Hoy es Nochebuena. Millones de personas en el mundo se reunirán alrededor de una mesa para compartir en familia y reencontrarse con quienes aman. Entre platos típicos, villancicos y conversaciones que se alargan hasta la madrugada, hay algo que se repite y eso es vestirse de rojo.
¿Por qué, en medio de tantas opciones, el rojo sigue siendo el color elegido para esta fecha? La respuesta atraviesa la historia, la religión, la psicología y, por supuesto, la moda. Según los archivos religiosos, desde su origen simbólico, el rojo está ligado a la tradición cristiana. Representa la sangre de Jesucristo y, con ella, la energía, el sacrificio y el amor. Con el paso del tiempo, este significado se expandió hacia ideas más universales como unión, celebración o fuerza emocional.
También te puede interesar: Más que un cinturón: ¿qué ocurre cuando la faja andina se reinventa?
La psicología también aporta en este tema. Expertos afirman que los colores generan respuestas emocionales y el rojo está asociado con la pasión, la calidez y la intensidad afectiva. Por eso, vestirse de este color es una decisión estética y una declaración emocional.
En este contexto, la moda se convierte en un lenguaje poderoso. Hay piezas que trascienden el tiempo y vestidos icónicos, versiones de autor que tienen un poder creativo. Harper´s BAZAAR Ecuador conversó con cinco diseñadores ecuatorianos cuyas propuestas en rojo —de ayer y de hoy— van de la mano con la fuerza de esta fecha.
Paula Recalde
La propuesta de Paula Recalde es un vestido rojo de la colección Exubia, presentada en Panamá y en el Quito Fashion Week. Nace de una investigación sobre la metalurgia prehispánica ecuatoriana y los procesos de transformación de la materia. La prenda utiliza denim sometido a lavados y deshilachados extremos, lo que genera tiras que caen como fragmentos. Aunque originalmente fue concebido como abrigo, en pasarela se presentó como vestido. Es oversize, intenso y adaptable a todos los cuerpos.

Nina Smith
Hablar de Nina Smith es hablar de rojo. Su vestido Guipur sintetiza décadas de una relación íntima con este color, inspirado originalmente en el rojo carmín que su padre utilizaba en sus obras de arte. Para Nina, el rojo es pasión, amor, seducción y también protección, una suerte de amuleto emocional. Diseñado inicialmente como vestido de novia, esta es una pieza flamenca, gitana y teatral. La parte superior fluye con libertad, mientras la inferior se sobrecarga de vuelos y movimiento. La randa se fusiona con distintas telas rojas y crea una prenda que celebra la humildad, la fuerza y la libertad femenina.

Lía Padilla
En Sangre (2017), Lía Padilla convierte el rojo en una experiencia visceral. Esta colección no surge de una tendencia ni de una referencia externa, surge de recuerdos personales: la muerte de su padre por leucemia y su propia infancia llena hemorragias nasales frecuentes. El vestido Alas es una pieza orgánica, abstracta e íntima. Está confeccionado en paño de lana, con zonas teñidas con cochinilla —un tinte ancestral— e incorpora manipulación textil, acolchados, algodón, bordados y pelo de alpaca que evocan plumas. Cada línea y cada volumen nacen de la reinterpretación de manchas reales de sangre, transformadas en composición artística. El rojo aquí es un color que activa emociones, que incomoda y conmueve.

Anabel López
En el universo creativo de Anabel López, el rojo es un manifiesto. Su vestido de la colección Disengage (2022) habla sobre la libertad de expresión y sus opuestos. Es de terciopelo elástico, material recurrente en la obra de López, cae con fluidez sobre el cuerpo y crea una silueta que parece moverse con vida propia. La espalda abierta sugiere vulnerabilidad y liberación, mientras una cadena metálica que desciende hacia atrás actúa como recordatorio de aquello que nos ata como: normas, expectativas y juicios. El rojo, en esta pieza, representa la expresión total, la rebeldía y el fluir sin miedo.

Jonathan Pérez
Es una prenda que forma parte de la colección Dios, presentada en el Quito Fashion Week 2025. Una obra que recorre el proceso emocional del luto, la pérdida sentimental y el posterior renacimiento espiritual. Se construye a partir de un corsé que marca la silueta, acompañado de transparencias reveladoras. Pérez asegura que este vestido es el punto de equilibrio donde la mujer se reconoce empoderada, sensual y en paz consigo misma. Para Navidad, este artista propone resignificar la fecha, transformar la nostalgia en reencuentro personal y vestir el rojo como símbolo de fortaleza emocional. (I)
