El reloj marcaba las 2:00 de la mañana cuando el equipo de Harper's BAZAAR Ecuador cruzó las puertas del Mondrian South Beach para cubrir el primer día de la Miami Swim Week. Ubicado frente a la bahía de Biscayne, el hotel fue uno de los principales puntos de encuentro de la industria: diseñadores, compradores, editores, estilistas y modelos entraban y salían de este lugar, en todo momento.
Fue allí donde conocí a Alessandra Durand, fundadora y directora creativa de Kené Kaya. Me la presentaron en uno de los micros eventos que realizaba la organización, antes de que iniciara una larga jornada de actividades como una de las diseñadoras latinas que revelaría su colección resort wear durante esta semana de la moda. Debo admitir que fue imposible no verla entre tanta gente. Llevaba un blazer rojo, intervenido a mano con tintes naturales extraídos de la Amazonía peruana (claro que esto no lo sabía en ese momento). No era un rojo chillón; era un color más profundo que tenía figuras en color negro, lleno de textura, que ya contaba una historia y que llamaba la atención.
Conversamos unos minutos, me mostró una especie de carta para saber de qué se trataba su trabajo. Leerla nos dio una pauta de que detrás de aquella marca había mucho más que ropa. Entre una charla y otra apareció esa magia que suele regalar el networking y concretamos una entrevista. Semanas después, Durand me contó la historia de Kené Kaya, una firma que nació para preservar una cultura, generar desarrollo económico y llevar la labor de comunidades indígenas peruanas a escenarios como Nueva York, Miami e Italia.
"No quería solamente crear moda. Quería construir una plataforma cultural", dice esta limeña desde Miami, mientras conversamos a través de una videollamada.
Su historia comenzó lejos de las pasarelas. Estudió desarrollo sostenible y realizó investigaciones sobre el impacto de las industrias extractivas en comunidades indígenas de la región amazónica, al mismo tiempo que desarrollaba sus estudios en Oxford y Stanford. “Este trabajo de campo cambió para siempre la forma en la que veía a mi propia tierra”.
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En ese sentido, esta diseñadora asegura que Perú siempre ha sido reconocido por Machu Picchu, la gastronomía o el mundo andino. Pero, ella sentía que la selva era la gran olvidada, cuando en realidad es la región con mayor diversidad cultural del país. En esos años descubrió que esta nación alberga 55 pueblos originarios y que 51 pertenecen a este territorio. Sin embargo, ese enorme patrimonio rara vez aparecía representado en la moda. Fue entonces cuando comenzaron a surgir ideas para integrar una parte de su oficio artesanal al rubro.
En ese periodo visitaba distintos países, conoció que en otras regiones del mundo, especialmente en África, el diseño contemporáneo logró incorporar técnicas textiles ancestrales y las mismas no perdieron su autenticidad.
“En Perú existía un patrimonio inmenso que casi nadie estaba mirando”.
Así nació Kené Kaya en 2017. Su nombre significa "el espíritu del diseño" en la lengua del pueblo Shipibo-Konibo, el colectivo con el que trabaja desde hace casi una década. Quiso producir su primera colección cuando llegó la pandemia. El proyecto tuvo que esperar, pero Alessandra se conectó con el pueblo indígena de Cantagallo, en Lima, a través de ayuda humanitaria. "Cerraron las fronteras, dejaron de llegar turistas y muchas familias perdieron su única fuente de ingresos. Mi primer acercamiento fue para apoyarlos”. Así construyó la confianza con sus aliados.
Esta experta asegura que muchos artistas llegan porque lo artesanal está de moda y después desaparecen. “Yo quería construir una relación a largo plazo”. Hoy la acompañan 28 artesanas Shipibo-Konibo para exhibir piezas que requieren semanas de elaboración y donde el pago justo no es un discurso de marketing, asegura.
El corazón del proyecto es el Kené, un complejo sistema de geometrías ancestrales que representa la cosmovisión de este pueblo. Cada línea, cada figura y cada color tiene un significado espiritual y eso es plasmado en las prendas. Sus primeras propuestas llevaron estos diseños sobre lino y algodón peruano y buscaban un equilibrio con el lenguaje estético moderno. Con el tiempo, la propuesta evolucionó.
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En la actualidad, incorporan bordados completamente hechos a mano, tintes naturales obtenidos de la selva, semillas de huayruro, tejidos en crochet e incluso escamas del pez paiche integradas como elementos decorativos. La línea lanzada este año durante la Miami Swim Week reunió 20 looks resort wear elaborados artesanalmente. "Quería mostrar los colores de la Amazonía”.
No existe un calendario tradicional dentro de la marca. En lugar de lanzar cuatro colecciones al año, Kené Kaya tiene una o dos propuestas principales acompañadas de pequeñas cápsulas.
"Somos una casa de slow fashion. Preferimos producir menos y hacerlo bien”.
Las piezas parten desde los US$ 65, mientras que los atuendos más elaborados pueden superar los US$ 400. "Hay blazers que requieren dos semanas solo para preparar la tela con tintes naturales antes de pintarlos completamente a mano. Alguien que compra una pieza está pagando el tiempo y el conocimiento de una artesana”. Aunque muchas veces es presentada como diseñadora, Alessandra prefiere describir el proceso creativo como una construcción colectiva.
La firma viste a la agrupación peruana Los Mirlos durante sus shows internacionales, desarrolla colaboraciones con Everlast e incluso asesora a firmas internacionales interesadas en trabajar con artesanos bajo modelos de comercio justo. Actualmente, comercializan sus colecciones en boutiques de Miami, Nueva York e Italia, además de realizar envíos a distintos países de Latinoamérica. Durand insiste en que el objetivo nunca fue internacionalizar una marca. "No estoy vendiendo ropa. Estoy transmitiendo cultura, conocimiento y una forma distinta de entender el lujo. Si eso ayuda a que más personas valoren el arte amazónico, entonces estamos cumpliendo nuestra misión”.
Al despedirme de Alessandra recordé el blazer rojo con el que llamó mi atención cuando la conocí en el Mondrian. Fue su mejor carta de presentación del país al que pertenece y de su negocio, aquel que transforma la importancia del patrimonio amazónico peruano en piezas contemporáneas capaces de cruzar fronteras. (I)