Si eres parte del mundo de la moda o disfrutas de las presentaciones de tus diseñadores favoritos, seguramente sabes lo que septiembre significa. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cuál fue su verdadero origen? Desde hace décadas, el noveno mes del año se ha vestido con sus mejores galas para recibir las creaciones más emblemáticas de las cuatro grandes capitales de la industria.
Este mes también juega un papel importante en las revistas, cuyo September Issue genera expectativa a nivel global. Mientras el consumidor vive la transición hacia el otoño, las pasarelas nos dan una mirada hacia el futuro con sus colecciones primavera-verano, que regirán las tendencias del próximo año.
A la par, existe un incremento en las compras, sobre todo en países con cuatro estaciones, donde los armarios se actualizan constantemente. Al subir las ventas, las marcas buscan publicitarse más para ser parte de la escena y mantener relevancia durante este icónico mes.
Si nos fijamos en la historia, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras el mundo vivía cambios sociales y políticos, la hasta entonces conocida “capital de la moda internacional”: París, vivía bajo ocupación alemana. Esto dificultó que las casas de alta moda se mantuvieran al día con sus exhibiciones, que eran clave para que funcionara la industria. Según Emily Spivack, para la Smithsonian Magazine, esto permitió que Nueva York tuviera una ventaja para posicionarse como el nuevo epicentro del estilo global.
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De esa necesidad, el Press Week, precursor del New York Fashion Week (NYFW), surgió en 1943 gracias a Eleanor Lambert, una publicista de la época que impulsó el concepto de exhibir las colecciones en una sola semana. El evento, celebrado en el Hotel Plaza, fue pensado para recibir a prensa especializada y generar visibilidad hacia los creadores estadounidenses de aquel entonces como Claire McCardell, Hattie Carnegie y Norman Norell. Según Clara Ferrero, periodista de Harper’s BAZAAR España, en su primera edición, “acudieron periodistas de todo el país e incluso pagaron para asegurar la cobertura”.
Así, la Gran Manzana se instauró como la nueva “meca de la moda”, con shows que inicialmente se realizaban en julio. Este fue solo el primer paso que pondría a la moda americana en el mapa. Eleanor también creó la lista de los mejor vestidos en 1940 y “La Fiesta del Año” en 1948, que posteriormente evolucionaría en la Met Gala que conocemos hoy.
Según Council of Fashion Designers of America (CFDA), también fundado por ella en 1962, “Lambert, desempeñó un papel crucial en la promoción de la moda estadounidense”,
Su trabajo marcaría un cambio en los patrones de consumo global que se evidencia en la exhibición digital American Beauty: Aesthetics and Innovation in Fashion del Museum at FIT (Fashion Institute of Technology). Donde se reconoce que los diseñadores estadounidenses, crearon un ecosistema, vigente hasta la actualidad, que abarca una amplia gama. Desde el ready-to-wear (concepto innovador orientado hacia prendas de diario más asequibles) hasta un segmento de lujo, con estilos sofisticados y acabados de primera, la moda americana propuso un cambio de perspectiva en la construcción y estilo de las prendas de vestir y básicos que nos acompañan hasta ahora.
Durante su carrera, Lambert representó a figuras como Salvador Dalí, Oscar de la Renta, Calvin Klein y Christian Dior. Además de impulsar la moda de su país, trabajó hasta los 100 años brindando asesorías de manera independiente. Un mes antes de fallecer, acudió a la NYFW en septiembre de 2003; fue su última aparición pública. Desde 2001, el CFDA conmemora su legado con un premio que lleva su nombre, otorgado a quienes hacen grandes contribuciones a la industria.
A la par, Ruth Finley, periodista de Massachusetts, también promovió el crecimiento de la moda americana. Según el Fashion Institute of Technology (FIT), encargado de digitalizar su calendario oficial de la moda, este se imprimió en su icónico papel rosa desde 1941 hasta 2014, que cedió la responsabilidad al CFDA. Esta publicación periódica, bajo suscripción, contenía los listados oficiales de la Semana de la Moda de Nueva York. Se dice que durante los 70 años de carrera de Finley, todo diseñador pasaba primero por su coordinación antes de fijar una fecha, para evitar que se cruzara con otros eventos.
Desde entonces, los meses de exhibición han variado considerablemente. Entre los años cuarenta y cincuenta, el Press Week presentó sus desfiles en enero, para la temporada otoño-invierno, y en julio, para primavera-verano. A medida que se consolidaba como una herramienta comercial, en los noventa, el CFDA centralizó los desfiles en abril y noviembre, bajo el nombre “7th on Sixth”. Se llevaron a cabo en Bryant Park, con el objetivo de facilitar la movilidad de la prensa, que antes debía correr entre los venues seleccionados por cada diseñador.
Pero septiembre se posicionó recién en 1998, cuando Helmut Lang, diseñador austriaco, mudó su casa de modas de París a Nueva York. Él decidió adelantar su desfile, ya que consideraba que salir más tarde que el resto de capitales europeas, podría causar acusaciones de plagio. “La energía se habría acabado en ese punto, la energía estaría exhausta”, dijo Helmut al Women’s Wear Daily cuando anunció su decisión. Su show, además de impulsar el cambio, marcó un hito al ser el primero transmitido en vivo por internet.
Sorprendentemente, algunos de los íconos de aquel momento como Calvin Klein y Donna Karan siguieron sus pasos. Por eso, en el año siguiente, 1999, se ajustó oficialmente el calendario, y se instauró a septiembre y febrero como las temporadas óptimas de exhibición. Esto permitió un margen de seis meses de producción entre cada temporada, que facilitó a las marcas tener listas las colecciones para las perchas.
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Para ese momento, las cuatro grandes ya habían establecido sus fashion weeks y, poco a poco, también se acoplaron al calendario globalizado que conocemos hoy. Italia, por ejemplo, incorporó su propio evento, Milano Fashion Week, en 1958, dirigido por la Camera Nazionale della Moda Italiana, con la finalidad de centralizar los desfiles que anteriormente se regaban por todo el país.
En el caso de Francia, que llevaba organizando exhibiciones exclusivas desde el siglo XIX, el París Fashion Week se inició en 1973. Creado por la Féderation de la Haute Couture et de la Mode, se inauguró con el histórico evento benéfico, la “Batalla de Versalles”. De la mano de Eleanor Lambert, el desfile celebró un enfrentamiento artístico entre cinco grandes referentes de la alta costura francesa: Yves Saint Laurent, Hubert de Givenchy, Pierre Cardin, Emanuel Ungaro y Marc Bohan; contra los íconos del ready to wear y la modernidad estadounidense: Oscar de la Renta, Halston, Stephen Burrows, Bill Blass y Anne Klein.
En 1984 el British Council of Fashion fundó el London Fashion Week. Esta ciudad fue la última en unirse al big four y la primera en acuñar el término “semana de la moda” como parte del nombre de su evento. Hasta ese año, el resto manejaba nombres variados que luego se transformaron en fashion weeks.
Todas han pasado a la historia y evolucionado siguiendo su propio camino. Cada una ha desarrollado una identidad comercial y creativa que se ha vuelto memorable. Nueva York se enfoca en un estilo urbano, minimalista y colecciones ready-to-wear. París desde sus inicios ha sido el hogar de la alta costura y mantiene ese prestigio con las puestas en escena conceptuales que la caracterizan. Milán ha demostrado mantener un legado extenso de artesanía textil, lujo y tradición, que le ha permitido posicionar su lema Made in Italy. Y Londres se ha posicionado como un espacio disruptivo que expone diseños de vanguardia, rebeldes, de contracultura, con gran apertura al talento emergente.
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Como vemos, ni el orden en el que se celebran las semanas de la moda, ni los meses en los que se llevan a cabo son pura casualidad. Todo parte de estrategias que las conectan como una cadena de valor que transmite estilo y tendencias a nivel global. Porque, más allá de colecciones, los desfiles presentan conceptos, colores, texturas, siluetas y estilos que definirán la producción de grandes y pequeños diseñadores.
Actualmente, septiembre concentra una de las temporadas más importantes del calendario, cuya influencia en la industria va mucho más allá de la ropa. Se evidencia en las colecciones de primavera-verano que llenarán los escaparates del año que viene. Cuatro países y cuatro ciudades con un solo reto común: generar el impacto mediático más importante del año. Ahí surgen las propuestas más esperadas. Por eso Harper’s BAZAAR Ecuador te trae la guía definitiva de este circuito internacional. (I)