Tejidos

Adriana Cobo encontró su nuevo lenguaje en el legado

La diseñadora ecuatoriana presenta una propuesta que une moda, artesanía y sostenibilidad. Su primera colección de esta etapa recupera técnicas ancestrales, tejidos a mano y materiales seleccionados para crear piezas que buscan permanecer en el tiempo.

Por Daniela García Noblecilla

Adriana cobo hbe

La nueva visión de Adriana Cobo inicia con una tela. No con una tendencia, ni con una temporada. La artista usa procesos ancestrales y llevarlos a una apuesta contemporánea. Descubrió que el tejido podía definir el rumbo de su firma de moda.

La inspiración parte, en buena medida, del Ecuador: sus colores, la luz y la calidez de sus paisajes. Cerca del 80 % de sus diseños están elaborados con materiales artesanales desarrollados en telares manuales. Preparar uno puede tomar una semana y la producción alcanza apenas dos metros de material al día. Al mes se pueden obtener alrededor de 50. “De allí parte el valor de cada atuendo”.

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Cobo trabajó junto a una artesana en Madrid, para elaborar tejidos más livianos a partir de técnicas tradicionales. Incorporaron hilo de seda para conseguir brillo y dieron forma a diferentes texturas, entre ellas fibras con cintas de satén. A partir de ahí, los hilos permitieron sumar otras tonalidades y crear una paleta en la que las prendas puedan mezclarse fácilmente: beige, ocre, dorado, gris y rosa.

El resultado es el diseño de alrededor de 13 modelos. Hay shorts, pantalones, faldas, chaquetas y vestidos, además de una línea de carteras. Algunos fueron sometidos a un tratamiento de engomado, realizado por un tapicero para conseguir mayor rigidez. Esto se refleja en hombreras marcadas, chaquetas estructuradas, vuelos y volúmenes.

CORTESÍA ADRIANA COBO. 

Los tops, por su parte, funcionan como piezas más fluidas y, al mismo tiempo, como comodines para combinar con el resto de la colección. Uno tiene forma de pañuelo y puede llevarse con una cinta de satén o con un collar inspirado en los accesorios de comunidades indígenas de la Amazonía. Otro tiene la espalda drapeada y abierta, con una cadena de cuentas de cristal.

Todos los forros siguen la misma estética. Cobo eligió un estampado de polka dots, que utiliza en chaquetas y acabados para plasmar una especie de firma interna de la marca.

“Quería que sea mi identidad”.

Por otro lado, están las carteras. Para esta autora, son una extensión de su interés por los saberes locales. Las asas, por ejemplo, se producen en San Antonio de Ibarra, donde cada pieza puede tomar meses, debido a la naturaleza manual de la fabricación.

Hay tres series de este accesorio y ocho opciones de agarraderas intercambiables. La idea es que se pueda elegir una combinación y después adquirir otras manijas para modificar el bolso, según el look. Entre ellas hay diseños inspirados en una rosa y en el artesonado (inspiración estructural, textil y ornamental), cada uno disponible en diferentes colores.

Su enfoque se completa con pequeños accesorios de “muyo”, cuentas de cristal de Praga hechas a mano por una comunidad indígena de Saraguro. Para la diseñadora, cada uno de estos procesos representan una oportunidad para mantener vivas prácticas que corren el riesgo de desaparecer.

CORTESÍA ADRIANA COBO. 

La relación de Cobo con esta industria inició hace varios años y pasó por diferentes formatos. Primero desarrolló un enfoque prêt-à-porter, pero no era fan de realizar ropa personalizada. También tuvo una línea infantil. “Era más fácil de manejar porque se vendía directamente por colecciones y nadie pedía un modelo especial”. Después creó ACD —las iniciales de Adriana Cobo Durini— una entrega más casual y pensada para llegar a un público más amplio.

El concepto llegó a México, donde tuvo presencia en tiendas como El Palacio de Hierro. Más adelante, entró en supermercados ecuatorianos, donde estuvo por varios años con conjuntos para mujer y niños.

Fue una etapa importante, cuenta, porque le permitió acercar su visión a un público que no necesariamente pertenecía al circuito tradicional de la moda de lujo. Su propuesta, sobria y de referencia europea, encontró allí un espacio. “Uno de mis sueños era poder vender a todo el mundo y que no sea algo tan exclusivo”.

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En 2016, se mudó a España con su familia. Paralelamente, decidió adentrarse en el universo de los zapatos. Junto a una socia desarrolló una línea de calzado con tacones tallados a mano en San Antonio de Barlovento, España, y realizó diferentes pop-ups en Estados Unidos.

Su experiencia le permitió conocer de cerca proveedores, procesos de fabricación y el funcionamiento de otros mercados. En esa época, Cobo estudió un máster en moda, comunicación y lujo, otro en moda sostenible en Madrid y un MBA online.

Luego de años de formación, había llegado el momento de volver a su propio proyecto. El mismo comenzó en 2024. Hoy, Cobo define su propuesta como lujo sostenible. No se trata únicamente de utilizar materiales responsables. La marca funciona principalmente bajo pedido, mantiene un stock reducido y utiliza packaging reciclado y sin plástico

FOTOGRAFÍA: DANIEL QUEIROLO. 

Para ella, colaborar con artesanos ecuatorianos significa preservar conocimientos, generar oportunidades para las comunidades y reinventar técnicas que atraviesan generaciones.

La mujer que imagina que vista sus prendas entiende ese valor. Es alguien que busca piezas especiales, aprecia la calidad y reconoce el trabajo que existe detrás de ellas. No se trata de seguir una tendencia, es encontrar algo que conserve su atractivo con el paso del tiempo.

Por eso, cuando piensa en una sola palabra para definir su universo, Cobo elige sofisticación. Es una idea que la acompaña desde sus primeros años y que ahora encuentra una nueva forma en los detalles hechos a mano.

Su objetivo es llevar su creación a tiendas multimarca especializadas en diseño, en diferentes ciudades. Ya tiene presencia en Madrid, en la tienda HIT, y mira hacia otros mercados de Latinoamérica. Ecuador está entre sus próximos destinos. “La nueva Adriana Cobo no busca producir más. Busca producir mejor”, asegura. (I)