“La moda es una manera de expresar quién eres y cómo te sientes. A mí me hace feliz, me cambia el humor, me abre puertas y me conecta”. Así define Paugen Moncayo, fundadora de VeraLover, su relación con la industria que ha acompañado su vida desde siempre. Es hija de madre china y padre ecuatoriano. A sus 41 años, Moncayo dirige una marca que se inclina por el instinto, la autenticidad y la conexión emocional con sus clientes. Su visión responde a las tendencias y a “una forma de vivir, de ser libre y de arriesgarse”.
Esta tienda se define por su modelo de curaduría internacional. La firma selecciona prendas en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, que son adaptadas bajo el criterio de su fundadora para el mercado ecuatoriano. La compilación es minuciosa, por lo que Moncayo viaja alrededor de tres veces al año para reunirse con proveedores, revisar colecciones y ajustar detalles como telas, cortes o acabados.
“Se trata de construir una identidad con piezas que destaquen, que no se hayan visto antes y que permitan a quien las use expresar su personalidad sin miedo”.
Cada año, lanza aproximadamente cinco colecciones, con 40 a 60 ítems cada una, y en fechas de gran demanda, como diciembre, el volumen aumenta debido a la rotación. La selección incluye vestidos, chaquetas y básicos —sus tres categorías principales— que son pensadas tanto para eventos especiales como para el día a día. Moncayo asegura tener tres pilares que definen su valor: la búsqueda de artículos, un servicio personalizado y la creación de experiencias. En sus tiendas, el equipo conoce a las clientas, entiende sus gustos y las guía en lo que puede funcionar para ellas. Además, organizan eventos vivenciales con arte, cultura y música. “Generamos espacios de conexión”.
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La historia de VeraLover comenzó mucho antes de su año de fundación (2016). Moncayo creció rodeada de telas, piezas y conversaciones de la industria. Su madre —quien era costurera— y su abuela se dedicaban a la venta de ropa al por mayor. “Mi mamá es mi inspiración”. Desde pequeña, la vio confeccionar ropa y participar en el negocio familiar, lo que sembró en ella una relación más creativa con este mundo.
A los 20 años, decidió salir del país y vivió durante una década entre Florida y California, en Estados Unidos. En ese país estudió administración de empresas con una especialidad en ventas y marketing. En ese tiempo, también trabajó junto a una tía que es diseñadora y así conoció de cerca la dinámica del mercado y cómo la moda cambia según el contexto cultural. “En ciudades cálidas, había una preferencia por colores vibrantes y estilos más atrevidos; mientras que en climas fríos predominaban los tonos neutros y las siluetas más conservadoras”.

Su regreso a Ecuador fue por amor. “Este es mi país. Siempre puedo regresar y quiero hacer una vida contigo”, fue lo que pensó cuando tomó la decisión de volver. Ese momento coincidió con la salida de su madre del negocio familiar, que pasaba a sus manos. “Decidí cerrar la tienda (se llamaba Mía). Operaba bajo un modelo más comercial y mayorista y quise empezar desde cero (...) Yo quería vender lo que me gusta, lo que me conecta”.
Así nació VeraLover, una propuesta de indumentaria más arriesgada y menos convencional.
El primer espacio fue un galpón industrial de 200 metros cuadrados en Guayaquil. El lugar fue transformado en lo que Moncayo describe como “un pequeño oasis de la moda”. Para muchas clientas, descubrir la tienda era como encontrar un “secret spot”. En esa época la marca comenzó a crecer de manera orgánica. La colaboración con estilistas, fotógrafos y artistas fue importante. A través de sesiones creativas y trabajo conjunto, se posicionaron como un proyecto distinto dentro del mercado local, explica su fundadora. Entre 2017 y 2018, estalló su crecimiento y la marca empezó a ganar visibilidad y a ser utilizada por figuras públicas e influencers. “El boca a boca se fue dando”. A partir de ahí, inició su expansión con tiendas físicas en Samborondón y Cumbayá (Quito) y próximamente abrirá una nueva ubicación en la Vía a la Costa, en Guayaquil.
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La clienta de VeraLover es una mujer libre, segura y decidida. “Es alguien que quiere comerse el mundo, que no tiene miedo y que busca lograr sus objetivos. Es alguien que convierte cualquier momento en una ocasión especial y que utiliza la moda como una herramienta para comunicar quién es, sin necesidad de palabras”.

En términos operativos, Moncayo maneja una estrategia de stock controlado. Cada diseño suele tener alrededor de seis unidades para evitar el sobreinventario, uno de los errores más comunes en la industria. En el caso de básicos o prendas de alta rotación, el número puede incrementarse. El ticket promedio está entre US$ 80 y US$ 135. Si bien incluye materiales sintéticos en algunos casos, esta guayaquileña asegura que prioriza incorporar fibras naturales como algodón, lino o seda, cuando es posible.
Actualmente, tienen un canal digital que complementa sus ventas físicas.
Para Moncayo, la fórmula de su negocio está en la intuición. Aunque sigue de cerca los desfiles internacionales y las tendencias globales, su decisión final responde a un instinto afinado por la experiencia. Su objetivo es ofrecer piezas icónicas, versátiles y atemporales, prendas que puedan permanecer en el clóset durante años y que tengan vigencia. (I)