La respuesta a la pregunta del titular podría parecer obvia o incluso estética. Sin embargo, para quienes investigan un poco más aparecen teorías fascinantes respaldadas por la historia y la psicología, que inevitablemente nos llevan a otra pregunta: ¿desde cuándo las usan?
Mónica Tumbaco, fundadora y CEO de Fajas Renova; y Jasmin Madrigal, gerente general de Fájate Ecuador, repasan el camino de las prendas reafirmantes que, hoy en día, se confeccionan en versiones más cómodas, funcionales e innovadoras.
Para Tumbaco, este soporte corporal es, en todas las culturas y épocas, una expresión de belleza y poder. Cada civilización adoptó esta prenda a su manera, pero el mensaje de fondo siempre fue el mismo: moldear la silueta. Por su parte, Madrigal analiza que su transformación es inseparable del avance de la mujer misma, quien ha usado las fajas como símbolo de elegancia y la sensación de estar sostenidas.
La historia documenta que la cultura minoica, desarrollada en Creta y considerada el primer gran pueblo de Europa, ya utilizaba corpiños. La evidencia proviene de las estatuillas de la Diosa de las Serpientes, desenterradas por el arqueólogo británico Arthur Evans en 1903 y fechadas alrededor de 1.600 a.C. Las figuras representan a las féminas con elementos que estilizan la cintura y dejan los senos al descubierto. Su interpretación se asocia con fertilidad y estatus social.
Según registros, en la época del Renacimiento (siglo XVI), el corsé fue un símbolo de la nobleza italiana, relacionado con el poder político y económico. Se diseñaban con láminas de queratina extraídas de la mandíbula de algunas especies de ballenas. Las piezas flexibles y resistentes se procesaban para darle rigidez y forma cónica.
Más adelante, de acuerdo a medios internacionales, en la época victoriana del siglo XIX, esta pieza alcanzó su forma más extrema con siluetas de reloj de arena reforzadas con acero y varillas metálicas. Aunque fue visto como un símbolo de opresión, historiadores señalan que representó estatus, soporte físico y elección estética para muchas mujeres.
El declive del corsé llegó tras la Primera Guerra Mundial, a inicios del siglo XX, de la mano de diseñadores como Paul Poiret, que impulsaron prendas más libres y cómodas. Décadas después, figuras como Madonna le dieron un nuevo significado para uso externo como símbolo de moda, empoderamiento y expresión personal.
“Lo que comenzó como un elemento rígido de símbolo de estatus y elegancia aristocrática, fue transformándose a medida que se conquistaron nuevos espacios, a través del trabajo, la vida pública y el movimiento. La cintura fina siguió siendo ideal, pero el cuerpo exigía libertad”, comenta Madrigal.
En Ecuador, esta práctica tiene su propio origen en los pueblos indígenas andinos, donde es conocida como chumbi y es mucho más que un accesorio funcional. Si bien cumple la tarea práctica de sostener el anaco, su verdadero valor es simbólico y espiritual. Además, representa la conexión de quien la porta con la Pachamama, la Madre Tierra, y concentra en cada hilo una dimensión ritual y de identidad cultural, explican las expertas.
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En el siglo XXI continúan en el mercado, pero guardan distancias con el origen, a partir de dos criterios: la comodidad y la seguridad. “Hoy, la tecnología y el diseño han permitido que esa misma declaración de poder se lleve con comodidad, movilidad y libertad durante todo el día. De ahí que Renova haya hecho de la frase ‘bien fajadas’ su filosofía de marca, una idea que no habla solo de silueta, sino de lucha, presencia y el deseo universal de sentirse poderosa”, indica Tumbaco.
Sobre la historia de Fajas Renova, Tumbaco observó durante años cómo las mujeres en recuperación posoperatoria lidiaban con moldeadoras incómodas, abrasivas e indiferentes a la anatomía femenina. Nadie escuchaba sus sugerencias, entonces decidió escucharse a sí misma.
Así nació Renova, desde un pequeño centro estético en Ambato, con la complicidad de su madre (costurera y sastre de oficio) y la convicción de que el bienestar y la elegancia no deberían ser conceptos opuestos.
Hoy, 15 años después, la firma ofrece más de 80 desarrollos posquirúrgicos, posparto, correctora de postura y uso diario, disponibles desde la talla 3XS hasta la 5XL, con opciones de confección a medida para cuerpos que el mercado convencional ignoró siempre.
“La mujer que se siente bella es poderosa. Eso no ha cambiado”.
La gran innovación de su propuesta se encaja en su tejido hecho de microfibras de nylon con microcápsulas de algas marinas y mentatex que regulan la temperatura, favorecen la transpiración y potencian los resultados estéticos desde su propia textura.
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Tumbaco lo llama cosmética textil, una disciplina donde la ingeniería comercial (su segunda carrera, cursada en la Politécnica de Chimborazo) se fusiona con el conocimiento del cuerpo femenino. “El resultado es algo que se lleva todo el día, que no lastima ni asfixia, que respeta la silueta en lugar de contradecirla”.
Por su parte, Fájate Ecuador nació a partir de una experiencia personal. Hace 18 años, la madre de Jasmin Madrigal se sometió a una cirugía plástica y descubrió que las opciones disponibles en el mercado local eran rígidas y poco pensadas para las necesidades reales de una mujer en recuperación. Aquello la llevó a buscar alternativas más funcionales y cómodas, hasta encontrar a Fájate, una marca colombiana especializada en prendas de compresión postquirúrgicas. Tiempo después, la firma llegó oficialmente al país con la apertura de Fájate Ecuador, la primera franquicia internacional.
Su portafolio se articula en torno a tres grandes usos: la posquirúrgica, diseñada para acompañar la recuperación tras procedimientos estéticos o médicos; la posparto, orientada a la recuperación del cuerpo después del embarazo; y la de uso diario, pensada para quien simplemente quiere sentirse mejor, verse bien y moverse con confianza en su rutina.
“Una misma puede cumplir los tres propósitos dependiendo del momento de vida de quien la lleva”.
La marca aplica una tecnología de microcápsulas inteligentes, inspirada en desarrollos utilizados por la NASA, que actúa como un sistema termorregulador integrado en los tejidos. Estas cápsulas absorben el exceso de calor corporal y lo liberan cuando la temperatura desciende, ayudando a mantener una sensación de frescura y equilibrio en la piel.
¿Cómo elegir y cuidar tu faja?
Mónica Tumbaco y Jasmin Madrigal comparten algunas recomendaciones antes de elegir una prenda de compresión. El primer paso es conocer el propio cuerpo, ya que no todas las siluetas necesitan moldearse y usar una pieza sin necesidad real —o con un nivel de ajuste inadecuado— puede generar más incomodidad que beneficios. Identificar tu propia etapa de vida y el objetivo específico, ya sea recuperación, soporte o uso diario, es fundamental para tomar una buena decisión de compra.
Además, vale la pena revisar la calidad de los tejidos, verificar que cuenten con certificaciones y preguntar por la garantía del producto. Una tela noble, transpirable y con tecnología comprobada no solo durará más, sino que cuidará la piel durante el uso prolongado. En lo posible, buscar asesoría especializada antes de comprar, porque una recomendación experta puede marcar la diferencia entre una que transforma y otra que simplemente presiona.
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El cuidado posterior es igual de importante. Lavarlas a mano prolonga la vida útil de los componentes activos del tejido. La lavadora, la secadora y la exposición directa al sol deterioran y degradan sus propiedades. Para el lavado, marcas como Renova y Fájate ofrecen jabones especiales formulados para activar y preservar las propiedades bioactivas de sus textiles, un detalle pequeño que hace una diferencia real. Una prenda bien cuidada no solo dura más, sino que trabaja mejor. (I)