Calzado

Tacones hechos para caminar… ¿o para correr?

Tacones con un diseño audaz y una estética pensada para mujeres que entienden la moda como una extensión de su seguridad personal. Esta es la historia de Anama.

Por Daniela García Noblecilla

Cortesía Anama — Cortesía Anama

En el universo de la moda, hay marcas que nacen por gustos y otras que emergen de la necesidad. Anama pertenece a esta última categoría. Es una firma ecuatoriana de zapatos que se construyó desde la intuición y que hoy camina por el mundo. Detrás de estos diseños está Adriana Massuh, fundadora y directora creativa. Tenía 17 años cuando se convirtió en mamá y, desde entonces, aprendió a mirar el tiempo con otra lógica. “Me gradué del colegio y me dediqué a criar a mi hija. Dos años después empecé Anama”. La moda llegó como respuesta a una vida que necesitaba flexibilidad, autonomía y sentido. Antes trabajó poco tiempo en comunicación, pero supo que su camino no estaba en una oficina y quería construir algo propio.

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Anama nació en 2012, casi sin un plan. Zapateros, talleres, recorridos largos y decisiones hechas sobre la marcha marcaron el inicio. “Siempre reinvertí todo. No había ganancia, solo crecimiento”. Hoy, la marca cuenta con una producción extensa a mano, trabaja con más de 40 personas y mantiene su objetivo principal: hacer zapatos que sean cómodos y duraderos. Para Massuh, el verdadero lujo está en el oficio. 

“Cada vez se valora más lo hecho a mano. Hay productos que cuestan miles de dólares solo por eso”.

El estilo de Anama conecta con una mujer activa, femenina, segura de sí misma, asegura esta guayaquileña. Una persona que no renuncia al tacón, pero tampoco a la comodidad. “Siempre he odiado los tacones. Me di cuenta de que era muy difícil encontrar unos realmente cómodos, así que me enfoqué en ofrecer algo que sí lo fueran. Hoy todos nuestros modelos tienen plantillas acolchadas, de aproximadamente dos centímetros, pensadas para que el pie esté más cómodo desde el primer uso”. Cada diseño responde a una ocasión como: trabajo, celebración o días largos, que empiezan temprano y terminan tarde.

Cortesía Anama.
Cortesía Anama.

La marca lanza seis colecciones al año con ocho pares que salen a la percha en varios colores, siempre atenta a lo que ocurre fuera —dice Massuh—, pero traducido a un lenguaje propio. Los mismos zapatos que se venden en Ecuador cruzan fronteras y llegan a Estados Unidos, Europa y otros mercados a través de Amazon. 

“A muchos les sorprende que sean hechos en nuestro país”. 

Desde hace ocho años comparte tiendas con Martina Shoes, una marca que empezó como competencia y terminó siendo aliada. Comparten espacio, gastos y una complicidad poco común en el mundo comercial. “Ella vende su producto, yo el mío, ambos son zapatos, diferentes estilos. Nos hemos convertido en una familia literalmente”. La moda, para ella, también es comunidad.

En cuanto a materiales, Anama trabaja con insumos sintéticos, sin origen animal. Importa hebillas, adornos y textiles; y apuesta por una estética que trasciende la temporada. Beige, negro, vino, dorados suaves y transparencias conviven con siluetas pensadas para repetirse. “Hago zapatos que puedas usar muchas veces, no solo una”.

Cortesía Anama.
Cortesía Anama.

Entre todas las colecciones que ha creado en más de una década, hay dos que ocupan un lugar especial en su memoria. La primera es Mara, inspirada en el mar que nació tras su segunda importación de materiales: conchas, texturas poco comunes y elementos que dieron forma a una propuesta intensa. Aunque no fue la más comercial, sí fue la más exigente. 

“Fue una locura, cosíamos sin parar, fue increíble”. 

La segunda ocurrió mucho antes, en los inicios de la marca, cuando lanzó una colección de flats —sin nombre, sin espacios físicos y con ella misma atendiendo—, que coincidió con el auge de los zapatos planos. Ese fin de semana vendió US$ 500 y dijo: “esto sí es un negocio, tengo que ver cómo hago, cómo crecer”. 

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Cuando habla de inspiración, todo vuelve al mismo lugar: su hija. “La verdad es que ella es mi mayor inspiración. Desde que era chiquita siento un compromiso profundo con su bienestar. Mi vida ha tenido momentos complejos, pero todo lo transformo en resiliencia para seguir adelante. Sin duda, es la fuerza que me impulsa”. En la actualidad, esta marca está presente en cinco puntos: Av. 6 de Diciembre, en Quito, y en Guayaquil, en el Riocentro del Dorado, Riocentro de Los Ceibos, Plaza Buenavista y Riocentro Norte. Tiene miras de abrir un nuevo local en la Capital en 2026. 

Anama —reflexiona— es su segundo hijo. Un proyecto que le dio seguridad, identidad y una manera propia de entender la belleza. No como algo del momento, sino como el resultado de la constancia. Adriana Massuh propone algo más silencioso, pero duradero: zapatos que acompañan historias reales, pensados para mujeres que caminan con estilo. (I)