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Sign Of The Times

Mientras las modelos ultradelgadas recuperan las pasarelas y las celebridades continúan adelgazando, ¿la inclusividad fue realmente una evolución duradera o solo un momento de moda efervescente?

Por KIRSTIE CLEMENTS

Harper's BAZAAR — Ecuador

En un panorama que se siente a la vez predecible y decepcionante, las pasarelas y campañas internacionales vuelven a estar dominadas por modelos extremadamente delgadas. Este es un giro inequívoco respecto de la reciente apertura de la industria hacia la diversidad corporal. Tras varios años en los que el mundo de la moda intentó ampliar su mirada, celebrando un espectro más amplio de tallas y edades, hay un evidente regreso a un ideal más restringido. Ya sea impulsado por la nostalgia o por el pragmatismo, este cambio reafirma la naturaleza cíclica —o, mejor dicho, cínica— de la moda, donde el progreso es fugaz.

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Las estadísticas no son alentadoras. El más reciente Vogue Business Size Inclusivity Report muestra que la representación está en su punto histórico más bajo: las modelos de tallas medias —una talla australiana entre la 10 y la 16— representaron apenas el 2 % de los desfiles prêt-à-porter de Otoño-Invierno 2026, realizados en febrero y marzo. Las modelos de talla grande —AU 18 o superior— alcanzaron el 0,3 %. Son las cifras más reducidas desde que comenzó el seguimiento en 2023.

Ashley Graham para Nina Ricci, F/W 2026. 

La Semana de la Moda de Australia (AFW), celebrada en mayo de este año, tampoco movió la aguja de manera significativa. Más del 90 % de las mujeres australianas usa talla 10 o superior, y la talla promedio de la mujer australiana es la 16. Sin embargo, la mayoría de las modelos seleccionadas para AFW 2026 correspondía a tallas estándar AU 4 a 8. Es un desarrollo deprimente que decepciona a Chelsea Bonner, CEO de Icon Management y defensora de larga trayectoria de la diversidad y la inclusión en el mundo del modelaje.

“Se trata de encontrar una modelo que sea una buena representación de mi marca y luego visualizar qué quiero que use. No es diversidad como una tendencia ni un gesto simbólico. Es intencional”.

“Para un evento financiado con fondos públicos como este, los mínimos de representación no deberían ser radicales. Deberían ser obligatorios. También hubo solo cuatro o cinco supermodelos mayores de 35 años en un elenco de más de 100 personas que aparecieron ante los medios. La verdadera inclusión representa a nuestra sociedad. La visibilidad de la consumidora australiana real no es una petición de nicho” indica.

Mariam Seddiq fue una de las diseñadoras que presentó una variedad de modelos de distintas tallas en su muy bien recibida propuesta de AFW, una filosofía que siempre estuvo incorporada en el ADN de su firma. “Yo misma hago el casting; lo he hecho durante 11 años. Siempre me gusta conocer y conectar con la modelo que llevará mi ropa, saber más sobre su personalidad”, dice Seddiq.

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Para ella, el proceso es orgánico: “Se trata de encontrar una persona que sea una buena representación de mi marca y luego visualizar qué quiero que use. No es diversidad como una tendencia ni un gesto simbólico. Es intencional”

El uso habitual de profesionales de talla grande sigue siendo un problema, especialmente en el actual entorno distópico, donde la posibilidad —y la presión— de estar extremadamente delgada está a solo una inyección semanal de distancia. Olvidemos el terreno ganado por modelos curvy como Ashley Graham, Paloma Elsesser y Precious Lee. Este retorno a la delgadez extrema coincide con el enorme auge de medicamentos GLP-1 autoadministrados, como Ozempic y Mounjaro, que están haciendo que desde actores de Hollywood hasta colegas y amistades adelgacen —a veces de forma alarmante— ante nuestros ojos, aunque al parecer no es educado mencionarlo. (I)