Pasó el Día de la Madre y, como siempre, terminé mirando las fotos de las mamás de mis amigas cuando eran jóvenes y en la actualidad. Entre estilos que inevitablemente delatan una época, me encontré pensando en algo que, como una mujer de 22 años, no me había cuestionado hasta ahora: ¿qué pasa con nuestro estilo cuando nos convertimos en mamás?
Quizás la pregunta me tocó más de lo normal porque recién estoy encontrándome a mí misma. Recién entiendo qué me gusta, cómo me quiero vestir y qué piezas me hacen sentir yo. Entonces pensé en mi propia mamá, mis tías y mis primas mayores, que siempre han sido mis fashion role models. Entendí cómo el estilo de mi mamá ha evolucionado a lo largo de los años, no porque haya perdido su identidad, sino porque ha cambiado con ella. Todavía se emociona con una pieza nueva, con probar algo distinto, incluso —muy ocasionalmente— usar algo de mi clóset. Y ahí entendí que quizás estilo e identidad no son cosas estáticas, evolucionan con nosotras.
Contenido relacionado: Found in blue
Otro ejemplo es Laurel Pantin. En su página Earl Earl, escribe sobre mucho más que moda: desde estilo personal y compras inteligentes hasta maternidad y el caos cotidiano de la vida con dos hijos, siempre con un humor agudo e irreverente.
Fue editora de revistas como Teen Vogue, Lucky, Glamour e InStyle; es autora de su propio newsletter; y es dueña de Earl IRL en Los Ángeles. Pantin pertenece a esa categoría de mujeres que hacen que la moda se sienta menos intimidante y mucho más humana. Este mes, además, celebra cuatro años desde que lanzó su primer newsletter, un proyecto que comenzó como un hobby y terminó convirtiéndose en un negocio construido desde su propia voz. Earl Earl se siente como una extensión directa de quién es ella: su humor, su gusto, su honestidad, sus ideas.
Esa misma filosofía también vive en Earl IRL, su espacio en Los Ángeles, pensado menos como una boutique tradicional y más como una solución real para mujeres ocupadas que quieren vestirse bien sin sentirse esclavas de las tendencias. Mezcla marcas contemporáneas con una selección curada de piezas vintage y de reventa desde Céline de la era Phoebe Philo hasta Prada, Armani y Dior. Pantin trabaja directamente con clientas para ayudarlas a construir un guardarropa coherente con sus vidas reales —desde el sweatshirt perfecto hasta ese vestido negro que realmente funciona— con una mirada mucho más enfocada en identidad personal que en consumo impulsivo.
Lee también: Las apps que se convierten en tu estilista personal
Lo que más me llamó la atención no fue únicamente su estilo —aunque sí, claramente sabe vestirse— sino la manera en que habla de sí misma y de la maternidad. En lugar de describir esta etapa como una renuncia estética, Laurel habla de evolución. “La manera en que me visto ahora refleja la practicidad que viene con la maternidad, pero también la alegría, el sentido del humor, la impaciencia y la impulsividad”, comenta a Harper’s BAZAAR Ecuador.
Demasiadas veces la conversación alrededor de la maternidad parece implicar una especie de borrador silencioso de identidad, como si entrar en una nueva etapa automáticamente significara vestirse más apagada, más correcta o simplemente menos tú. Hay una seguridad muy particular en su manera de existir: en aceptar que no todo el mundo va a entender cómo te vistes, cómo trabajas o cómo decides construir tu vida. Como ella misma dice, convirtió una pasión en un negocio que genuinamente la hace feliz. Y sí, no a todo el mundo le va a gustar, pero quizás eso también significa que está haciendo algo bien.
Como mujer joven, encuentro inspiración en eso no porque quiera vestirme exactamente como Laurel, sino porque me recuerda que crecer no debería significar hacerte más pequeña. Cumplir 40 no significa perder relevancia, estilo o personalidad. Convertirte en mamá no significa despedirte de quién eras antes. El verdadero lujo es justamente sentirte cómoda con quien eres, en la etapa en la que estás.
Laurel siempre firma sus newsletters como “tu amiga”, y creo que esa es exactamente la sensación que deja. No la de una editora diciéndote qué deberías comprar, sino la de una mujer recordándote que todavía tienes permiso de seguir siendo tú misma. (I)