Harper's BAZAAR

La música que Tiken hace hoy, no es la que habría escuchado de niño. Su nombre verdadero es Doumbia Moussa Fakoly y nació en 1968 en Odienné, Costa de Marfil. “Cuando era niño bailaba, me encantaba. En ese momento escuchaba música de mi país y de Nigeria. Descubrí el reggae a los 15 años. Cuando empecé a crear y leer sobre esto, me convertí en otra persona”, reflexiona durante una videollamada desde Colombia, dos días antes de su primera presentación en Ecuador en el Teatro Nacional Sucre. 

—¿En quién te convertiste? —le pregunto.

Tiken responde de inmediato. No habla español, y el inglés de ambos no permite una conversación fluida, pero hay palabras que no necesitan demasiada traducción.

—En un revolucionario. Me convertí en uno.

Tiken - Cortesía. Foto: Youri Lenquette Paris Dakar
Cortesía. Foto: Youri Lenquette Paris Dakar

Esta será la primera vez que el artista marfileño pise nuestro suelo. Años atrás se presentó en Brasil y, hace más de una década, en Argentina. Con más de 15 álbumes de estudio, una carrera de 30 años, reconocimientos como el premio a Mejor Álbum de Músicas del Mundo en los Victoires de la Musique de Francia y más de 200 millones de reproducciones en internet, llega a Quito con un repertorio atravesado por la denuncia, el panafricanismo y la memoria.

Contenido relacionado: Las pinceladas de color de José Ibarra

Su acercamiento al reggae no fue solamente musical. Las noticias sobre la esclavitud, la colonización y las injusticias que atravesaban al continente africano lo llevaron a pensar en las melodías como vehículos para compartir su mensaje. Bob Marley y Burning Spear son sus referentes. El apodo "Tiken" nació de un vecino ghanés que pronunciaba mal "Tiani" (inquieto), el sobrenombre que le daba su padre. Años después en el colegio, sus compañeros le añadieron "Jah" debido a su gran obsesión por Marley y la cultura rastafari.

Antes de alcanzar reconocimiento, se reunía con sus colegas los fines de semana para ensayar. Lo hicieron durante casi dos años. En 1993 conoció a un productor y lanzó su primer álbum, pero la muerte del primer presidente de Costa de Marfil, Félix Houphouët-Boigny, cambió el contexto. “No pude hacer promoción. En ese momento no había música en la radio, solo temas religiosos”, recuerda. Un año después publicó otro disco que tampoco tuvo demasiada difusión.

“En 1995 paré un momento, cambié de rumbo, comencé a leer periódicos y escribí canciones sobre la actualidad política de África y de mi lugar de nacimiento. Ese fue el primer lanzamiento que me hizo famoso”. 

El título del álbum es “MangecratieII”, una crítica social. Su música denunciaba abusos de poder y la manipulación por parte de dirigentes. 

Tras amenazas de muerte y el asesinato de uno de sus amigos, se exilió de su hogar. “Estuve en Mali desde 2003. A veces iba al norte porque estaba controlado por la rebelión, así que podía ir a ver a mi madre. Pero tuve que quedarme en ese país del occidente africano durante cuatro o cinco años. Fue muy difícil”. 

Su salida también incluyó obstáculos en otros territorios del continente. En Senegal, por ejemplo, no pudo entrar durante tres años. En Congo, fue obligado a regresar en el mismo avión en el que había llegado. Aquella etapa transformó su creatividad.

“Mali es un país muy fuerte musicalmente. Hay intérpretes de kora, balafón y muchos artistas tradicionales, por lo que decidí incorporarlo en mis creaciones. Mi amor por África creció, porque conocí a muchísima gente que pensaba más en el continente como una unidad, y no solamente en un sector. Eso me gustó mucho. Cambió mi forma de ver el panafricanismo, en un sentido positivo”. Luego de esta etapa tuvo un crecimiento internacional sobre todo en Europa. 

Te puede interesar: Cuando la tragedia se vuelve contenido

Tres décadas después de comenzar, Tiken insiste en que aún tiene razones para seguir escribiendo. “El mundo va mal, es como una jungla y yo tengo muchas cosas que decir. Hay tantas injusticias, en todas partes. Cuando veo eso, no quiero dejar de crear". 

Quiero seguir hablando porque la música es mi arma.

Su proceso no responde a una fórmula. Puede comenzar con un compás, una idea o una imagen inesperada. “Si me das un ritmo, puedo improvisar. Pero a veces canto en mi cabeza mientras camino, mientras me baño… puede llegar en cualquier momento”. Las noticias también lo activan. Un titular o una fotografía pueden convertirse en una canción. Generalmente empieza por el coro y después desarrolla los versos.

Su llegada a Quito forma parte de una etapa que él describe como una apertura hacia Sudamérica. “Cuando toco en un lugar nuevo, no sé qué puede pasar. En Francia o en Europa sé que la gente estará allí para mí, así que no necesito estar estresado. Pero aquí estoy muy feliz. Mi misión ahora es abrir esta puerta y espero volver el próximo año”.

Para el músico, África y América Latina comparten una historia que va más allá de la distancia geográfica: colonización, opresión y luchas por la libertad. Esa memoria común, considera, hace que sus canciones sean entendidas de una manera distinta en esta parte del mundo. 

“Por eso, siento que aquí la gente me entiende. Es como si dijeran: ‘Sí, sabemos de qué estás hablando’”.

A pesar de la dimensión de su carrera, Tiken Jah Fakoly habla de su presente desde un lugar cotidiano. Cuando no está de gira, va a su granja y cuida a sus animales. Dice que trata de no vivir como una estrella. Su otra pasión es el trabajo en la tierra. “Estoy muy orgulloso porque me he esforzado mucho para llegar hasta aquí. Mi vida es normal. Mis padres eran agricultores y eran muy pobres. Vengo de muy lejos”.

Cree que tiene suerte pero también se percibe constancia. Es capaz de reconocer los retos en su carrera y se mantiene fiel a sus principios.  “Cuando haces música que habla de algo serio, no necesariamente les va a gustar a todos”. Tiken finaliza la conversación con una afirmación que estuvo presente durante los 30 minutos que conversamos. “El reggae sigue siendo la mejor forma de luchar. Es la mejor manera de denunciar”. (I)