Camilo Ayala no es un diseñador común, al menos no si lo comparamos con la línea de crecimiento que solemos ver en la mayoría de creativos emergentes. En apenas dos años, este ecuatoriano desarrolló tres colecciones de alta moda y cuatro de prêt-à-porter, participó en editoriales internacionales y, junto a su equipo, desarrolló dos pasarelas inmersivas en Ecuador, todo mientras trabajaba en una empresa de retail local. Para él, la moda está hecha para provocar y debería ser, ante todo, un espacio de disfrute colectivo.
Contenido relacionado: Mujeres que escriben de amor, el género literario más leído del mundo
Desde que tiene memoria, Ayala ha vivido rodeado de arte. Creció en una familia de músicos, escultores, pintores y orfebres, un entorno que le permitió explorar distintas disciplinas desde muy temprana edad. Nació en Quito, pero su madre es de Salcedo y su padre, pintor de profesión, es de Peguche, un cruce de territorios que más tarde encontraría eco en su obra.
“Yo no viví un rechazo por parte de mi familia porque todos estaban vinculados en la esfera artística, el problema era subsistir de esto”.
Otro desafío —como él explica— estuvo en encontrar el oficio adecuado: fue pintor, escultor y músico. Esa búsqueda le ayudó a entender mejor su vocación. En el colegio tuvo una primera pista: fue el encargado de diseñar la chaqueta de su promoción. “Me sentía increíble al ver a tantas personas usando algo que diseñé. Ver el arte en movimiento, en el cuerpo humano, era algo que me llenaba”.
Con esa corazonada ingresó a estudiar diseño de modas en la Universidad San Francisco de Quito, con una beca. Mientras tanto, trabajaba en vestuario para videos musicales, buscando un equilibrio entre la teoría de las aulas y la práctica del set. Poco a poco fue creando su propio lenguaje y descubrió su necesidad de contar narrativas a través del textil. En esta primera etapa decidió alejarse de los elementos folclóricos literales para explorar una estética más vanguardista, aunque siempre anclada a su identidad cultural.
En 2023 nació Santo, su marca, como parte del proyecto final de la carrera. Su primer logo fue un pentagrama invertido. “Mi idea era provocar. Muchos se asombraban por esa decisión, pero este símbolo es el monograma más antiguo del universo y representa los cinco elementos de la vida”. El nombre, en cambio, surgió de su cuestionamiento sobre la idea de la santidad. “Exploré mucho la religión y los dogmas que limitan al ser humano, quien viene a tener una experiencia de disfrute, a nutrirse de conocimiento sin sesgos. ¿Qué es ser santo? ¿Responder a códigos sociales? ¿O ser sincero con uno mismo al explorar la vida como se la necesita vivir?”.
Su debut llevó el nombre de Trans-human y reunió 11 looks para hombre y mujer. El objetivo era representar al ser humano integrado a la tecnología: su corporalidad, su evolución y su mente como especie. Trabajó una paleta de blancos, negros y grises junto a materiales sintéticos y códigos futuristas como cuellos octagonales, siluetas rectas y volúmenes oversize. La colección se presentó en el Fashion Collective Day en Quito, donde compartió pasarela con otros diseñadores nacionales.
Lee también: El arte y la convicción de María Susana
En paralelo lanzó su primera cápsula de prêt-à-porter, Plugg. Con 15 piezas —entre camisetas, pantalones y hoodies—, esta propuesta reafirmaba el sentimiento de estar entre dos mundos: costura de autor y el streetwear. Esta dualidad se traducía tanto en el diseño como en las decisiones textiles. Tejidos estructurados convivían con bases pensadas para el día a día.
En 2024, presentó una segunda cápsula ready-to-wear, esta vez enfocada en la idea de construir un hoodie perfecto. Diseñó más de 10 piezas entre prendas y accesorios, enfocadas en técnicas que ayudan a regular la temperatura del cuerpo. La propuesta central tenía una silueta oversize, cinturón táctico integrado y aberturas en los brazos para potenciar la ventilación. Ese mismo año realizó editoriales que lo llevaron a medios internacionales, mientras laboraba en una tienda de diseño ecuatoriano, pero su deseo estaba en enfocarse en su marca y encontrar una plataforma sólida para vender sus diseños.
“Tener una tienda física implica una inversión muy grande. Como seguía explorando la tecnología y nutriéndome de la arquitectura, decidí colaborar con un amigo arquitecto para crear un espacio digital”. El resultado fue Santo World Order, un mundo virtual que replica la estructura de una tienda física, pero…
Lee la nota completa en nuestra nueva edición impresa. ¡Tú también puedes ser parte del mundo Harper's BAZAAR!
A la venta en:
- Supermaxi
- Megamaxi
- Mr. Books
- Libri Mundi
- Travel Stores
- Medicity
- o dale clic aquí (I)
*Créditos
Fotografía: Daniel Queirolo. Dirección de arte y estilismo: Estefanía Córdova. Maquillaje y peinado: Ela Pinto. Modelos: Martina Carrillo y Jeremías Facchin. Agencia: D.I.S Management. Booker: Pietro Pólit. Diseñador: Camilo Ayala (SANTO). Accesorios: SANTO x GORKI. Multimedia: Distrito Audiovisual.