Cortesía de la marca.
Cortesía de la marca. Isabel Delgado.

En abril, Milán late distinto. La primavera brinda tardes cálidas, las calles se llenan de turistas, estudiantes y compradores que caminan buscando señales en cada esquina. Es un mes especial por la semana de diseño, un evento que convierte fachadas, patios y pasajes en un gran laboratorio a cielo abierto; y el Fuorisalone es, justamente, la feria que lleva las experiencias al espacio público, cerca de la gente.

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En medio de instalaciones monumentales, piezas de lujo y objetos interactivos, también había diseño hecho desde Ecuador. Entre esas voces, una llamaba la atención desde un metro cuadrado preciso. En este espacio se levantaban formas puntiagudas, casi como brotes de un paisaje futurista, donde lo último que uno imaginaría es que todo está hecho de papel. Ese arte‑objeto se llama “1 metro cuadrado/1 segundo” y fue creado por el estudio Don Nadie. La ironía es inevitable: su nombre nació como broma sobre “ser un don nadie” en una ciudad desconocida, pero hoy esta firma creó un proyecto que representa a Ecuador en una de las capitales mundiales del diseño. 

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Cortesía de la marca. Isabel Delgado.

Este estudio, enfocado en el papel y el plegado, nació en 2016, al mismo tiempo que se consolidaba la amistad de sus dos fundadores. De un lado está Juan Alvarado, ecuatoriano nacido en Machala, formado en diseño en Cuenca; y del otro, Lisandro Carrasco, argentino de Tucumán y diseñador industrial. Ellos se conocieron estudiando una especialización en Buenos Aires y, en una ciudad inmensa y competitiva, empezaron a hacerse una pregunta clave: ¿qué podían crear que realmente los diferenciara?

“Buscábamos poner en valor la manualidad. Creo que estamos en una época donde lo digital, lo virtual y la inteligencia artificial están dominando cada espacio, y cuando Don Nadie surgió estábamos anticipándonos a esta oleada. Quisimos poner valor en el trabajo minucioso, en el trabajo manual, en lo que rescata lo táctil”. A partir de ahí, iniciaron con la experimentación y el juego. Primero con collages de personas sentadas en la plaza y con macetas inspiradas en cerámica, pero elaboradas con cartón y papel. Este segundo material, para ellos, no solo es noble, sino que les permite conectarse con su infancia.

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Cortesía de la marca. Isabel Delgado.
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Cortesía de la marca. Isabel Delgado.

“Nuestra mirada es muy lúdica. Jugamos mucho con el papel y para nosotros es una forma de conectarnos con esa época de tu vida. Nos pareció lindo recobrar eso que a veces uno de adulto se olvida”. 

En 2018, llegaron a Ecuador con la idea de darle a este proyecto la forma de un negocio. Don Nadie empezó a brindar servicios profesionales para vitrinaje, props para producciones fotográficas, escenografías y objetos especiales. Las primeras vitrinas les trajeron mucha visibilidad, al ser espacios expuestos al público constantemente. Entre sus trabajos destacan colaboraciones con Victoria París, una marca de carteras de cuero biodegradable con base en Francia; y proyectos junto a inmobiliarias como Uribe Schwarzkopf, donde incluso hubo quienes pensaron que las imágenes eran generadas por inteligencia artificial. “A la gente le sorprende que se puedan hacer estas cosas con el papel y las manos”. Incluso, han colaborado con más de 30 marcas, entre ellas Mercedes‑Benz, con quienes recrearon La noche estrellada, con 17.700 “pinceladas” de papel montadas en apenas 15 días.

Para su trabajo, Don Nadie utiliza papelería fina italiana Fedrigoni, de 150 a 360 gramos, teñida de fábrica, libre de contaminantes y con una lógica de bioeconomía, ajustando el gramaje según la escala y la resistencia que requiere cada objeto. 

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El año pasado participaron en una residencia artística en el Chocó Andino, una experiencia que los marcó. Para Lisandro, que antes de dedicarse al diseño estudió varios años agronomía, fue un reencuentro con ese vínculo botánico y con un territorio que no conocía. Allí trabajaron con comunidades para mostrar que muchas de las plantas consideradas “malas” en realidad podían ser aliadas para la alimentación si se pensaban desde otros modelos de producción. En medio de informes, datos y conversaciones, se les quedó grabado un número que representa la velocidad a la que desaparece el bosque tropical en Ecuador. Parecía una cifra fría, pero en el territorio era una pérdida abrumadora.

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Cortesía de la marca. Isabel Delgado.

En diciembre, cuando se abrió la convocatoria del colectivo InBetween para exhibir en el Fuorisalone decidieron postular con la intención de seguir hablando de este tema. Una vez seleccionados entre ocho propuestas, optaron por crear una obra nueva: “1 metro cuadrado/1 segundo”. Esa era la velocidad a la que se pierde el bosque. El reto fue traducir esa medida en un volumen que pudiera sentirse con el cuerpo.

Sobre una base de un metro por un metro se levantan 16 unidades, concebidas a partir de la morfología de la caña agria, una especie endémica del Chocó. La parte superior está elaborada en papel plegado. En cambio, la parte inferior fue desarrollada con impresión 3D en un material biodegradable que comienza a descomponerse a partir de los 60 grados. Primero modelaron la forma en papel, prototipando, doblando y corrigiendo una y otra vez. Luego, ese modelo pasó a manos de un equipo de impresión, que digitalizó los volúmenes y los llevó al lenguaje tridimensional.

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Cortesía de la marca. Mono Alvarado.

El proyecto tenía otro desafío: todo debía ser completamente desarmable y caber en una maleta. Durante la entrevista, Juan y Lisandro me muestran algunas de las unidades que llevaron a Italia: las bases de tres piezas se ensamblan como un rompecabezas y, a un lado, los prototipos iniciales, los pliegos de prueba, donde se ensayaron ángulos, uniones y proporciones. 

Para Juan, este fue uno de los mayores retos. “No solamente es lo que está visible, sino todo lo que hay detrás. Para nosotros es muy difícil vender nuestros servicios localmente porque la gente piensa que es papel y por ende es barato, es rápido, es económico... Nosotros tratamos de que el valor de nuestro trabajo esté en lo manual y en el tiempo que toma, pero también en las ideas que están detrás”.

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Cortesía de la marca. Mono Alvarado.

Ahora, después de Milán, su intención es que su obra no se quede en una sola exhibición. Quieren seguir moviéndola, adaptándola a otros espacios. “Nosotros creemos que el diseño es una herramienta crítica, que puede hablar de cosas complicadas, no solamente de belleza”, explica Juan. 

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Más que trabajar a partir de “referencias” o de la inspiración como concepto romántico, parten de otra base: las preguntas. “La inspiración es intrínseca al diseño, pero si tú no te preguntas cosas es difícil resolver algo”. Para Lisandro, este material es un escape, una manera de desconectar; para Juan, en cambio, está profundamente ligado a lo humano y a una forma de resistencia a lo digital. Es indudable que en Don Nadie todavía quedan muchas preguntas por resolverse en el papel. (I)