una ciencia: tiene un objetivo claro —igualar, dar proporción y perfeccionar la percepción de belleza—, cuenta con evidencia respaldada en investigaciones y libros especializados, y responde a una demanda social creciente de pacientes que buscan mejorar su rostro para desenvolverse mejor en entornos sociales y laborales. De hecho, esta profesional explica que hoy existen tendencias como la “tinderización”, la necesidad de modificar el rostro pensando netamente en las apps de citas, verse bien para “el match” más que en la vida real.
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Así mismo, indica que hay pacientes que ni siquiera buscan verse mejor en persona, sino en pantalla, porque su trabajo ahora ocurre frente a una cámara con compañeros en otro país. Justamente ahí es donde apps como Qoves venden su promesa central: que estas mejoras van a mejorar tu vida, punto.“Los estudios demuestran que tu apariencia influye en casi todo, desde tu carrera profesional hasta tu vida sentimental”, enfatizan en una sección de su página web. Luego comparte papers e investigaciones que indican que la belleza es un factor decisivo en el éxito en cosas como las finanzas, citas, socializar, salud, educación, ley, influencia y felicidad.
Pero, ¿qué hay detrás del ranking que la marca ofrece? El intento humano por medir y descifrar la belleza facial comenzó hace más de 2.400 años, cuando los antiguos egipcios utilizaron cuadrículas fijas para estandarizar las facciones, un concepto que la Grecia Clásica transformó en geometría pura a través de la proporción áurea y la división del rostro en tercios perfectos. Esta búsqueda estética se consolidó científicamente en 1498, en el Renacimiento con el tratado De Divina Proportione de Luca Pacioli ilustrado por Leonardo da Vinci, quienes unieron de forma definitiva las matemáticas y la anatomía facial.
Hoy en día, esta herencia ha evolucionado hacia la antropometría facial científica que explica Laura, una disciplina que ya no busca un "rostro ideal" artístico, sino que utiliza estereofotogrametría 3D y escáneres láser para mapear digitalmente la cara en milisegundos a través de decenas de puntos de referencia anatómicos fijos (llamados landmarks), midiendo con precisión absoluta distancias, ángulos y volúmenes.
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Bajo este enfoque moderno, la ciencia médica y biológica ha identificado dos indicadores principales que el cerebro procesa de forma inconsciente al evaluar lo que percibimos como "bello": la media poblacional (averageness) y el dimorfismo sexual. Estudios de 2025 de la revista Scientific Reports, explican que la media poblacional demuestra que los rostros matemáticamente más cercanos al promedio de la población son percibidos como más atractivos y familiares. Esto ocurriría porque el cerebro los procesa con mayor facilidad, y porque un rostro "promedio" suele señalar ausencia de anomalías genéticas.
Por otro lado está el dimorfismo sexual, es decir, rasgos femeninos o masculinos muy marcados por las hormonas, que influye de forma distinta en cada sexo. En las mujeres, mientras más femeninos son los rasgos del rostro, más atractivo se percibe, de forma bastante consistente. En los hombres, en cambio, no está tan claro: algunos estudios muestran que rasgos muy masculinos aumentan el atractivo, pero otros no encuentran ese efecto, e incluso hay evidencia de que un rostro demasiado masculino puede percibirse como menos cálido o menos confiable.
Por ejemplo, las matemáticas del rostro, si podemos llamarlas así , lo dividen en tercios de acuerdo a Laura. Uno superior (del nacimiento del cabello al entrecejo), uno medio (del entrecejo a la base de la nariz) y uno inferior (de la nariz al mentón), que no deberían diferir entre sí por más de 1.5 a 2 centímetros. Cuando hay un desbalance, la solución no siempre es quirúrgica: puede ser tan simple como un flequillo para acortar visualmente la frente, o rellenos y volumen en los labios para alargar un tercio inferior corto. Es la misma lógica —matemática aplicada a la cara— que usan las apps, solo que trasladada del consultorio a la pantalla del celular.
Para la psicóloga Verónica Varela, el problema no es el autocuidado. “Cuando es de una manera integral es bueno, pero cuando se transforma en una búsqueda constante —e interminable— de la perfección puede causar problemas”. Ella explica que, aunque solos no causen problemas mentales, sí pueden exacerbarlos o incrementarlos. Así mismo, indica que cada vez es más frecuente encontrar a personas que llegan a la consulta comparando su imagen con fotografías editadas o filtros.
“Cuando uno toma como referente estas fotografías, el cerebro empieza a focalizarse en supuestos defectos que hay, que antes pasaban desapercibidos. Entonces aumenta la insatisfacción con la propia imagen de una manera continua y se reduce la identidad a las características únicamente físicas”.
Inclusive, la psicóloga explica que ahora se ve un incremento con los hombres. “Durante muchos años la presión estética se ha estudiado, y enfocado mucho en mujeres. Pero actualmente observamos que los hombres también están experimentando una creciente preocupación por la estética”, lo que responde a los vídeos de jóvenes con tips para lograr el looksmaxxing.
Qoves también enfrenta críticas. Usuarios comentan que las simulaciones de cómo quedaría el rostro tras un cambio a veces alteran la cara mucho más de lo esperado, que los comentarios son básicos para todos los rostros. Así mismo cuestionan el costo de los reportes premium, los algoritmos que podrían estar entrenados sobre todo con rasgos eurocéntricos y la duda de qué se hace con esta información que los individuos están subiendo.
Laura, sin embargo, es tajante en este punto: para ella estas métricas están "bien establecidas" y no tienen relación cultural, de tradiciones ni de etnia; lo que sí miden es el estilo de vida y los cambios asociados a la edad, no un ideal racial. Incluso resalta el concepto de "familiaridad" —que asocia la belleza con lo que se observa de forma constante en el entorno— y que genera una problemática debido a la rapidez con la que cambian las modas (como las pecas tatuadas o los “russian lips”), lo que a menudo lleva a los pacientes a someterse a correcciones posteriores.
Por eso su recomendación es clara: usar estas aplicaciones está bien como punto de partida, pero cualquier cambio real —de un corte de cabello a una inyección— debería hacerse siempre de la mano de un profesional. Porque lo que en la pantalla parece un ajuste menor, puede terminar en infecciones, alergias o resultados que no coinciden con lo prometido.
Sin embargo, el uso de la IA para puntuar la "atracción estética" en aplicaciones comerciales ha generado un intenso debate bioético. Un estudio publicado en arXiv titulado Analysis of Bias in Deep Learning Facial Beauty Regressors demuestra matemáticamente que varios modelos operan bajo criterios excluyentes que discriminan por etnicidad, perpetuando estereotipos masivos de internet.
Asimismo, investigaciones de la editorial científica MDPI (Facial Beauty According to AI: Algorithmic Aesthetics) advierten que los modelos de IA generativa producen rostros femeninos convencionalmente atractivos por defecto —incluso cuando se les pide explícitamente generar apariencias "promedio" o "poco atractivas"—, lo que sugiere una "atractividad exagerada" y artificial que podría estar optimizada para maximizar la interacción en redes. Por otro lado, publicaciones en el Journal of Clinical and Aesthetic Dermatology (JCAD) alertan que herramientas comerciales como el Facial Aesthetic Index fallan rotundamente al capturar la diversidad cultural y las preferencias individuales, demostrando que mientras la medición de la estructura facial es una ciencia exacta, la definición de la belleza sigue estando profundamente ligada a la diversidad humana y cultural.
Y quizá esa sea la mayor contradicción de todas: durante siglos, el ser humano no tuvo más espejo que el reflejo tembloroso de un río. Hoy ese reflejo tiene un puntaje, una app y un plan de mejora descargable. El rostro, se convirtió para muchos en un proyecto más que optimizar, con métricas propias y la promesa —no siempre cumplida— de una vida mejor a cambio. (I)