Las perlas han cargado durante mucho tiempo con una reputación poco favorecedora. A menudo se las asocia con un estilo anticuado, excesivamente clásico o demasiado recatado. Sin embargo, precisamente ahí reside su mayor atractivo: cuando se sacan de ese contexto tradicional, se transforman en un símbolo de rebeldía, diversión y modernidad.
Esa es la visión del estilista Harry Lambert, quien la materializa en su nueva colaboración con Pandora. Para la colección Pandora Wonders, Lambert trabajó junto a la firma danesa de joyería para convertir exclusivas perlas barrocas de agua dulce en encantadores dijes inspirados en helados, ranas arborícolas, peces globo y vainas de guisantes, todos realzados con detalles bañados en oro de 14 quilates.
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Según los directores creativos de la marca, A. Filippo Ficarelli y Francesco Terzo, uno de los motivos principales para invitar a Lambert al proyecto fue su capacidad para entender el valor del juego y la creatividad.
“Harry no es solo un estilista; es una mente creativa y una persona que realmente comprende la importancia de lo lúdico”, explica Terzo.
Para ambos diseñadores, el juego y la expresión personal forman parte del ADN de la marca. “Podemos inspirarnos en la naturaleza o en conceptos muy sofisticados pero si no somos capaces de jugar, de volver a ser niños…” comenta Ficarelli. Terzo completa la idea: “Creemos que el juego es un recurso extraordinario. Somos creíbles siendo divertidos, y creo que, en este momento, eso no es fácil de conseguir”.
En esta conversación, Harry Lambert, conocido por vestir a figuras como Harry Styles, Alexander Skarsgård y Emma Corrin, habla sobre la inspiración detrás de la colección, qué hace que un look realmente funcione y por qué las perlas tienen un significado tan personal para él.
¿Cómo surgió esta colaboración?
Había trabajado anteriormente con la firma en algunas campañas. Después me dijeron: “Estamos desarrollando un proyecto centrado en las perlas y nos encantaría que formaras parte”. A partir de esa relación con ellos y con las propias perlas, comenzamos a conversar sobre la colección, la nostalgia y los recuerdos. Me encanta contar historias y crear objetos que transmitan una sensación de alma e identidad.
¿Por qué las perlas?
Tienen un significado muy personal para mí. Cuando me mudé por primera vez a Londres, compré un collar con una única perla montada en un cordón de Dries Van Noten y lo usé prácticamente todos los días, hasta que el cordón se rompió y lo perdí. Tuve que conseguir otro.
Después, cuando me perforé la oreja, compré un pendiente de perla falso muy barato que incluso me dejaba la piel verde. Fue una de mis primeras experiencias incorporando joyas a mi propio estilo. Por eso, cuando Pandora me contó que estaba trabajando con perlas, pensé: “Dios mío, esto es perfecto”. Las perlas se han convertido en una parte muy importante de mi historia personal, además de mi trabajo vistiendo a diferentes talentos.
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Me fascina ese contraste: cuando empecé a usarlas, mujeres mayores, de la edad de mi abuela, se acercaban para decirme: “¡Qué maravilla que lleves un collar de perlas!”. Hoy, en cambio, hay algo en ver a un hombre con estas joyas que transmite una sensación de modernidad, seguridad y una conexión muy natural con el mundo actual.
Cuéntame sobre los dijes. ¡Son realmente encantadores!
Las perlas de agua dulce son todas diferentes, y eso fue precisamente lo que más me entusiasmó, porque significa que cada dije es ligeramente distinto. Encontré esa singularidad muy inspiradora.
Por ejemplo, la rana nace de un recuerdo de mi infancia. Cuando era pequeño, en el jardín de mi casa teníamos un recipiente que recogía el agua de lluvia. Cada primavera, las ranas depositaban allí parte de sus renacuajos. Era como tener un pequeño estanque en casa. Mi hermano y yo observábamos cómo crecían y esperábamos con ilusión el día en que el jardín se llenaba de diminutas ranitas.
¿Cómo imaginas que la gente llevará estas piezas?
Para el estilismo de la campaña aposté por superponer y combinar varios dijes en un mismo collar, jugando también con la repetición de un mismo diseño. Ese resultado me pareció muy contemporáneo, elegante y divertido.
En uno de los looks reunimos varias vainas de guisantes en una sola cadena. También llevé el dije de la rana, por sí solo, colgado de un aro como pendiente, una especie de homenaje a aquel pendiente de perla barato que usaba cuando era joven.
Creo que repetir los mismos dijes aporta una estética muy actual, sofisticada y lúdica. Además, estas nuevas piezas pueden combinarse fácilmente con otras modelos de la marca e incorporarse a esa pulsera de dijes que muchas personas ya tienen, creando una colección completamente personalizada.
¿Cómo utilizas el estilo —y, en particular, la joyería— como una forma de comunicar, tanto en tu estilo personal como en el de las personas que vistes?
Cuando empecé a llevar perlas, se convirtieron en un tema de conversación. La gente se detenía para hablar conmigo sobre ellas. Creo que eso es precisamente lo emocionante.
Para mí, una de las mayores satisfacciones es que alguien quiera preguntarme por lo que llevo puesto. Me parece divertidísimo. Y sucede exactamente lo mismo con la joyería: ayuda a iniciar conversaciones, rompe barreras y transmite una imagen incluso antes de intercambiar una sola palabra.
Me parece una forma maravillosa de comunicarse. Mi trabajo gira constantemente en torno a la comunicación, ya sea sobre un escenario, en una sesión editorial o en una alfombra roja. Si un look consigue transmitir alegría y la persona que lo lleva también la siente, entonces considero que el objetivo está cumplido.
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La moda puede resultar demasiado seria e incluso intimidante por lo exclusiva que a veces parece. Sin embargo, esta colección transmite mucha alegría.
La alegría tiene un enorme poder. Cuando empecé a trabajar en la industria de la moda pensaba que debía convertirme en una persona extremadamente seria.
Recuerdo mis primeras prácticas en revistas: al principio todo me parecía intimidante. Pero pronto descubrí que obtenía las mejores respuestas, conectaba mejor con la gente y construía relaciones más auténticas cuando simplemente era yo mismo.
Nunca tuve miedo de decir que me gustaba Britney Spears y que escuchaba su música, ni de admitir que disfrutaba yendo a Disneyland. Como decía antes, hay un gran poder en la alegría y en la capacidad de compartirla con los demás. Si esta colección consigue despertar esa sensación en quienes la llevan, entonces habrá cumplido su propósito.
Pandora Wonders
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos. (I)