A Carla Paucar la moda siempre le interesó de una forma más “desenfadada” en sus propias palabras. No era la niña que coleccionaba revistas ni la que soñaba con grandes marcas. Ni siquiera conocía sus nombres. Lo que sí le atraía era la posibilidad de crear: hacerse ropa, experimentar, perderse entre imágenes y libros. Hoy, esa misma niña recibe arreglos florales de casas de lujo como Hermès en agradecimiento por su trabajo. “Cuando me llegó el presente estaba flipando (palabra que usa por vivir toda su vida en España). Ellos me agradecen por la colaboración, pero para mí es como: ‘gracias ¿de qué?’”, dice entre risas durante la entrevista.
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Nació en Quito en 1992, en una familia que —como muchas a inicios de los 2000— migró a Europa en busca de mejores oportunidades. Se define sin rodeos como hija de inmigrantes y reconoce que ese movimiento marcó profundamente su historia. “Gracias a su esfuerzo pude estudiar lo que quería, tener más oportunidades y ver que el mundo me ofrecía un montón de cosas”. Paucar explica que era una persona tímida que creció en Madrid. Sin embargo, a través de su cabello y su ropa nunca tuvo miedo de mostrarse. Aunque no tenía claro a qué quería dedicarse, hubo algo que la atrapó del teatro y la danza. Estudió Artes Visuales, Danza y Teatro Físico, una combinación que la llevó a castings y pequeñas oportunidades como actriz o bailarina. Pronto descubrió los límites de ese camino.
“Es un mundo complicado y que no funcionaba conmigo”.
Hace más de 12 años abrió sus redes sociales y comenzó a compartir los looks que le gustaban, sin pensarlo demasiado. Poco a poco la gente empezó a escribirle. Recuerda que una de las primeras personas en contactarla fue una actriz española. “Me escribían diciendo que las vistiera. Yo me quedaba sorprendida porque no hacía eso. Pensaba: ‘¿qué está pasando?’”
Gracias a su pareja y a sus amigos comenzó a acercarse más a la industria. Rodeada de fotógrafos y directores de arte, su interés creció. “Ayudaba a mis amigos, planchaba, quería aprender, pero de una forma práctica. Iba a los shootings para entender cómo funcionaba este mundo”. Con el tiempo empezó a construir un portafolio que le dio la confianza suficiente para aceptar trabajos con artistas emergentes y editoriales de revistas. También recuerda el papel que tuvieron las redes sociales en el proceso. “En ese momento, para estar en la industria tenías que ser muy misterioso. La moda tiene una movida muy snob. Yo en TikTok empecé a hacer lo contrario. Era como: ‘mira, no todo es tan glamuroso’ y la gente se identificó con eso”.
Cuando llegó la pandemia, Paucar todavía no se dedicaba por completo a la moda. Trabajaba en una tienda de ropa y hacía styling en su tiempo libre. Pero el encierro despertó algo distinto. Compró pinturas, alambre y otros materiales por Amazon y empezó a intervenir su cabello con creaciones cada vez más elaboradas. “Estaba aburrida en mi casa, así que empecé a experimentar y a subir fotos. Estaba como loca con un juguete nuevo, como si hubiera descubierto algo dentro de mi casa que no sabía que existía”.
Esa experimentación llamó la atención de revistas como Harper's BAZAAR España, que la invitó a comentar looks de pasarela. Una vez más, la sorpresa fue enorme: ella sentía que simplemente estaba jugando. La recepción de sus creaciones hizo que su trabajo adquiriera una línea más teatral, lo que la conectó con todo lo que había estudiado. Aquello la impulsó hacia nuevos proyectos con diseñadores y semanas de la moda.
“Era una niña descubriendo un mundo que se le había abierto de repente”.
Entre esos proyectos tempranos hay uno que, hasta hoy, funciona como una brújula personal: el photoshoot que hizo con sus sobrinas. La idea nació de su fascinación por los retratos familiares antiguos. Quiso recrear esa atmósfera con alguien cercano y eligió a las niñas de su familia. Hizo el styling, diseñó los peinados, pensó la puesta en escena y llamó a una amiga fotógrafa. El resultado fueron imágenes cálidas y misteriosas, cargadas de una energía femenina muy reconocible. Cuando le pregunto por sus trabajos favoritos, esas fotografías siguen apareciendo en primer lugar.
Su trabajo con artistas es ampliamente reconocido. Durante una temporada fue estilista de la cantante Nathy Peluso, a quien conocía desde la universidad cuando ambas estudiaban teatro físico. Más adelante comenzó a colaborar con otros nombres de la escena española. Participó en el universo visual de El Madrileño, el álbum de C. Tangana que convirtió la estética de los bares tradicionales, los manteles de cuadros y las vírgenes de pared en un imaginario pop global. Últimamente, trabajó con artistas como Judeline y La Torre, la primera ecuatoriana en presentarse en Colors, a quien vistió para su debut en la plataforma.
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Paucar reconoce que muchas veces no se sintió preparada para ciertas oportunidades. Cuando llegaron, decidió lanzarse guiada por la intuición y por una cierta “ignorancia” que la protegía del miedo. La duda muchas veces llegó con revistas importantes o con artistas reconocidos que la buscaban, pero también se recordó a sí misma algo esencial: “si me están llamando es por algo”. “Recuerdo que a Nathy la vestí para el estreno de Fast & Furious. Le conseguí una pieza alquilada del archivo de Jean Paul Gaultier que ni siquiera ellos tenían. El look gustó muchísimo y de repente la gente de la marca me escribió preguntándome de dónde había salido la pieza. Yo pensaba: ‘¿por qué esta gente me está escribiendo? Qué loco’”.
Su economía no depende únicamente del styling. Hoy Paucar vive principalmente de las redes sociales. Los contenidos que comparte en TikTok e Instagram —desde procesos creativos hasta anécdotas de sus experiencias— le permiten tener estabilidad económica y, al mismo tiempo, elegir qué proyectos acepta. Esa independencia es fundamental.
Sobre la industria de la moda, ella habla sin tapujos. “Es un mundo cerrado, elitista y complicado. Pero, he tenido la suerte de estar rodeada de amigos con los que he trabajado muchísimo y que han construido un círculo sano”. Sabe que todavía hay trabajos mal pagados, que los honorarios llegan tarde y que el prestigio no siempre se traduce en condiciones dignas. Ella señala que la única manera de vivir bien del styling suele ser atarse a la gira de un gran artista o aceptar campañas publicitarias.
“Realmente lo que me gusta es que tengo claro que si el día de mañana me llega a interesar otra cosa la voy a hacer. No me cierro absolutamente a nada”.
Paucar no pierde el entusiasmo. Esa pasión por su trabajo la sigue emocionando a través de los proyectos y las colaboraciones que realiza. Se sigue sorprendiendo al tener en sus manos prendas de desfiles, al construir un personaje desde cero o al descubrir diseñadores emergentes. Su trabajo es, como ella misma lo define, “teatral, narrativo y divertido, construido desde la curiosidad, desde la investigación y sin ningún objetivo más que desarrollar una idea”. Desde Madrid —y con Ecuador siempre presente— Carla Paucar convirtió la curiosidad y el juego en un método de trabajo. (I)