EL LUJO DE VOLVER A LAS RAÍCES
En su estudio privado, convertido a la vez en centro creativo y refugio personal, Manuela Cobo viste con sencillez y proyecta serenidad, esa que contrasta con la intensidad que exige su profesión. Sentada frente a su laptop, con el cabello recogido, conversa con la misma naturalidad con la que diseña. Aquí, la madera clara convive con el verde de las plantas y refleja su filosofía de un lugar vivo, equilibrado y alejado de la frialdad corporativa.
Al frente de Aborigen, su firma de interiorismo, Cobo forma parte de una generación que redefine la identidad del diseño ecuatoriano al combinar una visión contemporánea con oficios locales, producción artesanal y espacios concebidos para el bienestar. En sus intervenciones predominan el color, la vegetación, las piezas de arte, las texturas y una iluminación cuidadosamente pensada para generar confort. “No me gustan los espacios neutros que parecen hospitales. Me gustan los espacios que tienen color, que vibran. Hoy el lujo ya no es ostentación, es el bienestar, la paz mental y la comodidad que sientes dentro de tu propia casa”.
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Antes de fundar Aborigen, inició su camino emprendedor con una marca de macetas artesanales de concreto. Aunque estudió arquitectura en la Universidad San Francisco de Quito, pronto comprendió que más que los edificios, le interesaban los objetos, el mobiliario, las texturas y la manera en que las personas experimentan los lugares que habitan. La búsqueda de nuevos conocimientos la llevó a Barcelona, España, en 2017 para cursar una maestría en diseño de mobiliario.
A su regreso a Ecuador, esta creativa identificó una oportunidad concreta en un mercado que comenzaba a transformarse y en 2021 creó un concept store en Cumbayá como punto de encuentro para marcas nacionales vinculadas al mobiliario, la cerámica, la iluminación, los textiles y los objetos decorativos. A medida que el negocio avanzaba, las tareas administrativas comenzaron a ocupar más tiempo y redujeron su espacio para diseñar. En paralelo, la maternidad modificó profundamente sus prioridades.
En 2023 hizo algo que muchos habrían considerado arriesgado: cerrar el proyecto. Tras un periodo de reflexión, reorganizó por completo su práctica profesional y reorientó su energía hacia un estudio boutique especializado en proyectos a medida. Hoy, su proceso parte de una premisa sencilla: diseñar para las personas, no para las tendencias.
EL ESPACIO HECHO ESCENA
José Fernando Gómez no se lleva con las tendencias. Ni siquiera esa palabra forma parte de su discurso. Le ha costado que otros lo entiendan, dice, pero para él lo importante es mantenerse fiel a la verdad de los materiales. Gómez nació en Babahoyo en 1987 y fundó Natura Futura Arquitectura, un estudio donde la comprensión del espacio nace de una herencia cercana: la práctica constructiva de su padre y el rigor manual de su abuelo carpintero.
Aunque al momento de elegir una profesión sus intereses apuntaban hacia otro lugar, esta disciplina terminó imponiéndose como una forma de reunir varias de sus inquietudes creativas. Inicialmente se inclinaba hacia el cine animado y la dirección de fotografía inspiradas por Stanley Kubrick y Christopher Nolan, de quienes aprendió a concebir el ambiente como una escena atravesada por la luz y la sombra. Tras completar sus estudios de posgrado, Gómez tuvo la posibilidad de ampliar horizontes profesionales fuera del país, pero eligió regresar a Babahoyo. Le interesaba entender cómo aplicar los conocimientos adquiridos, sin perder de vista las particularidades de su propio territorio.
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Durante la conversación surge la decoración, otro término vetado para él. “La palabra decorar me cuesta mucho, porque siento que es un poner para parecer. La atmósfera tiene que ser lo más honesta posible”. Para Gómez, vale la pena invertir más esfuerzo en materiales reales, incluso si su mantenimiento exige mayor atención. Esta mirada redefine la conexión entre el interiorismo y la arquitectura que practica.
Fundado en 2014, el estudio encontró en los materiales naturales, la relación con el paisaje y la sensibilidad comunitaria una forma propia de interpretar la arquitectura contemporánea. Más que una búsqueda estética, se trata de una postura frente a la manera en que habitamos. Esa curiosidad permanente también explica por qué gran parte de sus proyectos trascienden el ámbito residencial. “Son espacios donde la arquitectura deja de ser solamente construcción. Se convierte en educación, producción, comunidad y transformación social”. “El lujo no es poner la piedra más cara. El lujo es cuánto bienestar te puede dar un espacio. Cuánta luz natural entra. Cuánta paz mental genera”.
EL DISEÑO INTERIOR COMO RELATO EMOCIONAL
Camila Jaramillo se graduó como licenciada en diseño de interiores en la Universidad San Francisco de Quito durante los años de pandemia. En 2022 dejó la Capital para cursar una maestría en Barcelona, especializada en diseño interior para hoteles, bares y restaurantes. Formó parte de un espacio laboral donde la inspiración parecía ausente. El ambiente era poco estimulante y terminó generándole una sensación de desconexión con el camino que había imaginado para su carrera. Finalmente renunció a los cuatro meses y se puso a buscar otras oportunidades. La incertidumbre llegó acompañada de una pregunta inevitable: “¿y si no soy tan buena como creo?”.
La respuesta apareció de forma inesperada una noche, al finalizar una cena académica en las afueras de Barcelona. Compartió taxi con una de sus profesoras y durante el trayecto habló de sus frustraciones. La docente revisó su portafolio y le explicó algo decisivo: debía mostrar no solo imágenes, sino procesos. Camila volvió a trabajar su presentación desde cero. Incorporó nuevas herramientas, fortaleció el proceso y volvió a intentarlo. Semanas después recibió una llamada inesperada para postular a Astet Studio.
Durante casi dos años participó en proyectos de hospitalidad para Dubái, Medio Oriente y distintos países europeos. Toda esta experiencia le permitió comprender que un espacio exitoso no solo debe verse bien, sino transmitir una emoción. Hoy dirige Studio C, una firma especializada en interiorismo para proyectos residenciales, comerciales y corporativos. Desde que regresó a Quito, en 2024, ha liderado alrededor de 15 proyectos. A Jaramillo no le interesa trabajar desde estilos rígidos o etiquetas de moda. Prefiere hablar de proyectos personalizados, donde cada cliente representa un universo distinto.
HABITAR LA BELLEZA
Cynthia Muirragui de Kronfle, conocida como Cindy Kronfle, concede la entrevista con la misma naturalidad con la que habla de diseño. Después de más de 25 años dedicada al interiorismo, conserva intacta la curiosidad de quien aún descubre algo nuevo en cada proyecto. Su historia no sigue una línea recta. Nació en Guayaquil en 1962, estudió mercadeo de modas en Estados Unidos y llegó al diseño de interiores por intuición. “Creo que me equivoqué de carrera”, reflexiona. Lejos de incomodarla, la afirmación resume una filosofía personal.
Con más de 25 años de trayectoria, reconoce el talento de las nuevas generaciones. Su diferencial, sostiene, no está en competir con ellas, sino en la experiencia adquirida tras años resolviendo problemas reales. Con el tiempo entendió que el diseño de interiores tiene poco que ver con los objetos y mucho con las personas. Para ella, antes de pensar en colores o texturas, hay que entender cómo se vive, cómo se cocina y cómo se descansa.
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Durante sus proyectos mantiene una intención clara: evitar que los espacios envejezcan con rapidez y que el diseño se desconecte de la vida real de quienes los habitan. Uno de los reconocimientos más relevantes de su carrera fue la remodelación de áreas privadas del Palacio de Carondelet, donde el reto consistía en equilibrar preservación y funcionalidad contemporánea. Cuando se le pregunta por ese elemento que delata su autoría, no duda: la iluminación decorativa. “Para mí son el arete y el collar que coronan un estilismo perfecto”.
Lejos de la copia o de la tendencia inmediata, estas cuatro firmas coinciden en algo esencial: el espacio contemporáneo en Ecuador ya no se construye mirando hacia afuera. Entre materiales honestos, relatos personales, oficios locales y bienestar cotidiano, el diseño empieza a consolidar una identidad propia, donde el lujo deja de ser ostentación para convertirse en una experiencia íntima, consciente y profundamente conectada con la manera en que vivimos.
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