Hay prendas diseñadas hace décadas que pueden resistir a los años. Existen distintas formas de acceder a diseños elegantes y de lujo sin invertir grandes cantidades de dinero. Probablemente ya sabes de qué hablamos: el second hand. Aunque por años estuvo asociado al estigma de la “ropa usada”, hoy es una alternativa cada vez más presente en la industria y es parte del vocabulario cotidiano de las nuevas generaciones. Harper’s BAZAAR Ecuador te muestra dos emprendimientos especializados en este campo.
Alejémonos por un momento de las tendencias y novedades para pensar en toda esa ropa apilada en el fondo de nuestros clósets. Aquellas cosas que quizás ya no usamos y que podrían ser el próximo tesoro de alguien más. Las tiendas pre-loved (un término que hace referencia a artículos que fueron valiosos, usados y queridos) los rescatan y son su hogar temporal mientras esperan encontrar nuevos dueños que les den una segunda vida.
La perspectiva cambió hace algunos años y el mercado de segunda mano se revaloriza cada día. Ahora ya no se lo percibe como una manera de ahorrar ni como una opción para quienes no pueden acceder a piezas full-price. “Estrenar un nuevo look” ya no significa necesariamente usar algo nuevo, sino renovar la presencia. Los objetos con historia encontraron un lugar en la moda actual, donde lo vivido, lo único y lo atemporal son parte de las tendencias. “Lo conseguí en el clóset de mamá…”, “Lo compré en una feria vintage…”, “Es de segunda mano” son frases que cada vez más resuenan entre el público joven.
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Este auge responde a un fenómeno positivo, donde la conciencia es una respuesta ante el consumo excesivo. Este modelo permite a los compradores alejarse del fast-fashion y encontrar modelos icónicos que trascienden a su época. Chic Closet Sale y ReShop son ejemplos de que existe un mercado alternativo y novedoso a precios alcanzables.
Catherina Salvatore, fundadora de Chic Closet Sale, incursionó en este mundo, en 2017, por una necesidad personal. Vio en su clóset una manera astuta de emprender con piezas que había coleccionado. Para su sorpresa, en la primera edición que realizó de manera instintiva en sala comunal de su edificio, su feria fue todo un éxito. Se enamoró del proceso, disfrutaba ver cómo las clientas se llevaban “sus tesoros” para darles un nuevo aire.
Su amor por la ropa de alta calidad nació de las enseñanzas de su padre, de origen italiano, quien le inculcó desde temprana edad el valor de las fibras nobles como el algodón, el lino, la seda y la lana. “En aquella época, estos tejidos eran comunes; a diferencia de ahora que son casi un lujo”. En las cadenas de fast fashion es casi imposible encontrarlas, ya que la mayor parte de su producción está compuesta por fibras artificiales, que si bien tienen otros acabados y tiempo de vida útil, son más rentables y fáciles de trabajar. “Antes se apreciaba mucho más el tejido natural y sus propiedades, ese era el estándar”. Por eso, Salvatore recalca la importancia de revisar la composición detrás de cada compra.
Esta emprendedora dice que no es necesario estar con las últimas tendencias para vestir bien y que una buena prenda puede trascender generaciones. Para ella, incursionar en esta rama es un “reto gratificante”. En el camino aprendió que “cada artículo cuenta” y esta es una idea que resume en su lema: “solo hay que elegirlos bien”. En el afán de llenar el clóset, adquirimos mucha de nuestra ropa por precio, calidad, gusto o temporada. Lo cierto es que no analizamos cuánto las vamos a utilizar y muchas veces terminan con una puesta y luego en un cajón.
Hoy en día, su local, ubicado en la González Suárez, recibe a decenas de clientas de todas las edades. Cuenta con marcas como Balmain, Christian Dior, Carolina Herrera, Kate Spade, entre otras. Además, hay personas de gustos diferentes que encuentran en la reventa del lujo una forma de vestir bien sin gastar tanto dinero.
Al ingresar por la puerta, el showroom se multiplica en tamaño. Recorriendo sus pasillos se encuentra el “trabajo de su vida”, perchas con la curaduría justa de faldas, chaquetas y pantalones; vitrinas con accesorios para todo gusto, desde lo recatado hasta lo más vistoso, y una selección de zapatos que fácilmente podrían haber salido de una escena de Carrie en Sex and the City. El espacio es amplio y está dividido en distintos rincones.
Catherina diseña cada escaparate para mantener la escencia y se apoya en su hija Alessandra, experta en visual merchandising. Desde que abrió sus puertas, la respuesta del público la sorprendió. Existe una comunidad cada vez más amplia de personas interesadas en este modelo de negocio, second hand. Recuerda cómo desde el inicio comprendió que desprenderse de su propio clóset se convirtió en una satisfacción en no tener tanto acomulado.
Además, se diferencia por la selección de alta gama que caracteriza a su tienda. Se toma el tiempo de revisar con detenimiento cada costura, que la textura esté intacta y validar el estado tanto por fuera como por dentro. “De igual manera recibo a concesión los accesorios y las prendas, siempre verificando que todo esté dentro de un marco de calidad”.
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Esta misma filosofía comparten Alejandra García y Muriel Pons, propietarias de ReShop, en Guayaquil. Su historia comenzó con una amistad de muchos años y una pasión en común: la moda premium. En 2018 decidieron emprender y abrieron su tienda de forma digital, además de una pequeña oficina donde recibían las prendas y despachaban los pedidos. Sin embargo, el lugar les quedó pequeño y, luego tuvieron que mudarse a un lugar más amplio. Fueron a Plaza Navona, un centro comercial ubicado en Samborondón. Allí sus clientas pueden sentir, tocar y probarse su prenda favorita.
“Es nuestro lugar feliz”.
Muriel asegura que “fueron el primer Luxury Consignment Store en la ciudad” y trajeron esta iniciativa para brindar un espacio donde otras mujeres pudieran encontrar en el second hand una fuente de ingresos. Sus proveedoras dejan sus ejemplares en consignación para que la tienda los comercialice a cambio de una comisión. Tienen una vida en tienda de aproximadamente 3 meses; cuando algo que no se vende dentro del plazo, incorporan técnicas de marketing y descuentos. En los casos en que se supere el plazo previsto de rotación sin ser vendida, se devuelve a su dueña o, de común acuerdo, se dona.
Todas las piezas pasan por sus manos y esto es algo que no están dispuestas a delegar. Revisan y verifican que no sea una réplica, labor para la que Muriel se ha “graduado con honores”. Tiene la capacidad de identificar los dupes (productos que imitan el diseño) a simple vista, pero si les queda alguna duda investigan, piden facturas de compra o certificados de autenticidad. Incluso, en ocasiones muy específicas, se llevan piezas para validar con las marcas oficiales.
“Nos permite mantener el control sobre todo en la calidad y garantizar que todo lo que vendemos sea auténtico”.
Cada semana realizan drops en los que presentan las nuevas prendas combinadas con calzado y accesorios. “Todo lo hacemos con nuestro propio gusto y estilo. No sacamos nada que no nos guste, y eso nos ha funcionado bastante bien”.
Entre las firmas que más venden en su local están Louis Vuitton, Zimmerman, Gucci, Carolina Herrera, Dior, Prada, Bottega Veneta, Chanel y Golden Goose. Comentan que no existe una “preferencia precisa” ya que en muchas ocasiones las personas vienen con algo en mente pero al llegar al local se llevan algo totalmente diferente.
Para Alejandra, lo más gratificante de este camino ha sido “conocer a gente increíble”. Para Muriel, en cambio, lo más importante es darles el ejemplo a sus hijas de que nunca es tarde para cumplir los sueños y demostrar que este rubro, a menudo considerado superficial, se puede construir desde una mirada ética y con un compromiso real con el medioambiente.
La recomendación de estas tres expertas es tener paciencia, capacidad de observacion y sentir cada pieza. Están convencidas que los tesoros no se encuentran por sí solos y que lo más especial que se llevan sus clientas son piezas que perduran y desafían el paso del tiempo. (I)