La National Gallery of Victoria, en Melbourne, ha convertido en una de sus señas de identidad la práctica de reunir a dos artistas en una misma exposición. Entre las duplas anteriores figuran Andy Warhol y Ai Weiwei, así como Keith Haring y Jean-Michel Basquiat. Este enfoque permite al museo contar tres historias: la de cada creador por separado y una tercera, situada en el punto de intersección de sus trayectorias —el centro del diagrama de Venn, si se quiere—. Su capítulo más reciente presenta, por primera vez, a dos diseñadoras de moda (también un hito para la institución): Vivienne Westwood y Rei Kawakubo, en diálogo por primera vez.
Westwood | Kawakubo, inaugurada la semana pasada y abierta hasta el 19 de abril, se adentra en los universos complejos que ambas diseñadoras construyeron. Cada una, a su manera, dio vuelta las reglas de la moda, cuestionando ideales de belleza, género, gusto, forma, función y mucho más. A pesar de haber nacido con apenas un año de diferencia —Westwood en Inglaterra en 1941 y Kawakubo en Japón en 1942— y de haber desarrollado su obra en una misma época, la exposición se organiza de manera temática y no cronológica.
Te puede interesar: Los 7 momentos que marcaron el mundo de la moda en 2025
Entre los ejes principales se encuentran “Punk y provocación”, “El cuerpo: libertad y restricción” y “El poder de la ropa”, articulados a través de colecciones clave desde la década de 1970 hasta la actualidad, como Anglomania de Westwood y Lumps and Bumps de Kawakubo. Incluso se incluye una colaboración entre ambas diseñada en 2002.
Pero, al mismo tiempo, “verlas en paralelo nos permitió resaltar con mucha más claridad también sus puntos de diferencia”, explica Katie Somerville, curadora de moda y textiles de la NGV. A continuación, lo hace precisamente así: compara y contrapone a estas dos leyendas de la moda en sintonía con su nueva exposición.

Se trata, sin duda, de mujeres que desafiaron el status quo. Cada una encarnó el espíritu punk a su manera, subvirtiendo múltiples ideas establecidas. Pero ¿en qué se diferencian sus estrategias de subversión?
Ambas son diseñadoras autodidactas. Hay algo muy interesante en la libertad que eso le otorga a un creador: la posibilidad de innovar en sus propios términos y de no sentirse tan constreñido por la idea de hacer las cosas “de la manera correcta”. Pero, como bien señalas, Westwood encarnó el punk de forma explícita en su trabajo. Fue una portavoz activa y profundamente comprometida con sus ideas, muy visible hacia afuera. En el caso de Kawakubo, en cambio, no hay un interés particular en que la atención se centre en ella. Prefiere que sea la obra la que hable por sí misma. Incluso en la forma en que se experimenta el trabajo, esa diferencia es fundamental.
Para Westwood, mirar hacia atrás fue siempre esencial: ya fuera a la moda, la historia, la historia social, las artes decorativas, la pintura o la política. Era una lectora voraz, una consumidora incansable de material de referencia y una exploradora constante de las colecciones de los museos. Por supuesto, lo que hacía luego con todo ese bagaje era radicalmente nuevo, distinto y absolutamente propio. En contraste, Kawakubo se esfuerza deliberadamente por no mirar atrás. Una y otra vez, su punto de partida es volver a cero, desaprender las formas tradicionales de hacer ropa.
Cuando las piezas de Kawakubo llegaron a la exposición, como curadores hicimos lo habitual: desempaquetarlas, catalogarlas y documentarlas. Tenemos que elegir palabras para clasificar y describir cada objeto, pero hubo varias piezas para las que, sencillamente, no teníamos terminología. Para mí, como curadora, fue una experiencia profundamente reveladora. Llevo 30 años trabajando en la NGV y he catalogado miles de objetos; siempre hay un punto de referencia que me permite decir: “esto es un vestido” o “aquí puedo identificar la referencia”. Pero en este caso no había referencias. Y creo que esa es una de las diferencias más contundentes en términos de su producción.

Naomi Campbell desfila para la colección Anglomania de Vivienne Westwood, otoño de 1993.
¿Hubo algún paralelismo o punto de encuentro que te haya sorprendido?
De hecho, colaboraron juntas en una colección en 2002. Hoy las colaboraciones son moneda corriente, pero eso ocurrió hace 23 años, y ese dato me resultó particularmente revelador. Evidentemente, ambas conocían el trabajo de la otra, pero es muy distinto que dos diseñadoras ya consolidadas demuestren un nivel de respeto y confianza tal como para colaborar literalmente en una colección que termina llevando el nombre de ambas en la etiqueta.
Creo que la libertad es un eje fundamental que las conecta, y volvimos a ella una y otra vez durante el proceso. Ninguna de las dos se definiría —ni entonces ni ahora— como feminista en un sentido literal, pero esa sensación de agencia, independencia y no conformidad es un punto de contacto muy poderoso entre ambas.
¿Cómo envejecieron profesionalmente estas dos mujeres extraordinarias?
Ambas han construido carreras excepcionales que abarcan décadas. Rei Kawakubo, hoy en sus ochenta, se encuentra —diría— en uno de los momentos más sólidos de su trayectoria, incluso desde el punto de vista empresarial. Resulta asombroso hasta qué punto es responsable de cada aspecto de lo que existe bajo el paraguas de Dover Street Market. Hay en ella una integridad férrea: mantenerse firme, hacer las cosas de una manera específica, sin perseguir cifras ni popularidad. Es una convicción profunda e inquebrantable sobre cómo deben hacerse las cosas.
Esta semana, durante una sesión de preguntas y respuestas con Stephen Jones, él comentaba que hace más de veinte años, cuando Vivienne comenzó a manifestarse de forma muy directa —y profundamente punk— sobre temas políticos y sociales, muchas personas simplemente no la escuchaban. En su caso, se trata de esa capacidad casi visionaria de entender lo que necesitamos o deseamos incluso antes de que podamos imaginarlo por nosotros mismos.
Cuando acompaño a las personas a recorrer la exposición, a menudo tengo que recordarles cómo se veían realmente los años setenta y ochenta: qué estaban haciendo otros diseñadores, qué se veía en las pasarelas y cómo vestía la gente en la calle. Es una oportunidad para reflexionar sobre la enorme influencia que estas creadoras han tenido, desde la ropa interior llevada como prenda exterior, los corsets incorporados al vestuario de noche, las zapatillas en la pasarela o la presentación simultánea de colecciones masculinas y femeninas en un mismo desfile.
Hoy damos por sentados muchos de esos gestos, pero son fundamentos que no existían antes. Creo que, desde un punto de vista creativo, fueron increíblemente valientes y audaces. Solo cuando alguien se atreve a hacer algo así se produce ese tipo de cambio capaz de mover la aguja y transformar, en última instancia, la forma en que todos nos vestimos cada mañana.

Un look de la colección Tokyo 18th Century Punk de Comme des Garçons, otoño de 2016.
¿Trabajar en esta exposición reforzó para ti la idea de que la pasarela tiene un valor que va más allá de lo comercial?
Absolutamente. Los looks de pasarela que recibimos de Rei Kawakubo, en su mayoría de los últimos 10 o 15 años, son sencillamente brillantes. Son expresiones puras, sin concesiones, de su pensamiento creativo. Esas piezas rara vez terminan colgadas en una tienda. Lo que suele llegar al punto de venta es una versión más diluida, una respuesta o una interpretación inspirada en esos looks de pasarela. Pero son esas piezas originales las que resultan fundamentales para entender lo que ella intenta hacer. Son absolutamente intransigentes. Para Kawakubo, al menos, la pasarela fue y sigue siendo un espacio irrenunciable.
En el caso de Vivienne Westwood, la pasarela estaba atravesada por la música, la performance y los modelos. Basta pensar en aquellos momentos icónicos —la era de Sara Stockbridge, por ejemplo—. Al revisar los archivos y ver esas primeras imágenes, la energía es innegable: no se parecía en nada a lo que ocurría en otras pasarelas de la época. Colecciones como Café Society o Anglomania crearon instantes que son inmediatamente reconocibles. Funcionaban como plataformas de discusión y provocación. Y uno espera que ese siga siendo el rol de la pasarela.

Sarah Jessica Parker luciendo un vestido de novia de Vivienne Westwood en el set de Sex and the City: The Movie, en 2007.
Eran, sin duda, artistas creativas extraordinarias, con muchísimas ideas que compartir. ¿Por qué crees que eligieron la ropa como su medio de expresión?
En el caso de Vivienne Westwood, creció en un entorno familiar donde su madre le confeccionaba la ropa. Con el tiempo, ella misma comenzó a hacer sus propias prendas. Y cuando era joven —incluso antes de formarse como profesora—, el deseo de romper con una vida convencional se canalizó a través de la forma de vestirse: para salir a bailar, para ir a clubes. Era algo profundamente personal, pero también una manera de explorar el mundo y expresarse.
Rei Kawakubo, de manera similar, tampoco se formó originalmente en moda. Su punto de partida fue más cercano al styling y a una mirada conceptual, lo que le permitió entender muy pronto el poder transformador de la ropa. Y está también la cuestión de la universalidad, ¿no? Esa accesibilidad inherente a la indumentaria, que creo que fue un motor muy fuerte para ambas.
¿Quién dirías que fue más punk?
El punk es algo tan intrínseco en las dos que resulta difícil separarlo. En el caso de Westwood, para muchas personas sigue siendo la reina del punk por lo que representó en los años setenta. Pero si pensamos en la filosofía y en el enfoque de Kawakubo como diseñadora, no se me ocurre alguien más punk en términos de no conformidad, de cuestionamientos en torno al género, del impacto, del shock y de la novedad constante.
Si se observa el conjunto de toda una carrera, probablemente habría que concederle ese lugar a Kawakubo, aunque sin duda hubo momentos clave en los que Westwood estuvo al frente de ese espíritu. (I)
Esta entrevista fue editada y condensada para mayor claridad.
Este artículo fue originalmente publicado por Harper's BAZAAR Estados Unidos.