¿Para quién es Chanel? ¿Para la señora que almuerza con una chaqueta de tweed? ¿El ídolo del K-pop que ama el logo de la doble C? ¿La mamá adinerada con su bolso de solapa quilted? Ciertamente, es para los pocos que pueden permitírselo y para quienes quieren publicar abiertamente una relación con la marca que representa la cima más alta del glamour y la elegancia. Pero Matthieu Blazy, director creativo de Chanel, ve las cosas de manera más global.
“Sentía que la estética de Chanel estaba de alguna forma opacando la idea de las mujeres”, dice Blazy en una entrevista con Harper’s BAZAAR. “Era una sola mujer, pero yo veo muchas”. Lo explica desde el salón de Alta Costura de Chanel en el 31 de la Rue Cambon (París), que tiene la famosa escalera de espejos desde donde Gabrielle “Coco” Chanel solía montar sus desfiles y verlos en secreto desde los últimos escalones.
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En anticipación a la llegada de Blazy, un silencio reverente cubre la habitación. “Bajará en cinco minutos y medio”, explica un publicista. En la pared detrás de mí cuelga un gran retrato en blanco y negro de Mademoiselle Chanel con el rostro girado de lado. Me mira con perspicacia, incluso con cierta intimidación. Soy muy consciente de que estoy en presencia espiritual de uno de los legados más importantes de la moda, esperando a la persona encargada ahora de llevarlo hacia adelante. Cuando Blazy baja las escaleras de un salto, el austero silencio se disipa. Viste de forma casual, con un suéter de quarter-zip y pantalones azul marino. “Es casi como un uniforme”, señala. Estamos sentados frente a frente en sillones cómodos color marfil, separados por biombos de colores pastel. “En el taller usan batas blancas. Yo uso esta”.
A pesar de su entorno tan distinguido, el diseñador de 41 años, ahora con cuatro colecciones al frente de Chanel, es poco pretencioso. Le pregunto si alguna vez ha sentido la presencia de Mademoiselle Chanel cuando está en esta habitación. “Tengo que decir que la primera vez que entré aquí tuve esa sensación”. Baja la voz: “Fue como, ¡rayos!”.
Después de que Mademoiselle Chanel revolucionó la moda en los años veinte con sus largas siluetas sueltas, vestidos de talle bajo y trajes holgados que liberaron a las mujeres del corsé, Karl Lagerfeld llegó en 1983 y convirtió a Chanel en un gigante de la cultura pop. Creó un mundo descaradamente glamoroso para Chanel, repleto de dobles C y minifaldas de tweed. Los desfiles en el Grand Palais eran espectáculos, con las primeras filas llenas de celebridades y escenografías de otro mundo: un globo gigante una temporada, un iceberg imponente en otra o un cohete que despegaba de verdad.
Si bien es cierto que el debut en pasarela de Blazy —en octubre de 2025— incluyó una escenografía salpicada de planetas gigantes, Chanel ha vuelto a la tierra bajo su dirección. O, en el caso de su desfile Métiers d'art de diciembre pasado, bajó a tierra, ya que montó el show en una estación de metro abandonada de Nueva York y presentó a las modelos como arquetipos neoyorquinos, todas apresurándose para tomar un tren. El glamour sigue ahí, pero la intensidad está atenuada y todos están invitados.
La colección Métiers d'art, inaugurada por Lagerfeld en 2002, muestra el trabajo de los talleres artesanales de Chanel, especializados en oficios patrimoniales como el bordado y la ornamentación. Lagerfeld presentaba estas colecciones en lugares lejanos y exóticos como Salzburgo, Montecarlo y Shanghái. Que Blazy haya elegido como escenario el metro de Nueva York, un lugar donde personas de todos los orígenes, estilos, ideas y ambiciones confluyen, fue la articulación más clara de su visión para la casa hasta la fecha. Tomemos, por ejemplo, el look de apertura: un suéter de quarter-zip (el mismo que lleva puesto en la entrevista) y jeans, modelado por la estudiante de ingeniería de NYU convertida en modelo Bhavitha Mandava. O un traje de falda de doble crepé de lana, bordado con pequeños rizos de rafia y cuentas de vidrio soplado a mano, diseñadas para parecer palomitas de maíz pegadas a la tela, como si acabaras de salir del cine y olvidaste sacudirte. O un par de jeans más, esta vez hechos con seda charmeuse. La magia estaba en la disonancia, personas con ropa que tomó cientos de horas hacer, bajando a toda prisa por un andén del metro de Nueva York, igual que cualquier otro neoyorquino tratando de llegar a tiempo a lo siguiente.
Son prendas que despiertan el deseo porque se sienten accesibles, aunque estén hechas con las técnicas y las telas más refinadas. Está el blazer cortado sin rodeos a la cintura y una chaqueta bordada sobre un bolso de solapa de ante, como si hubiera pasado por los avatares de la vida. Una camisa de franela hecha, en realidad, de bouclé. En una era donde la atención lo es todo, Blazy lo captura con ropa y con una sensación en la que podemos reconocernos. “Hay algo muy vivo en su ropa”, dice la actriz Jessie Buckley, quien recibió su Oscar a Mejor Actriz con un vestido Chanel rojo y rosado. En el desfile de los Métiers en Nueva York, Buckley señala que se sintió “empoderada, alta, alerta y enamorada de todos los tipos de mujer que existen. Había un pulso ahí”.
La también nominada al Oscar, la actriz Teyana Taylor, coincide: “Matt entiende que la ropa tiene que complementar a la persona que la lleva, y eso se nota en la forma en que la gente usa sus colecciones”. Blazy se inspiró en la extraordinaria diversidad de personas que se ven en el metro. (Vivió en Nueva York hace una década, mientras trabajaba para Raf Simons en Calvin Klein). También había descubierto una historia sobre la primera visita de Mademoiselle Chanel a la ciudad en 1931, cuando recorrió el centro y notó cuántas mujeres llevaban copias de Chanel. No imitaban un logo, sino un estilo. Eso la entusiasmó y la empujó a volver a París y seguir evolucionando sus diseños.
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Para entonces, Chanel “era una celebridad en sí misma”, manifiesta Blazy. “Me fascina que en lugar de enojarse con ver a personas copiando sus diseños, ella realmente lo abrazara. Siempre veía a mujeres en París que llevaban Chanel para ir a cenar o a bailar, pero nunca fue algo que se viera realmente en la calle. Cuando volvió a París, se reinventó por completo y acortó sus faldas. Creo que ahí fue donde se volvió radicalmente moderna”.
Blazy no siempre dibuja. Con más frecuencia drapeа directamente sobre el cuerpo, dejando que los instintos lo guíen, junto a una mezcla de referencias de la cultura pop, la literatura y la historia que recopila de su pasado y de su presente, en colaboración con su jefa de investigación, Marie-Valentine Girbal. Me cuenta que está leyendo mucho sobre Marie Antoinette y escuchando a Rosalía en el estudio. ¡Las bandas sonoras de sus desfiles han incluido canciones nostálgicas como “Rhythm is a dancer” de Snap! y “Just dance” de Lady Gaga. En el desfile de los Métiers d'art usó voiceovers de la película The hours y “Bam Bam” de Sister Nancy. “Creo que hay algo honesto en usar referencias que entiendo, que me hablan a mí o a mi generación, o quizás le hablen a una generación más joven”, señala el director creativo. Hace una pausa y mira hacia un jarrón de flores que combina con el esquema de colores de la etérea colección de Alta Costura que cuelga en racks y maniquíes cerca de nosotros.
“No sé, trato de ser bastante honesto”.
Blazy presenta sus desfiles con mujeres de todas las edades y orígenes, incluyendo a la modelo y dueña de una tienda de ropa vintage de 49 años Stephanie Cavalli, quien ha desfilado en tres de los shows de Blazy hasta ahora y ha abierto dos, convirtiéndose en una de sus nuevas musas. (La llama “una Coco Chanel moderna”). Cavalli describe el Chanel de Blazy como “abrir estas posibilidades para diferentes personas, diferentes edades, diferentes razas; es como una flor que se abre y florece”.
Y eso incluye a los hombres. A$AP Rocky, Jacob Elordi, Pedro Pascal y Kendrick Lamar han vestido el Chanel de Blazy. Pero el diseñador es rápido en señalar que el género no es un factor en su proceso. “Nunca vamos a comunicar el hecho de que hacemos ropa masculina —destaca Blazy—. Son simplemente piezas que le quedan a todos”. Parte de su plan es repensar la forma en que operan las boutiques de Chanel, dejando de apuntar a clientelas específicas y abriendo la mercancía para mezclar categorías y tallas. “”En lugar de nombrar 36, 38, 44, 48, pusimos S, M, L. Eliminamos el género del tallaje. Propongo historias y diseños en los que creo, cosas que me aceleran el corazón. Nadie necesita un nuevo bolso o una nueva chaqueta. Chanel tiene que ser un sueño”.
Mandava ha desfilado en cada uno de los shows de Blazy, pero dice que el look de suéter de quarter-zip y jeans fue su favorito. “Se sintió más como yo. También me encantó ver cuántas personas recrearon el look después, lo que habla de su impacto y de cómo la moda puede inspirar y conectar a personas de distintos espacios y comunidades”.
“Me alegra mucho si alguien abraza la moda y no solo el producto”, confiesa Blazy. “Porque los clientes que quieren Chanel, de todas formas, van a venir y lo van a conseguir. Pero si un estudiante empieza a usar su viejo suéter de quarter-zip y sus jeans, o si una chica joven recorta su blazer, me parece bien. Y es divertido”.
Al día siguiente de esta entrevista, visité Le19M, el complejo que alberga 11 de los talleres artesanales que pertenecen a Chanel. Entre ellos están Lesage y Atelier Montex, especializados en bordados; Lemarié, especializado en flores y plumas; Massaro, zapatero; Paloma, un taller flou que trabaja con telas delicadas, y Maison Michel, dedicado a la sombrerería. Normalmente, el saber hacer de estas casas se reserva para la alta costura o los Métiers d'art, pero Blazy los está integrando más profundamente a la casa y creando flujos de trabajo más colaborativos entre los talleres, involucrándolos también en las colecciones de ready-to-wear.
Empecé en Montex. Hay un silencio en los talleres similar al que sentí en el salón de costura, salvo por el sonido de las máquinas manuales manejadas con delicadeza por artesanos jóvenes. (La mayoría parece tener entre 25 y 40 años). Los teléfonos están guardados y no hay una pantalla de laptop ni unos audífonos canceladores de ruido a la vista, solo seda, rafia, cuentas, muselina y mapas dibujados a mano de los bordados que irán en cada prenda.
La artesanía es exquisita, igual que en Lesage, donde los famosos tweeds de Chanel se desarrollan en telares antiguos. Al recorrer Maison Michel, el taller de sombrerería, tomé en mis manos un fascinador de fieltro en forma de cabeza de leopardo, pero entonces un pequeño velo me llamó la atención. Según la directora artística de la casa, Priscilla Royer, fue diseñado en colaboración entre varios talleres: el armazón de Maison Michel, la jaula de seda que cubre el rostro de Paloma, la flor encima de Lemarié y los bordados florales más pequeños de Montex. Fue un desafío enorme pero apasionante, dice Royer, lograr que el fascinador cumpliera exactamente las especificaciones de Blazy: cómo debía verse desde lejos, cómo quedaría sobre la cabeza, cómo cubriría el rostro. Mientras sostengo esa pequeña obra en mis manos, pienso en algo que Blazy me dijo:
“No haces un bordado solo porque es bonito. Tiene que explicar algo, traer una idea”.
Blazy perfeccionó su capacidad para traducir productos en ideas que marcan el Zeitgeist a lo largo de su carrera. Se formó desde temprano con Raf Simons, quien lo contrató recién salido de la escuela, tras ver su colección de graduación en La Cambre en Bruselas, inspirada en la astronauta Claudie Haigneré, la primera mujer francesa en el espacio. (Ella estuvo sentada en la primera fila del desfile de Chanel otoño 2026 en marzo). Su antiguo profesor Tony Delcampe recuerda haber quedado impactado por “su conocimiento e interés en las artes, algo bastante inusual para un chico de 17 años”. Blazy encajó de inmediato en la escuela, que, según explica Delcampe, forma a los estudiantes “para ser curiosos sobre el mundo contemporáneo en el que vivimos".
Tras su trabajo con Simons en moda masculina, Blazy se unió a Maison Margiela en 2011 como parte del equipo de diseño anónimo de la línea Artisanal de la casa. Permaneció entre bastidores hasta que la periodista de moda Suzy Menkes reveló públicamente su nombre en una reseña de la colección en 2014. “Todavía recuerdo la emoción cuando vi la mezcla de detalle y delicadeza que ahora está trayendo a Chanel”, dice sobre su descubrimiento.
Simons luego contrató a Blazy para trabajar con él en Calvin Klein, junto al exdiseñador de Alaïa, Pieter Mulier. Blazy siguió siendo relativamente desconocido en la industria hasta 2021, cuando fue nombrado director creativo en Bottega Veneta, donde su uso alquímico de materiales inesperados, como la rafia y el cuero texturizado para parecer hoja de banano, convirtió todo lo que tocaba en oro. Su famosa camiseta blanca y los jeans de cuero en trompe l'oeil —inspirados en el personaje de Natalie Portman en Closer de 2004— se convertirían en su sello, una fantasía perfecta de lo cotidiano encontrándose con lo extraordinario.
Cuando Blazy llegó a Chanel, decidió empezar no con los zapatos de cap-toe o el icónico bolso 2.55, sino con la propia Mademoiselle Chanel, adentrándose en su historia personal. Quería “entender la psicología detrás de ello y lo que ella veía en las cosas y cómo eso resultó”, explica. Con cada colección ha referenciado anécdotas de su vida: su historia de amor con Boy Capel y sus camisas; una frase que le dio a Le Figaro sobre que las mujeres necesitan ropa para convertirse de orugas en mariposas; la primera visita a Nueva York; un vestido flapper que le encantaba usar. “La razón por la que sigue siendo relevante hoy es que el enfoque temprano era tan humanista y tan liberador. Ella era su propia prueba; diseñaba lo que quería usar. El nacimiento de la moda moderna vino de un acto de liberación, lo cual es increíble”.
“Lo que Matthieu está trayendo es esta evolución de la silueta”, señala el presidente de Moda de Chanel, Bruno Pavlovsky. “Algo quizás más cool que antes”. Cuando le pregunto específicamente sobre el desfile de los Métiers d'art, Pavlovsky sonríe y dice: “Hay una mezcla de todo, lo que te da un desfile que es auténtico, que tiene impacto. Casi te olvidas del decorado o la escenografía. Al final del día, miras la silueta y las modelos y dices: ‘¿Por qué no para mí?’”.
Blazy no solo está construyendo un mundo alrededor de Chanel, está haciendo ropa para vivir en ese mundo. “Nunca empiezo un desfile o una colección con la idea del guardarropa”, enfatiza Blazy. "Pero siempre me inclino a asegurarme de que se convierta en uno”. Cuando llega el momento de que Blazy vuelva al trabajo, me agradece calurosamente y sube de vuelta por la escalera de espejos con su suéter y sus pantalones.
Unas semanas después, la colección primavera 2026 de Blazy llega a las tiendas en Europa. La respuesta es inmediata y, bueno, frenética. Las editoras de moda planean sus compras estratégicamente en furiosos chats grupales. Se forman filas en la boutique de la Rue Cambon en París. Los influencers transmiten sus compras a sus cientos de miles de seguidores. ¿Quién puede ser inmune a este frenesí? (I)
*Créditos
Fotografía: Jeremy Everett. Estilismo: Laëtitia Gimenez Adam.
Esta nota se publicó en la quinta edición impresa de Harper's BAZAAR Ecuador. Consíguela en:
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