Laura Luna Gaibor reconoce que siempre le fascinaron las joyas. Admite que es el tipo de persona que, sin aretes, no sale de su casa. Le encantan las pulseras y siempre lleva un anillo que le regaló su padre, que tiene —como protagonistas— las iniciales de sus dos nombres (LL). Para ella, cada joya carga un recuerdo, un sentimiento o una promesa. A sus 71 años, presenta Lunæ como una nueva alternativa de joyería de plata.


Su historia con este material tiene más de 37 años. Esta quiteña viajó a México en 1982 para estudiar su especialización en cirugía plástica y reconstructiva. En aquella aventura visitó Taxco, una ciudad del estado de Guerrero, al suroeste de la capital, famoso por su producción de joyas de plata. Así conoció un material que todavía no era popular en Ecuador, donde predominaban las piezas de oro.
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Se familiarizó con la técnica de “metales casados”, un proceso tradicional de orfebrería mexicana que une materiales como la plata, el cobre y el latón, para crear piezas con contrastes de colores similares a un mosaico. Esto le permitió ver la nobleza de la plata y el talento de cada uno de los artesanos. Así regresó a Ecuador en 1985 con la idea de traer estas creaciones. En dos años desarrolló una marca familiar, realizó viajes constantes y vivió una temporada en México para aprender del proceso.
“Fuimos pioneros en la platería en el país. Antes toda la gente en la calle caminaba con joyas de oro”.
Gaibor contrató a 38 orfebres mexicanos, cada uno con su especialidad, y reconoce su habilidad para dar vida a los diseños que tenía en mente. Con el paso del tiempo, fue aprendiendo de sus técnicas. En el año 2000 empezó a trabajar también con artesanos cuencanos y a finales de 2025 renovó su oficio con su nueva marca Lunæ.


Tres meses antes de la pandemia dejó de ejercer su profesión médica y se enfocó totalmente al negocio de la joyería. Ella reconoce el valor de su experiencia, pero también quiso abrir espacio a las nuevas generaciones. Sus hijos, David y Gerardo, han visto crecer el negocio desde la infancia y la acompañan en esta nueva etapa. “Queríamos renovar la marca y también actualizarnos en torno a las tendencias. Cuando yo conocí la plata, las piezas eran pesadas, gruesas y extravagantes. Con el aumento de su precio, ahora la joya no tiene que ser tan pesada, sino mejor trabajada”.
Actualmente, producen alrededor de 15.000 joyas al año y cada trimestre lanzan una nueva colección, todas elaboradas en plata 925, una aleación que combina 92,5 % de plata pura y un 7,5 % de otros metales. Para Gaibor, la esencia de la marca está en el número limitado de unidades y sus diseños singulares. “Nada se repite, no producimos ni 100 ni 200. Por ejemplo, en nuestra colección, influenciada por Frida Kahlo, tenemos seis de cada pieza”. La marca cuenta con cinco locales y una página web, que realiza envíos a nivel nacional.


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En 2026, esta soñadora ve una tendencia en piezas más sutiles, suaves y sencillas, que marquen un statement a través de sus colores o su tamaño. Su consejo, para los aficionados, es buscar joyas que representen su identidad y su personalidad. Laura Luna retomó su pasión, pero desde la calma que solo da el tiempo. “Siento que vuelvo a empezar, pero sin incertidumbre. Antes todo era más difícil, había más riesgo. Ahora hay paz con felicidad. Hago lo que me gusta y eso me tiene tranquila”. (I)