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41 catwalks, 20 presentaciones, cinco appointments, 34 eventos y 18 activaciones digitales. En total, 121 diseñadores y organizaciones formaron parte de la London Fashion Week otoño-invierno 2026, una cifra que supera la edición anterior y marca una temporada especialmente activa. Entre regresos esperados, debuts estratégicos y una presencia digital cada vez más sólida, el calendario evidenció una industria en transformación y una ciudad que entiende cómo sostener su relevancia.

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Tolu Coker. Runway otoño-invierno 2026-2027. London Fashion Week. Getty Images. 

Si algo confirmó esta edición es que la ciudad no solo presenta colecciones, construye símbolos. Y algunos de ellos fueron tan políticos como estéticos. La presencia del rey Carlos III en la primera fila de la diseñadora Tolu Coker, fue uno de los momentos más comentados de la semana. No fue una aparición decorativa, fue un gesto. Desde su lanzamiento en 2018, Coker ha defendido una práctica basada en la reutilización consciente y el trabajo artesanal como posicionamiento político. Que el monarca asistiera a su desfile —tras haber recibido mentoría en sus inicios a través del Prince’s Trust— confirma que el talento emergente británico, diverso y socialmente activo, ya no ocupa los márgenes del sistema, sino su centro.

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De la validación institucional pasamos a la expansión de códigos. La diseñadora irlandesa Simone Rocha debutó su esperada colaboración con Adidas, fusionando su universo romántico de perlas, transparencias y volumen con la estructura atlética de la firma deportiva. El resultado fue una declaración estética, el sportswear puede ser delicado, femenino y conceptual. 

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Simone Rocha. London Fashion Week. Getty Images. 

Y mientras algunos celebraban alianzas, otros celebraban legado. Erdem conmemoró su vigésimo aniversario con un desfile que funcionó como archivo vivo de su propio lenguaje, feminidad contenida, narrativa histórica y una construcción textil meticulosa. En paralelo a los desfiles, la ciudad se activó a través de experiencias efímeras que confirmaron que hoy la conversación no termina en la pasarela. Marcas como Chet Lo y KNWLS organizaron pop-ups que funcionaron como puntos de encuentro entre identidad visual, comunidad y cultura digital.

Estas fueron las cinco tendencias más visibles de la temporada.

El tweed se reinventa fuera del clasicismo

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Emilia Wickstead. London Fashion Week. Getty Images. 

El tweed ya no pertenece exclusivamente al imaginario conservador. Esta temporada apareció en abrigos estructurados, cortes precisos y proporciones contemporáneas que transforman un textil histórico en una declaración moderna. En Agro Studio, fue reinterpretado desde una mirada más experimental, aplicado en abrigos de líneas marcadas y proporciones amplificadas. Emilia Wickstead lo trabajó desde la precisión sartorial, en formas pulidas y cortes definidos.

Aberturas estratégicas que revelan sin exagerar

Lejos de la provocación gratuita, las aberturas funcionaron como recurso de construcción visual, aportando tensión y dinamismo a las prendas. En Annie's Ibiza aparecieron en vestidos fluidos y trazos de inspiración vintage que revelaban piel con sutileza, generando movimiento y una sensualidad más etérea que provocativa. Julien Macdonald llevó los cortes hacia un territorio más dramático, integrándolos en siluetas ajustadas donde la piel se convierte en parte central del diseño. Aquí la abertura refuerza la teatralidad característica de la firma.

Encaje entre memoria y dramatismo

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Erdem. London Fashion Week. Getty Images. 

En Erdem apareció como extensión de su narrativa romántica, delicada, trabajada en capas y superpuesta sobre líneas estructuradas que equilibran fragilidad y contención. En cambio, Richard Quinn llevó el encaje hacia un territorio más teatral, incorporándolo en total looks de alto impacto, donde la textura se convirtió en protagonista absoluta. Su propuesta reforzó el dramatismo característico de la firma.

El café como nuevo neutro sofisticado

En Johanna Parv, el café apareció en clave utilitaria y deportiva, aplicado a trazos técnicos que combinan funcionalidad y precisión. Por su parte, Sinead Gorey exploró el café desde una perspectiva más orgánica y corporal, integrándolo en prendas que dialogan con la forma natural del cuerpo. El tono demostró que los marrones profundos pueden ser tan versátiles como el negro cuando se trabajan desde la estructura.

La falda midi se consolida como silueta de transición

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Central Saint Martins. London Fashion Week. Getty Images.

En la pasarela de Central Saint Martins, los estudiantes reinterpretaron la midi skirt desde la experimentación, proporciones alteradas, superposiciones inesperadas y construcciones que desafiaban la idea tradicional de feminidad. Edeline Lee apostó por una versión más depurada y arquitectónica, donde aparece estructurada, con cortes limpios y una elegancia contenida que refuerza su carácter sofisticado. Aquí la proporción no busca romper, sino consolidarse como pieza clave de un guardarropa contemporáneo. (I)