Para Valentina Pozo, este nuevo capítulo que está a punto de comenzar es “otro llamado del destino”. Tal como hace cinco años, cuando abrió su primer concept store en Nueva York, atribuye estas oportunidades a estar dispuesta a crear, aún sin tener todo resuelto. Su empuje, junto al de su equipo, han permitido que Tumbao pase de ser un proyecto a una reconocida tienda ubicada en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn. Ahora regresa a su país de origen para ampliar su marca donde todo comenzó.
La fundadora menciona que siente un fuerte apego por su país. “Nací y crecí aquí en Quito, y la verdad no sé si la gente sabía que yo era ecuatoriana”. Y justamente esa añoranza de hacer algo en su ciudad natal fue un llamado al que no pudo resistirse.
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El lanzamiento de su segundo local se llevará a cabo el sábado 12 de septiembre, desde el mediodía hasta las 19:00. Estará abierto al público en el barrio de la Floresta, calle Isabel La Católica y F. Galvis. Inicialmente, su horario de atención será de jueves a sábado, de 14:00 a 19:00, pero también esperan pronto agregar eventos culturales de diversas índoles y expresiones, como lo manejan en el exterior.

La selección es variada e incluye un total de 25 marcas latinoamericanas, de las cuales aproximadamente el 40% son ecuatorianas. Los precios de los diseños van desde US$ 17 hasta US$ 400, pensando en dar oportunidad a que personas de distintos contextos socioeconómicos puedan acceder a ellos. Al hablar sobre el target, Valentina sabe que su enfoque está orientado hacia el diseño emergente, pero también espera recibir un público mucho más amplio en donde “tanto la estudiante que ama la moda, como la señora que está buscando vestirse fabulosa para irse a su ‘tecito’ puedan encontrar algo que les encante”.
Valentina realiza una curaduría profunda, se fija en los detalles de composición detrás de cada prenda, valora la esencia y concepto de cada marca y busca generar una conexión más humana. Disfruta tanto de conectar con cada diseñador como de recibir y atender a los compradores de manera personalizada. “En Nueva York yo estoy ahí todos los santos días, conozco a todos mis clientes, sé lo que compraron la última vez que estuvieron, ya sea hace un año o hace una semana”. Todavía se le dificulta la idea de no poder estar a diario en la nueva tienda, pero hasta el día jueves conocerá a su nuevo público y asegura que vendrá regularmente para seguir en contacto.
“Han pasado cinco años, y yo le agradezco al universo y a mí misma por haberme lanzado esa primera vez. Porque después se me abrió la mente, me cambió completamente el chip”.
Desde el día uno, todo partió de la coincidencia. Después de sus estudios en arte y los varios trabajos que desempeñó en la Gran Manzana, tuvo la oportunidad de explorar áreas como la fotografía, moda, comunicación y ventas. Se dedicó a la organización de showrooms temporales para casas de moda ecuatorianas en los Estados Unidos. Esto le permitió forjar un perfil multidisciplinario ideal para construir su propio espacio, que encontró de casualidad, en un lugar que parecía demasiado bueno para ser verdad.
“En 2021, realizamos un scouting para realizar un pop-up y el espacio era un espectáculo. Creo que se alinearon las estrellas, porque todavía era pandemia y de cierto modo tuvimos un buen pitch para conseguirlo”. Según comenta, en aquel entonces el concepto de las tiendas efímeras, que tan solo requerían un espacio por pocos días, no era tan bien recibido por los dueños de edificios, a quienes no les convenía este tipo de alquiler.

Desde ese momento supo que el lugar sería ideal para un proyecto más grande, una tienda permanente a la que llamó Tumbao. Si bien “se sentía muy out of our league, porque suele requerirse un presupuesto muy grande, decidí lanzarme”.
“Yo no tenía inversionista, no tenía un préstamo, ni mi familia me estaba mandando plata”, dice Valentina.
Pero ella sabía el potencial que tenía gracias a su ubicación privilegiada, lo que le permitió posicionarlo como un punto de convergencia para el diseño latinoamericano que deseaba comercializar sus productos en Nueva York. El resto es historia: comenzaron con ocho marcas que confiaron en su visión y hoy en día manejan alrededor de 100. Entre un 70% a 80% están en exhibición fija, mientras que el resto rota según sus propios drops y lanzamientos. También son hogar de eventos y encuentros culturales, musicales y de distintas índoles, ya que para Valentina ese fue su punto de partida.
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A sus 30 años, menciona que todavía siente nervios al expandirse hacia nuevos caminos y metas, pero los transita con confianza en que su empeño será el motor necesario para lograr lo que se proponga. El año pasado lanzaron al público el blog y el podcast. Además, extendieron su propio alcance creando prendas de vestir. “Previo a eso solo curaba las piezas de otros para el concept store, pero ya hemos empezado a diseñar y producir ropa, en su mayoría hecha en Ecuador y un poco en Perú”. Por lo que pensaba tomarse este 2026 más pausado y no incorporar nuevas responsabilidades.
No fue hasta que su amigo, Mateo Terán, músico de profesión, la llamó con una propuesta que cambiaría sus planes. “Me dijo: ‘Voy a crear un bar donde antes era el Pobre Diablo y quisiera que tú abras Tumbao aquí’. Primero tuve una reacción muy emocional, y luego supe que no habría vuelta atrás”.
La idea de regresar al país, después de vivir 12 años fuera, la conmovió de inmediato. La oportunidad de que un espacio acogiera a su proyecto tocó un nervio muy emotivo en ella. “Me ilusioné por formar parte de la gestión cultural en mi ciudad y en mi país. De poder poner una ‘semillita’ en cualquier cosa relacionada al arte, al diseño y a la moda”.
Después llegó el momento de poner los pies en la tierra y de lograr que esta idea soñada se convirtiera en algo tangible. Aplicando todo el conocimiento que había recolectado en el exterior, hizo números, consideró la inversión y realizó proyecciones. En base a su estudio de mercado, tomó en cuenta la posibilidad de hacer que los productos fueran más asequibles para la realidad nacional. Para esto, habló con las marcas para encontrar un balance y también bajó los porcentajes de comisión en cada venta. Eventualmente encontró la manera de hacerlo factible.
“Nuevamente fue suerte o muerte, lancémonos. Esto era algo que en verdad quería hacer y si la oportunidad llegó a nosotros, eso significaba que lo debíamos intentar. Es así como ahora estoy sentada aquí y ya abrimos mañana”.
Consciente del trabajo que esto incurriría, Valentina y su equipo han preparado el segundo hogar de Tumbao, con mucho esfuerzo, para el público quiteño. Cada marca, diseñador y pieza ha sido cuidadosamente seleccionada para este lanzamiento, contemplando una variedad que va desde prendas de vestir, joyas, accesorios, libros y objetos.
Desde que lo anunciaron en sus redes sociales, han recibido gran cantidad de aplicaciones para participar, pero por el momento van a iniciar despacio para poder controlar cada detalle. A diferencia de Nueva York, el local tiene menor extensión, por lo que se manejará un inventario fijo más limitado y pequeños pop-ups de otras marcas que se vayan rotando.

A pesar de los nervios que todavía siente, Valentina espera tener una buena recepción en su país; tal como en su momento fue en el exterior, sobre todo, con el objetivo de formar parte de la comunidad de la moda, arte y cultura, que ya existe y está en crecimiento en Ecuador. La tienda será el reflejo y fruto de una trayectoria amplia, pero al mismo tiempo no será un “copy-paste de la de Nueva York, sino una extensión que mantiene la estética y esencia de Tumbao”.
“Tuve esa época de sentirme un poco asustada y culpable por no escoger una sola cosa. Mientras que ahora, mirando atrás, me doy cuenta de que eventualmente todo terminó haciendo sentido. Esa ‘mezcolanza’ de lo que aprendí me permitió lograr todo esto”. Su expertise le ha llevado a crear un formato distinto de negocio que solo sigue creciendo.
Tumbao le enseñó que “todo es posible y que el primer paso es lanzarte aunque sientas que no estás listo. Lo demás lo vas a descifrar en el camino. Si eres creativo, si tienes mucho rigor, mucha disciplina y una ética laboral muy robusta, todo va a salir bien”. Después de aquella primera apuesta en Estados Unidos, Valentina vuelve a lanzarse. Solo que esta vez, el salto la trae de regreso a casa.