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¿Se vuelve a usar bikini después de ser mamá?

Una encuesta a 30 mujeres y las historias de seis referentes revelan que la respuesta a este titular va mucho más allá de la ropa.

Por Daniela García Noblecilla

Harper's BAZAAR — Ecuador

Hubo un momento durante mi embarazo en el que dejé de pensar en bikinis. No porque ya no me gustaran, era porque mi cuerpo se transformaba tan rápido que empecé a preguntarme quién iba a ser después de ser mamá. Di a luz a mis 27 años. Antes de eso, me sentía relativamente cómoda con un terno de baño de dos piezas. Nunca fui fan de los enterizos o de esconderme demasiado. Me gustaba mi físico y tenía una relación normal con él. 

Siempre escuché historias sobre el posparto. Algunas mujeres recuperaban su figura “rápidamente”, otras decían no volver a reconocerse en un largo tiempo. Estaban también los videos en TikTok que mostraban transformaciones extremas. En medio de todo eso estaba yo, preguntándome cómo sería mi propia experiencia. La ciencia explica lo que sucede físicamente en el embarazo. El abdomen se expande para dar espacio al bebé y los órganos se desplazan temporalmente. El posparto, además, llega con modificaciones hormonales, físicas y emocionales que pueden extenderse entre seis y 12 semanas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta etapa es considerada crítica tanto para la madre como para el bebé. Pero una cosa es leerlo y otra muy distinta es vivirlo.

Cortesía de Daniela García. 

En mi caso, la lactancia materna exclusiva vino acompañada de ansiedad y hambre constante. Yo era de las que escuchaba historias de mujeres que bajaban de peso por dar el pecho y conmigo ocurrió lo contrario. Subí mis medidas y tenía ganas de comer todo el tiempo. Entonces apareció la pregunta que muchas se hacen en sus mentes cuando aparece un viaje, vacaciones o una escapada: ¿voy a volver a estar tranquila usando bikini?

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Para entender si esta sensación era solo mía o algo compartido, realicé una encuesta a 30 mamás de distintas edades. La mayoría tenía entre 30 y 39 años y casi todas coincidían (44,8 %) en que después de ser madres, la relación con cómo se veían se modificó “muchísimo” o “bastante”. La depresión posparto afecta entre el 10 % y el 20 % de las mujeres en el mundo, según investigaciones recopiladas por el Ministerio de Salud de Ecuador y estudios internacionales. Aparte de los cambios emocionales, varias enfrentan fatiga extrema, ansiedad, dificultades con la lactancia y alteraciones corporales que afectan directamente su autoestima. 

En la encuesta, casi la mitad de las participantes (41,4 %) admitió experimentar presión por “recuperar” su físico después de ser mamá.

A menudo creemos que las mujeres que desarrollan su carrera bajo la mirada pública experimentan este camino de forma diferente. Por eso, conversé con seis mujeres destacadas en distintos ámbitos para hacerles las mismas preguntas.

La periodista Andrea Báez recuerda perfectamente esa sensación de no reconocerse después del embarazo. “Cuando di a luz, me preguntaba: ¿cuándo retomaré mi silueta?. Estoy feliz de tener a mi bebé, pero sí hay esos momentos en los que uno colapsa y siente que no se va a reconstruir nunca”. Báez tiene 39 años y dos hijos. El  menor tiene siete meses. Si bien asegura estar agradecida con su cuerpo, reconoce que el posparto es emocionalmente complejo. “Uno nunca vuelve a recuperarse como antes al 100 % y está bien porque esas son tus cicatrices de guerra”. Su experiencia con la lactancia marcó diferencias entre sus embarazos. En el primero, una dieta restrictiva la hizo bajar muchísimo de peso y en el segundo fue diferente. “Cuando das de lactar tienes que comer de todo para estar bien, porque hay un desgaste de energía importante”.

Esto se refleja en el estudio “Problemas iniciales en la lactancia” (2018), que evidencia que muchas mujeres enfrentan dificultades con este proceso en el primer año posparto, incluyendo agotamiento físico y emocional. Además, se concluyó que el 84 % de mamás en ese periodo reportan dolores recurrentes de espalda y cuello. Por su parte, la actriz ecuatoriana Monserrath Astudillo dice que es un momento difícil “porque hormonalmente el proceso produce químicos que alteran todo el sistema. Aceptarlo es un proceso”. Hay exceso de piel, los senos se caen y las tallas de la ropa se alteran; de todas maneras, para ella, cuando el tiempo pasa y ve a su hijo se da cuenta que cada centímetro demás es el reflejo del “amor más grande y el milagro de la vida”. 

A diferencia de muchas mujeres que atraviesan inseguridades al momento de ir a la piscina o la playa, Astudillo afirma que nunca dejó de usar bikini. “Lo hice incluso durante el embarazo. Más bien me sentía orgullosa de mis nuevas formas”. En la encuesta realizada, 16 de las 30 mujeres dijeron que sí usaron bikini después de ser mamás. Otras respondieron que lo hacen “a veces”. Y 10 confesaron que dejaron de usarlo completamente por un tiempo. Las razones se repetían: incomodidad, inseguridad, cambios físicos y falta de confianza.

Una de las respuestas decía: “mi cuerpo ya no me pertenecía”. Otra persona escribió: “no quería que vieran mi barriga”. Varias mencionaron la diástasis abdominal, las cicatrices de cesárea o el aumento de peso como motivos para dejar de usarlo. La periodista Diana León fue mamá por primera vez a los 25 años y asegura que entonces recuperar su silueta le resultó más sencillo. Pese a ello, sus siguientes embarazos fueron distintos. “Lo más difícil fue aceptar que mi abdomen ya no era el mismo. Además, después de tres cesáreas tuve que adaptarme a la cicatriz”. 

Después de que naciera su último hijo, León incluso dejó de usar bikini. “Me da risa recordarlo porque, después de mis embarazos, compré mi primer traje de baño entero y quería esconder mi barriga. Pero hoy, siete años después, pienso completamente distinto. Me agradan los trajes de baño de una sola pieza e igual los bikinis. Mi forma física es diferente a la de mis 20 años, pero me gusta y representa todo lo que he vivido”.

La experiencia de la chef cuencana Carolina Sánchez también tiene que ver con la cesárea. “Lo que más me costó fue esa pancita debajo de la cicatriz. Era como una costura y luego un salidito que se veía deformado”. Además, le resultó difícil no regresar a su rutina de ejercicio de inmediato. “Me dijeron que tenían que pasar por lo menos tres meses para entrenar. Yo extrañaba estar tonificada, volver al gimnasio y moverme como antes. Dejé el aspecto físico en segundo plano porque entendí que no era de un día para el otro”. 

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Lavinia Valbonesi, primera dama del país, admite que uno de sus mayores miedos fue su transformación física. Sin embargo, asegura que aprendió a reconciliarse con esa nueva versión de sí misma. “Me gusta llevar un estilo de vida muy saludable, incluso antes de mi maternidad, creo que el cuerpo es un templo que hay que cuidarlo y cada alimento tiene un impacto dentro de él”. Valbonesi se sincera y dice que sí se sintió insegura luego de ser mamá, pero añade que “uno vuelve a ser uno mismo, solo hay que mantener las reglas básicas de cuidarte”. 

Algo que se repetía en el cuestionario era la palabra “tiempo”. Tiempo para sanar, para volver a sentirse una misma, para aceptar que la figura cambia. Una mamá escribió: “usar bikini para mí significa amar mi nueva versión física”. Otra respondió: “significa libertad” o “sexy”. Y una más confesó: “todavía estoy aprendiendo a sentirme cómoda”.

Para Mónica Crespo, atleta, entrenadora y empresaria, no hay nada más sexy que la seguridad. Desde su perspectiva, una persona que sabe lo que tiene y quiere, no está liderada por sus complejos y es naturalmente atractiva. “La verdadera sensualidad no está en un estándar físico, sino en la libertad de ser uno mismo con autenticidad". La chef Sánchez hace memoria del momento en que decidió ponerse un bikini otra vez. “Hicimos un viaje con mis amigas en un crucero y todas eran mamás. El primer día me puse un enterizo. Pero al siguiente pensé: ‘yo nunca he sido de enterizo, ¿por qué voy a serlo ahora?’ Me puse bikini y dije: ‘soy mamá y estoy orgullosa de eso’. Me da igual si no estoy exactamente como antes”. La postura de Astudillo es más directa y cuando le consulté por qué usaba bikini, me dijo: 

“Lo uso porque me da la gana”. 

“La confianza no llega cuando tienes una forma perfecta, llega cuando entiendes que tu valor no depende de una talla”, recomienda León. Báez está de acuerdo con esa idea. “Si te sientes bien, póntelo. Y si no te sientes bien, busca algo que te haga sentir segura. Lo importante es que tú te gustes”. A su vez, Crespo aconseja, a quienes todavía evitan usar terno de baño, que el primer paso es enamorarse de nuestra mejor versión. Aún así, eso no significa descuidarse o pensar que después del embarazo ya no hay nada que hacer. Al contrario, debes apasionarte del proceso de encontrar una nueva silueta. 

“No te juzgues de una manera tan cruel. A veces somos nuestras mayores críticas y deberíamos ser nuestras mayores fanáticas”. 

La maternidad altera nuestra anatomía y la manera en la que una mujer se mira. Hoy entiendo que el problema nunca fue el bikini. El verdadero reto es aceptar que mi figura ya no iba a ser exactamente la misma y que eso no necesariamente era algo malo. Hay días en los que todavía extraño mi abdomen de antes. Hay momentos en los que me comparo y hay otros en los que miro a mi hija y entiendo que mi cuerpo hizo algo extraordinario.

Por eso, hablar del posparto no debería reducirse únicamente a la estética. Es sobre salud mental, autoestima, descanso, identidad y bienestar emocional. “Aprendí que el amor propio no significa pensar que todo es perfecto, sino tratarte con respeto incluso cuando no te sientes en tu mejor momento”, dice Diana. Entre todas las entrevistas, las respuestas de nuestro cuestionario, encontré la misma conclusión: vivimos más cosas en común de las que imaginamos y eso está bien. 

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Al final, cuando le consulté a Monserrath qué consejo le daría a una mamá que duda en usar bikini, me respondió: “la verdad no tengo consejos”. Sin embargo, lo que dijo después fue, quizás, uno de los mensajes más poderosos de esta nota. “Solo creo que es importante entender que el amor propio no se mide por un bikini. Todas las mujeres somos hermosas, pero sobre todo sagradas. Damos vida, somos vida. Una tiene que sentirse cómoda usando lo que le dé seguridad. Vamos todas a usar bikini”. (I)