Lily Silverton.
Lily Silverton. Sarah Cresswell.

En un mundo lleno de presión constante, oportunidades y expectativas, la productividad significa una sola cosa: hacer más, más rápido. Un enfoque que fácilmente puede volverse contraproducente; si todo es prioridad, entonces nada lo es.

Además, el trabajo remoto flexible está desapareciendo poco a poco y cada vez más personas regresan a la oficina, con trayectos más largos y jornadas más extensas. Sin embargo, distintos estudios muestran que la productividad general ha caído año tras año desde 2008 —con excepción del breve aumento durante la pandemia en 2021—. Claramente, algo necesita cambiar.

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“Escribí mi libro Prioritise this para poner un poco de orden en el caos de la vida y ofrecer una alternativa a los mensajes simplistas a los que estamos expuestos constantemente —explica Silverton—. Al final, la productividad no se trata de velocidad ni de cantidad. No implica despertarse a las 5:00 ni sacrificar la vida personal; se trata de entender qué es importante para ti y darle prioridad”. Según ella, el cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos: “¿cómo hago más?” y empezamos a pensar: “¿cómo hago primero lo que realmente importa?”.

Replantea tus prioridades

Superar la procrastinación y mejorar la productividad suelen ir de la mano. Sin embargo, pocas veces se reconoce que ser proactiva tiene tanto que ver con manejar emociones como con administrar el tiempo. Lo que normalmente llamamos “pereza” o falta de enfoque suele ser evasión. Posponemos tareas porque se sienten pesadas, intimidantes o incómodas. La idea de hacerlas —o de no hacerlas bien— genera ansiedad, así que terminamos distrayéndonos con cualquier otra cosa. Pero, como todos sabemos, retrasar tareas importantes solo aumenta el estrés y la presión después.

Reconocer la evasión como una búsqueda de alivio emocional temporal puede ayudarte a replantear el problema. Pensar “esto es una reacción emocional y no un problema de gestión del tiempo” puede romper el patrón y abrir espacio para responder de otra manera. Las prioridades también juegan un papel clave. Cuanto más claro tengas qué es realmente importante —y qué no—, menos abrumada te sentirás y más fácil será avanzar con tus proyectos. Esa negociación interna constante sobre qué hacer primero desaparece cuando tienes claridad sobre lo que realmente importa.

Rompe el ciclo

Los malos hábitos laborales no aparecen de la nada; se desarrollan gradualmente como mecanismos para lidiar con entornos difíciles. Decir “sí” de inmediato, revisar correos constantemente, sobreprepararse o permanecer disponible todo el tiempo son comportamientos que suelen comenzar como intentos de parecer capaces y eficientes en el trabajo. El problema es que esos hábitos no desaparecen solos. Prepararse en exceso pudo haber ayudado al inicio para manejar la incertidumbre en un nuevo puesto, pero termina agotando tiempo y energía. En estos casos, la productividad no cae porque hagamos poco, sino porque hacemos demasiado.

Romper patrones poco útiles comienza con consciencia. Pregúntate: “¿Qué hago regularmente que ya no me funciona?”. Luego, elige solo un hábito para cambiar. Por ejemplo, si tu reacción automática es decir “sí” a todo, comienza respondiendo “tal vez”. Haz cambios pequeños, observa el impacto y avanza desde ahí. Muchas veces, el cambio más útil no consiste en añadir nuevas rutinas, sino en dejar ir las viejas.

Aprende del rechazo

El rechazo es una parte inevitable de la vida laboral, pero eso no significa que deje de doler o de afectar el ritmo. Un ascenso perdido, una propuesta rechazada o un correo crítico pueden desviarnos mucho más de lo esperado. Una forma de protegerte después de un golpe es preguntarte: “¿Esto cambia lo que realmente me importa?”. La respuesta es clave. Si algo realmente importa, entonces el rechazo no significa rendirse, sino encontrar otro camino.

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Somos más productivas cuando dejamos de tomar el rechazo como algo personal o de permitir que afecte nuestra confianza. Es importante recordar que el rechazo rara vez tiene que ver completamente con nosotras; generalmente existen otros factores involucrados. Además, cuando tenemos claras nuestras prioridades, es menos probable que el rechazo nos desestabilice: deja de sentirse como un juicio sobre nuestro valor y se convierte en información útil o retroalimentación.

“Si algo realmente importa, el rechazo no es una señal para rendirse, sino una indicación de que debes encontrar otra ruta”.

Sé tu propia referencia

La comparación quizás no sea lo primero que pensamos al hablar de productividad, pero puede ser extremadamente desgastante vivir midiendo nuestras supuestas carencias frente a los demás. En entornos laborales —y en redes sociales— donde vemos constantemente los logros ajenos, compararse es casi inevitable. En lugar de intentar eliminarlo, úsalo a tu favor. En vez de permitir que afecte tu confianza o distorsione tu percepción de progreso, toma esa sensación como información. Pregúntate: “¿Qué es exactamente lo que admiro de la vida o los logros de esta persona?”

También es importante no medir tu ritmo o éxito frente al de alguien más sin preguntarte primero si realmente querrías tener toda su vida y no solo los momentos destacados. Luego, piensa si estarías dispuesta a intercambiar también tus propias experiencias. Muchas veces, la respuesta es no. Compararse fragmenta la atención y limita la creatividad porque dirige el enfoque hacia afuera. No intentes ganar la carrera de otra persona; dirige tu energía hacia la tuya.

“Eat the frog”

Otro buen paso es aplicar la técnica conocida como “eat the frog”. El reconocido coach de desarrollo profesional Brian Tracy sostiene que, si tienes que hacer algo difícil o intimidante, lo mejor es hacerlo primero, antes de que desaparezca la fuerza de voluntad.

La frase hace referencia a una cita atribuida a Mark Twain: “Si tu trabajo es comerte una rana, lo mejor es hacerlo a primera hora de la mañana. Y si tienes que comerte dos ranas, empieza por la más grande”. Tu “rana” puede ser preparar una presentación o enfrentar una conversación importante; sea lo que sea, hazlo primero para no pasar el resto del día preocupándote por ello.

La productividad no es estática. Cambia junto con nuestras prioridades, circunstancias y compromisos. Cuando está alineada con lo que realmente importa, el trabajo se vuelve más sostenible y menos agotador. El objetivo no es hacerlo todo perfecto, sino hacer lo que puedas con intención y compasión. (I)

Esta nota se publicó originalmente en Harper's BAZAAR UK.