Talento ecuatoriano

La ecuatoriana que impulsa el ready-to-wear desde Canadá

La diseñadora ecuatoriana repasa más de 16 años de trayectoria, el desafío de dirigir su marca desde Canadá y el nacimiento de Rosado, una colección inspirada en la memoria y la infancia.

Por Daniela García Noblecilla

Harper's BAZAAR — Ecuador

Hace un año y medio, Mónica Campaña (42 años) estuvo a punto de cerrar la puerta de su marca para siempre. No era una crisis creativa ni una colección que no había funcionado; era la vida. Su esposo decidió estudiar en Canadá y la familia entera se mudó junto a él. Por primera vez en más de 16 años, la diseñadora tuvo que alejarse de aquello que construyó desde los 23: un atelier, un equipo, una comunidad y un proyecto que llevaba su nombre.

¿Cómo dirigir todo desde otro continente? Campaña atendía clientes, supervisaba la producción, aprobaba telas, organizaba desfiles y acompañaba cada proceso de principio a fin. La marca era, literalmente, una extensión de ella misma. Pensó en cerrar, guardar las máquinas, despedirse del equipo y aceptar que quizás aquella etapa había llegado a su fin. Eran 16 años imaginando prendas que después cobraban vida fuera del papel. Levantó una firma que la llevó a importantes escenarios nacionales e internacionales, que le permitió participar en pasarelas, vestir a mujeres de distintas generaciones y hacer de su creatividad un oficio.

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Sin embargo, su historia tomó otro rumbo. Su hermana Denis, quien durante varios años trabajó en la parte administrativa y financiera de la empresa, asumió el reto de quedarse al frente de la operación diaria en Ecuador. Mónica diseñaría desde Canadá y, aunque parecía algo sencillo, este fue uno de los periodos más complejos para ambas. Hubo discusiones, frustraciones y momentos en los que las dos pensaron que probablemente era mejor detenerse antes que desgastar más la relación familiar. Hubo días en los que el proyecto parecía demasiado grande para sostenerse a la distancia y otros en los que la palabra "cerrar" volvía a aparecer sobre la mesa.

Cortesía Mónica Campaña.

“El primer año fue terrorífico. Nos queríamos ahorcar porque ella asumió muchas funciones y eso involucró un cambio en toda la dinámica. Un año después hemos logrado encontrar el balance y siento que nadie se dio cuenta de que yo me fui”. La marca encontró la forma de funcionar, el equipo permaneció unido y Mónica aprendió a soltar. 

"No todo tiene que depender de mí".

Hoy, desde Oakville, una pequeña ciudad ubicada a 40 minutos de Toronto, Campaña diseñó la colección de este 2026, llamada Rosado. El concepto nació mientras organizaba antiguas fotografías familiares. Cuando se mudó, llevó a su nueva casa todas sus fotografías. Un día, revisando sus recuerdos, apareció un patrón que había estado presente durante toda su infancia: el rosado. “La habitación era rosa, la mochila era rosa, los zapatos eran rosas. Quería tomar ese color y explorarlo".

La propuesta es un homenaje a la niña que pasaba horas con telas, figurines y máquinas de coser, sin imaginar que algún día sería una artista de la industria. Reúne cerca de 20 referencias entre vestidos, camisetas y piezas ready-to-wear, donde aparecen varios de los códigos que acompañan su estilo: los vuelos, los lunares, las siluetas femeninas y, sobre todo, el color.

Cortesía Mónica Campaña.

Esta guayaquileña estudió Ingeniería en Negocios Internacionales, pero la moda estuvo, una y otra vez, presente en su vida. Creció rodeada de mujeres para quienes la ropa era una forma de expresión. Su abuela cosía, su madre tenía una costurera de confianza y las visitas al taller de confección eran, desde muy pequeña, uno de sus lugares favoritos. “Otros niños se aburrían esperando una prueba de ropa, pero yo me entretenía recogiendo retazos de tela del piso, hojeando revistas y observando cómo nacían las prendas”.

En 2008 tomó la decisión que cambió su vida. Durante años fue de aquellas personas que leían artículos y entrevistas a diseñadores y fundadores de marcas. Así que se preguntó: si otros podían hacerlo, ¿por qué yo no? Invirtió los ahorros que tenía, compró sus primeras máquinas de coser y abrió su taller en abril de 2009. Tenía 23 años. “Cuando le conté a mi papá que quería dedicarme a la moda, él me dijo: ‘Estás loca’". Pero eso no la detuvo y, luego de que su familia aceptara que dedicarse a esto era parte de su sueño, abrió su taller. Era un sitio lejos de las vitrinas. Funcionaba en una oficina que su padre tenía en el sur de Guayaquil, un espacio donde dio sus primeros pasos sin el peso de una renta y pudo concentrarse únicamente en producir y aprender. 

"Ese primer año todo era color de rosa. Solo tenía que pagarles a mis operarias”.

Siempre supo que su público estaba en Samborondón, donde además vivía. Así trasladó su operación a un local en Buena Vista Plaza, donde permaneció por casi una década y consolidó su presencia dentro del panorama de la moda ecuatoriana. Las primeras clientas fueron su abuela, sus tías, sus amigas y las damas de honor de su matrimonio, que se celebró ese mismo año. En aquella época trabajó exclusivamente con vestidos a la medida, un formato que aún es parte de la identidad de la firma. Sin embargo, después de cinco años comenzó a explorar una voz más personal y a crear colecciones propias.

Cortesía Mónica Campaña.

Su primera puesta en escena, presentada en el Palacio de Cristal e inspirada en París, dejó clara su visión. Sobre la pasarela desfilaron siete vestidos en colores rojo, rosado, negro y azul. Se encargó personalmente de los tocados que llevaron las modelos, de los accesorios y de cada detalle de la puesta en escena, desde la música hasta el maquillaje y la fotografía, con el objetivo de transportar al público a la ciudad que inspiró esta cápsula.

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Aquellos primeros años, cuenta, fueron de pura exploración y libertad creativa. Un día eran los colores neón; al siguiente, las capas de tul o las siluetas más teatrales. Campaña quería tener un espacio para experimentar, probar y, sobre todo, divertirse creando. Su crecimiento coincidió, además, con un momento particularmente importante para la industria local. Era la época de las revistas impresas, los blogs de moda, los eventos en los ateliers y las primeras comunidades digitales construidas alrededor del diseño nacional. Ecuador comenzaba a mirar con mayor atención a sus diseñadores y Mónica Campaña formó parte de esa generación que ayudó a construir una nueva conversación alrededor de la moda hecha en el país. Participó en desfiles, colaboró con publicaciones nacionales y llegó incluso a presentar su trabajo en la Miami Fashion Week. Sus propuestas se vendieron en Panamá, Costa Rica y Miami.

Cortesía Mónica Campaña.

Después llegó la pandemia y, como ocurrió con tantas firmas alrededor del mundo, fue necesario adaptarse. Campaña decidió transformar procesos, modificar productos y encontrar nuevas maneras de mantenerse vigente. Fue así como su presencia digital se fortaleció. “Mis clientes compraban una historia, una forma de ver el cuerpo y una idea de feminidad mucho más cercana y real”. En la actualidad, todavía mantiene una conversación constante con las mujeres que visten su marca. A pesar de las tendencias, las temporadas o las capitales de la moda, su principal obsesión creativa es conectar con quien usa una de sus prendas, con quien encuentra en un vestido una versión más segura de sí misma y con quien entiende que la ropa puede acompañar emociones, etapas y transformaciones personales. (I)