BIENESTAR

Claves para rejuvenecer sin perder tus rasgos

Dos especialistas analizan las intervenciones faciales; desde la papada y los párpados, hasta la rinoplastia; y explican qué evaluar antes de decidirse por alguna.

Por Julissa Villanueva

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Hay preguntas que una mujer puede hacerse frente al espejo. Sí, tenemos la capacidad de mirarnos fijamente, distinguir lo que queremos resolver durante el día y preguntarnos ¿por dónde empezamos y cómo lo haremos? Es una dinámica que nos acompaña en nuestros distintos roles como profesionales, madres, hijas, esposas y, también, en el más íntimo, como ser nosotras mismas.

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A veces, ese momento sirve para recuperar energía, reconocernos y seguir. Pero seamos sinceras, también pueden surgir otros cuestionamientos. Queremos vernos más frescas, descansadas y armónicas, conservar nuestros rasgos y sentir que nuestro rostro sigue hablando de quienes somos. ¿Y si fueran las cejas? ¿El mentón? ¿Las mejillas? ¿Los párpados? ¿La papada? ¿La nariz?

La conversación sobre rejuvenecimiento facial es cada vez más accesible. Hay más información, procedimientos e imágenes de resultados circulando a diario. En ese sentido, los datos muestran que el rostro gana protagonismo.

Según la Encuesta Global Anual sobre Procedimientos Estéticos/Cosméticos, de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en 2024 se realizaron más de 7,4 millones de procedimientos en cara y cabeza. Un crecimiento de 4,3 % frente a 2023.

Por primera vez, la blefaroplastia, cirugía de párpados que elimina el exceso de piel y las bolsas de grasa alrededor de los ojos, se convirtió en el procedimiento quirúrgico estético más realizado en el mundo: más de 2,1 millones de intervenciones, con un crecimiento de 13,4%. La rinoplastia registró alrededor de un millón de procedimientos y el injerto de grasa facial, cerca de 900.000, con un aumento de 19,2%. Las cifras de 2025 siguen en proceso de análisis, por lo que este es el consolidado global más reciente disponible.

De vuelta al espejo. ¿Qué se puede hacer con la papada y los párpados? Y si quisiera modificar mi nariz, ¿cómo saber qué proporción debería tener sin dejar de sentir que ese rostro es mío?

Para responder estas preguntas, Harper’s BAZAAR Ecuador conversó con dos especialistas que miran el rostro desde perspectivas diferentes: el Dr. Francisco Borja Zavala, desde el campo del rejuvenecimiento, y el Dr. Luiggi Fayad, especializado en rinoplastia secundaria reconstructiva, donde estética y función respiratoria deben considerarse conjuntamente.

IMAGEN CREADA CON IA.

¿Qué hacer con la papada?

Fue una de las preguntas que le planteé al Dr. Borja. Su respuesta me llevó a la idea de que cara y cuello son zonas vecinas, pero no necesariamente requieren el mismo tratamiento. El especialista explica que deben analizarse de manera diferenciada y que, para decidir qué procedimiento puede ser adecuado, primero hay que observar dónde se encuentra el descenso de los tejidos.

“Se puede intervenir cuando la parte de la mitad del rostro, de los párpados para abajo, se ha ido hacia adelante y se producen las mejillas caídas, además, los surcos al lado de la nariz se hacen profundos”. La papada, por lo tanto, no debería analizarse de forma aislada, dice. Hay que observar la relación entre el tercio inferior del rostro y el cuello. También dependerá de la forma de la cara. Allí está la clave para entender cómo el rejuvenecimiento facial ha evolucionado hacia técnicas que buscan trabajar estructuras profundas y no solamente tensar la piel. Entre ellas está el deep plane facelift, o lifting en plano profundo.

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Según la explicación de Borja, esta técnica interviene sobre estructuras profundas relacionadas con el Sistema Músculo-Aponeurótico Superficial (SMAS) y el platisma, un músculo plano, ancho y muy delgado que se encuentra en la parte anterior del cuello. “Cuando usted toma profundamente debajo de estos músculos y los reposiciona naturalmente donde van, ya no es un estiramiento de piel sino un lifting en el plano profundo”, explica.

La diferencia, en términos sencillos, está en dónde se trabaja. El concepto que plantea es pasar de una lógica centrada exclusivamente en la piel, a una intervención que contempla las estructuras que han cambiado de posición con el envejecimiento. El especialista sostiene además que este tipo de proceso puede tener una duración mayor que los tradicionales. En su experiencia, habla de alrededor de 10 a 15 años.

¿Y los párpados?

Más de lo que imaginaba. Cuando le pregunté a Borja por el rejuvenecimiento de la mirada, explicó que la blefaroplastia, la cirugía de los párpados, no siempre debería analizarse de manera independiente. Alrededor de los ojos existen estructuras que influyen en la percepción general del rostro, debido a que las cejas y el tercio medio facial son parte de ese conjunto.

Su ejemplo fue muy gráfico: no tendría sentido analizar únicamente los párpados si existe un descenso significativo de las cejas. “¿De qué vale operar a alguien los ojos, si las cejas están tristes? Entonces usted va, habla con el paciente, le explica y le dice: podemos levantar el cuerpo, la cabeza y también la cola de la ceja”.

Eso no significa que todas las personas necesiten una combinación de procedimientos. De hecho, uno de los puntos más importantes de la conversación fue precisamente el límite que debe existir entre orientar al paciente y crearle nuevas inseguridades. Borja fue enfático en la necesidad de escuchar antes de proponer.

Mi nariz: quiero modificarla, pero sin tener problemas para respirar

Mi siguiente pregunta fue todavía más personal. Si quisiera cambiar mi nariz, buscaría que guardara proporción con mi cara. ¿Cómo lograrlo? Además, he conocido casos de quienes - luego de una rinoplastia- han tenido que requerir nuevas intervenciones por problemas al respirar. ¿Por qué ocurre eso?

Aquí la conversación con Luiggi Fayad toma otra dimensión. Él está particularmente enfocado en la rinoplastia y la secundaria reconstructiva, un campo en el que la función respiratoria adquiere un peso determinante. La diferencia entre una primera cirugía y una reconstrucción es sustancial. Cuando una nariz ya ha sido operada, el cirujano trabaja sobre una anatomía que ha pasado por un proceso de cicatrización y puede haber perdido parte de sus estructuras de soporte.

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“El problema con la nariz es que también tiene un componente funcional. No es como una lipoescultura que es solo algo estético. En este caso, la funcionalidad está en la parte respiratoria”, explica. Fayad agrega que una rinoplastia secundaria puede requerir reconstruir estructuras que fueron alteradas durante la primera intervención. Cuando el cartílago del tabique ya no es suficiente, puede ser necesario recurrir al cartílago del propio paciente, principalmente de la costilla y, en algunos casos, de la oreja.

Es precisamente aquí donde la especialización en reconstrucción adquiere importancia. No es lo mismo diseñar una primera rinoplastia que reconstruir una nariz que ya ha sido intervenida. Es decir, arregla lo que otros no hicieron bien. Entre las señales funcionales que menciona están la sensación persistente de nariz tapada, problemas para respirar, dificultades durante el ejercicio y ronquidos.

Por eso, explica, el seguimiento después de una cirugía resulta importante. Una segunda intervención tampoco debería plantearse de inmediato. La nariz necesita atravesar su proceso de desinflamación y cicatrización. “Lo ideal es esperar un año, a partir de su primera cirugía. Lo mínimo es seis meses, pero en los casos en los que el mismo cirujano sea el que interviene. Si es por otro especialista y no conocemos la técnica que ha usado, lo ideal es esperar un año”.

Cuando una paciente llega después de haberse realizado algún proceso, Fayad explica que la evaluación puede incluir una tomografía de senos paranasales y una exploración física para determinar qué sucede tanto estructural como funcionalmente.

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Antes de cualquier cirugía

Después de escuchar a ambos especialistas, mi conclusión fue menos sobre qué procedimiento elegir y mucho más sobre cómo tomar la decisión. El Dr. Borja insiste en investigar al cirujano, conocer su experiencia y comprobar su trayectoria profesional. También pone especial énfasis en el lugar donde se realizará la intervención y en la infraestructura disponible.

“El paciente debe buscar tres cosas. Primero, qué se dice del sujeto, qué opinión causa a nivel social. Segundo, si ese médico está afiliado al gremio de especialistas. En el país opera la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética (SECPRE). Y tercero, lo más importante, ¿qué experiencia tiene?”

En el caso de Fayad, su experiencia en rinoplastia reconstructiva recuerda algo que a veces se pierde entre fotografías de antes y después. “Una nariz bonita no es necesariamente una nariz que funciona bien”. 

Papada, cuello, párpados, cejas, tercio medio y nariz forman parte de un mismo rostro. Por eso, si algún día decido hacerme algo, mi primera pregunta ya no será “¿qué cirugía me hago?”. Será: ¿Qué necesita realmente mi rostro y por qué? Una buena decisión debería ser mejorar el rostro sin borrar a la persona que hay detrás. (I)